9/2/19

Reseña #141: La muerte del comendador



Reseña

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La muerte del comendador


 ¡Hola, hola, hola!

 Sí, lo sé, esta entrada ya tendría que estar publicada PERO ayer me faltaron horas y, bueno, no salí precisamente pronto de clase - ¿para cuándo un viernes sin clase hasta las 9? -, así que aquí estoy, intentando apañar la entrada del sábado para no dejaros colgadas y colgados hasta la semana que viene. Pero aquí no venimos a quejarnos, ¿verdad?

 Barremos la mierda y pasamos con las cositas que dan buen rollo. Pues que esta semana he probado el té chai con leche. Sí, sí, llego mil años tarde a la fiesta, ¡pero está buenísimo! Tan bueno que se ha convertido, desde ahora, en mi merienda oficial. Ajá, aquí no se perdona ni una comida. Bromas a parte, debo decir que no esperaba que fuese tan… ¿suave? Vamos, llevando pimienta negra me esperaba un ardor de Satán en la Tierra, pero nada más lejos de la verdad. Si sois como yo – cabezotas a dolor – y no le habéis dado una oportunidad, id a echar un ojo al súper. Ahora os toca a vosotras y vosotros, ¿qué cositas chachis os han pasado esta semana?

 Después de más de un mes, os traigo la reseña de uno de mis autores favoritos. ¿Qué, vamos a ello? ¡Dentro reseña!

Ficha técnica


Título: (Kishidancho Goroshi 1) La muerte del comendador 
Autor: Haruki Murakami 
Traductores: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés 
Editorial: Tusquets Editores 
Número de páginas: 480 
ISBN: 9788490665640 
Preció libro físico: 21,90€ 
Precio libro electrónico: 12,34€

Sinopsis

 En plena crisis de pareja, un retratista de cierto prestigio abandona Tokio en dirección al norte de Japón. Confuso, sumido en sus recuerdos, deambula por el país hasta que, finalmente, un amigo le ofrece instalarse en una pequeña casa aislada, rodeada de bosques, que pertenece a su padre, un pintor famoso. En suma, un lugar donde retirarse durante un tiempo. En esa casa de paredes vacías, tras oír extraños ruidos, el protagonista descubre en un desván lo que parece un cuadro, envuelto y con una etiqueta en la que se lee: «La muerte del comendador». Cuando se decida a desenvolverlo se abrirá ante él un extraño mundo donde la ópera Don Giovanni de Mozart, el encargo de un retrato, una tímida adolescente y, por supuesto, un comendador, sembrarán de incógnitas su vida, hasta hace poco anodina y rutinaria.


Mi opinión

 El hombre sin rostro sigue esperando su retrato, pero nuestro protagonista – del que desconocemos el nombre durante toda la novela – no tiene ni idea de cómo hacerlo. No hay nada en su rostro. Literalmente, nada.

 Después de este prólogo harto desconcertante, muy al estilo del autor, nos encontramos con un hombre que decide contarnos qué pasó durante el tiempo que estuvo separado de su mujer. Un tiempo difícil, cabe decir, y es que no entiende qué salió mal, qué hizo para que ella, al final, decidiera pedirle que se fuera. Tras un montón de tiempo en carretera, malviviendo, nuestro protagonista se pone en contacto con Masashiko Amada, el hijo del célebre pintor del período Asuka, Tomohiko Amada.

 Tomohiko padece una enfermedad que consume su memoria poco a poco, por lo cual está ingresado en un geriátrico. Desprovisto de la mayor parte de sus recuerdos, no tiene nada que le ate a su antigua casa. Así las cosas, nuestro protagonista pasa a ocupar esa casa en mitad de la montaña. Lugar idóneo para dar rienda suelta a su creatividad perdida. Y es que no sólo se vive de hacer retratos… ¿verdad?

 ¡Me moría de ganas por leer este libro! Desde que salió, estaba con los dientes largos largos, contando los días para que cayera en mis manos. Lo devoré, por supuesto – sí, aquí una servidora tiene un problema con los libros de este señor -, pero es que el libro es… joder, es la hostia.

 Os voy a poner en antecedentes, sin contaros nada que os pueda chafar la historia, palabrita. La casa en la que tiene que quedarse da miedo, las cosas como son. Una casa en mitad de la montaña, en la que está él solo. Él y sus demonios, él y su arte, él y sus… ideas. No, no digo (escribo) que la casa dé miedo porque sólo la habite una persona, lo digo (escribo) porque los escenarios que nos presenta el autor, de cotidianos, se tornan oscuros, rozando lo tétrico.

 Es muy difícil crear una “buena historia” a partir de una situación aparentemente estable. Me explico. Hay mucha gente que no soporta las novelas de personajes o de situación y, aunque personalmente me pirran; debo reconocer que, como en todo, las hay mejores y peores. A mi juicio, Haruki Murakami cuenta con una prosa muy potente, una que te sumerge de lleno en lo cotidiano del día a día, pero que dibuja un aura de misterio, con una ligera oscilación paranormal; que hace de cualquier novela suya una delicia.

 Comenté en casa – sí, soy de esas que dan por culo en casa con lo que están leyendo – que La muerte del comendador recupera, en cierto modo, la esencia de Tokio blues – podéis leer la reseña haciendo clic aquí -, mi libro favorito del autor hasta la fecha. ¿Y por qué? Muy fácil. Protagonista que se ha perdido a sí mismo y busca crecer como persona, recuerdos que emborronan la realidad y un misterio que roza lo siniestro acechando la casa en la que se hospeda.

 Quiero que tengáis curiosidad, así que vamos a hablar del (escribir sobre el) bosque. Imaginaos que estáis en la cama, durmiendo plácidamente después de un día aparentemente productivo. Se oye un ruido. Uno suave, casi melódico. Entonces os despertáis. Y sólo se oye el silencio. ¿Qué, queréis saber qué narices está pasando?


 Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler


 No voy a mentir – tengo por regla no hacerlo –: a ratos se me quedaba un mal cuerpo que no era ni medio normal. Para que os hagáis una idea de la cantidad de micro-infartos que sufrí, mis vecinos de arriba tienen un perrito encantador. El típico animalito que, cuando pasea por casa, hace un ruidito de “clap-clap-clap”. Bueno, pues el perro en cuestión saltó de algún sitio y yo estaba leyendo tan pichi. Por poco no me muero del disgusto. Si ya dicen que por la noche somos todas, todos, muy sugestionables…

 Me he dejado uno de los puntos fuertes de la novela para esta parte, no porque considere que sea un spoiler – estoy segura de que, en realidad, no lo es –, sino porque preferiría que lo descubrierais por vosotras mismas, por vosotros mismos. ¿Y de quién hablo (escribo)? De Wataru Menshiki, por supuesto. No me acaba de hacer gracia ese hombre. Hay algo en él, en su retorcida forma de plantear las cosas, en su manera de decir que él “a veces tiene pensamientos extraños”, que hace que me plantee hasta qué punto es un pirado. Porque lo es, estoy segura.

 Me gustó muchísimo lo bucólico del bosque, sobrepuesto a lo siniestro de la noche. Esa campana, ese ruido intermitente que quebraba la madrugada, haciendo de ella un escenario de película de miedo; seguido de ese vecino casi voyeur, Menshiki, que sólo quería un retrato hecho por nuestro protagonista.

 No podía dejar de leer. Cada palabra, cada escena, era una jodida maravilla. Y lo era porque Murakami nos dibuja la lluvia, nos muestra incluso el aliento de las ideas y deja que palpemos, con manos inseguras, las leyendas sobre monjes budistas enterrados en vida para alcanzar el Nirvana. Ideas casi delirantes que hacían que un grano de café nos devolviera a la realidad, hasta que algo cambia. Vaya, si cambia.

 No sé por dónde irán los tiros en la segunda novela – que, por cierto, ¡¡me muero por leerla!! -, pero sí que debo decir (escribir), que me dio bastante reparo todo el tema de la niña. La supuesta hija de Menshiki, que es evidente que está escondida en sí misma, esperando a que algún rayo de luz le ayude a romper el cascarón. Pese a todo, me intriga más la historia del Hombre del Subaru Foster Blanco. Si bien es cierto que en apariencia no es más que una mota de polvo en el pasado del protagonista, me muero de ganas por saber qué se puede sacar de él. De él y de su retrato.

 Y hablando de (escribiendo de) retratos… ¿qué me decís del cuadro de Tomohiko, La muerte del comendador? Es bastante… curioso. Curioso y siniestro, qué narices. No, no os contaré nada más de ese tema, pero tengo mi propia teoría y, joder, estoy deseando saber si se confirma.


 Con todo, La muerte del comendador es un muy buen inicio de… ¿trilogía?, ¿saga? Con una prosa maravillosa y unos escenarios que alternan lo bucólico con lo melancólico, Murakami nos sumerge de lleno en la vida de nuestro protagonista, un hombre al que, al parecer, le persigue el misterio. No dudéis en darle una oportunidad.

Nota: 5/5


Citas

(…)

Los días se sucedían de un modo extraño. Me he dado cuenta con el tiempo. Me despertaba temprano, iba al estudio de paredes blancas, me enfrentaba a un lienzo también blanco, y acababa sentado en el suelo mientras escuchaba Puccini sin haber encontrado una idea. Desde el punto de vista creativo, me he enfrentaba al vacío puro, a la nada. Claude Debussy escribió sobre sus dificultades al llegar a un punto muerto mientras componía una ópera: <<Solo creaba la nada. Así un día detrás de otro>>. De igual modo, aquel verano me dediqué día tras día a la creación de la nada. Me familiarizaba con ella, si bien no llegábamos a intimar.

(…)


(…)

Miro atrás y me doy cuenta de que la vida es un misterio insondable. Está llena de casualidades, de cambios de rumbo tan repentinos e increíbles como retorcidos e impensables; y cuando suceden, no apreciamos, sin embargo, ningún misterio en ellos. En el curso de nuestra vida diaria, solo nos parecen una sucesión de acontecimientos normales, más o menos coherentes con poco o nada de excepcional. El hecho de que no guarden una lógica entre ellos es algo de lo que a menudo solo nos damos cuenta con el paso del tiempo.

(…)


(…)

-De vez en cuando, las personas sufren una gran transformación – continuó –. Hay gente que decide romper de golpe con algo y eso genera una especie de fuerza que nace de los escombros de lo que deja atrás.

(…)


(…)

Un recuerdo puede ser muy poderoso, pero el tiempo es implacable. Me lo decía el instinto.

(…)


(…)

Me desperté por culpa del silencio. Me sucedía de vez en cuando. En ocasiones, nos despertamos cuando un ruido inesperado rompe el silencio. Por el contrario, hay veces en que es un silencio repentino el que nos despierta cuando cesa el ruido existente hasta entonces.

(…)


(…)

Entonces caí en la cuenta de que personas con las que no tenía ninguna relación especial solían hacerme confesiones de carácter íntimo. Me sucedía desde niño, y nunca había llegado a entender bien por qué. Tal vez tenía el don de sacar a la superficie los secretos de los demás. Puede que pareciera que sabía escuchar. En cualquier caso, no recordaba que me hubiera aportado nunca beneficio alguno. Después de sincerarse, todo el mundo se arrepentía enseguida de haberlo hecho.

(…)


(…)

Siempre me había gustado contemplar, por la mañana temprano, un lienzo en blanco, donde aún no había nada pintado. A ese acto lo llamaba el momento zen del lienzo: no había nada, pero eso no quería decir que estuviera vacío. En la superficie completamente blanca se escondía algo por venir. Al aguzar la vista veía muchas posibilidades que en algún momento se concentrarían en algo. Era un momento que siempre me había gustado: el momento en que lo que es real y lo que no lo es se confunden.

(…)


(…)

Había dicho que ciertas cosas era mejor no saberlas, y tal vez tenía razón. Quizás había cosas que era mejor no oírlas siquiera, pero era imposible no oírlas nunca. Cuando llegaba el momento, aunque uno se tapase los oídos con todas sus fuerzas, el sonido de la verdad vibraba en el aire y alcanzaba el corazón mismo de la gente. Nadie puede aislarse por completo, y a quien no le guste no tendrá más remedio que huir a un mundo vacío.

(…)


(…)

-[…] Lo importante no es crear algo desde la nada, sino, más bien, encontrar algo distinto entre lo que ya existe.

(…)

2/2/19

Wrap Up Enero (2019)



WRAP UP


ENERO (2019)


 ¡Hola, hola, hola!

 Pues… ya estamos en febrero, un mes que siempre pasa volando. Personalmente, tenía ganas de que llegara – no, no tiene nada que ver con que mi cumpleaños esté cerquita, para nada…

 Esta semana ha sido de las largas, con más de un contratiempo – por llamarlo de alguna manera – que, en fin, me ha puesto de especial mal humor. ¡Pero no todo ha sido malo! Entre las cosas buenas, debo destacar la tarde del miércoles, que se me pasó volando delante de un zumo de piña y una caracola de crema y pasas (sí, soy de esas personas extrañas a las que le gustan las pasas); entre historias que hacen que se te salten las lágrimas de la risa y, bueno, un frío de tres pares de narices. ¿Cuál es vuestra historia guay de la semana?

 Enero fue un mes productivo y cargado de lecturas de las que me llevo un muy buen recuerdo – dejando de lado alguna que, en fin, me dejó más bien fría –, pero vamos a comentarlo con un poquito más de detalle, ¿sí?



LA MUERTE DEL COMENDADOR, de Haruki Murakami


Saga: Kishidancho Goroshi 1

Nota: 5/5

(Reseña pendiente)



 Me moría de ganas por hincarle el diente a este libro y es que, si sois asiduas y asiduos, sabréis que Murakami es uno de mis autores favoritos. Después de mis flechazos con Tokio blues (reseña aquí), After dark (reseña aquí), Los años de peregrinación del chico sin color (reseña aquí) y Sputnik, mi amor; pensaba que no iba a sorprenderme, mucho menos a gustarme hasta el punto de quedarme hasta las tantas leyendo. Pero me equivoqué.

 La muerte del comendador es uno de esos libros que van poquito a poco, que llegan para quedarse y que cuenta con unos puntitos siniestros que me costaron más de un susto – ese gran momento en el que el perro de tus vecinos de encima salta y corre por el suelo y tú estás al borde de un infarto -. Algo que me encanta de Murakami, y que he repetido hasta el aburrimiento, es que su prosa es delicada y simple a un tiempo. No hay conversaciones recargas, llenas de esa inteligencia o mordacidad que hace que te plantees como lectora si sólo sabes hablar de tonterías. Son conversaciones normales, forzadas cuando la conversación es incómoda, divertidas cuando proceden y de lo más surrealistas cuando ese punto casi mágico se hace eco en las páginas del libro. Y es maravilloso. Maravilloso porque con este hombre sólo puedo pensar en las ganas que tengo de beberme un café, en lo bonito que es ver llover y en lo maravilloso que es el blues, el jazz y la lectura.

 En la reseña me explayaré – sí, lo sé, lo sé, ya me estoy pasando aquí -, pero de momento os recomiendo muchísimo que le deis una oportunidad.


EL SOL Y SUS FLORES, de Rupi Kaur


Nota: 5/5

(Sin reseña para el blog)



 Tenía mono de poesía y quería algo que me removiera por dentro. No podía haber elegido mejor.

 El sol y sus flores es un grito. Un grito que lo rompe todo, que revienta los tabúes y dice “estoy aquí”. Aquí, para quedarse, para cambiar las cosas. Para priorizar, porque a veces hay gente que nos hace daño, tanto daño que creemos que no vamos a poder soportarlo. Entonces llega el adiós, esa palabra casi susurrada que nos hace libres y da paso a un proceso, lento, casi tortuoso; de sanación. El amor tóxico, la inmigración, el feminismo, el amor sano y el quererse a una misma antes de querer a otras personas.
Rupi Kaur tiene una forma muy bonita de hacer llegar sus poemas. Son crudos, con un punto dulce que hace que el contraste sea brutal. Tal vez por eso me haya gustado tanto, por eso y por el hecho de que esa señora se ha convertido, desde ya, en una de las autoras de las que espero leer muchas más cosas.


33 RAZONES PARA VOLVER A VERTE, de Alice Kellen


Trilogía – Volver a ti 1

Nota: 4/5

(Reseña pendiente)



 Después de lo mucho que me gustó El día que dejó de nevar en Alaska, tenía claro que quería leer más cositas de la autora y, bueno, tenía más que pendiente esta trilogía.

 Cuando pienso en esta autora, me viene a la cabeza la expresión “escribir bonito”. Porque sí, porque esta mujer tiene una forma de hacernos llegar sus ideas, de contarnos cómo es el entorno, cómo pasan las cosas… que te arranca sonrisas inmensas. Sigo pensando que una de las mejores partes del libro es cómo Mike describe a Rachel – en la reseña os diré por qué, no os preocupéis –. Sí, lo sé, suena a gilipollez aberrante, pero me pareció tan bonito, tan jodidamente dulce, que no creo que consiga olvidarme.

 Debo decir que la historia, con sus más y sus menos, me ha gustado mucho. Tierna, divertida, dramática… un cóctel de emociones con sello de la casa y unos protagonistas maravillosos. Ojo, porque los secundarios también me han gustado y, si bien es cierto que el protagonista del segundo libro no es santo de mi devoción, tengo curiosidad por saber hasta dónde va a llegar la movida – harto truculenta, cabe decir.


EL REGRESO DEL SOLDADO, de Rebecca West


Nota: 1/5

(Sin reseña para el blog)


 ¡Planchazo que te crió! Leí este libro de mala hostia, las cosas como son. Lo empecé pensando que iba a estar bien y por poco no me sale una úlcera supurante de la cantidad de tonterías que tuve que tragarme. Sí, sí, masticaba rabia leyendo el libro, porque la protagonista no puede ser más estúpida y la mujer del soldado es algo así como un florero con aires de princesa que, bueno, sacó mi vena más turbia.

 No, no me gustó. Sí, entiendo lo que he leído. Por norma general, paso según qué cositas en los clásicos, y las paso precisamente por eso, porque estoy leyendo un clásico. Que aquí nos encontremos a dos desgraciadas clasistas me pareció ya un poquito el colmo. Clasistas, superficiales y estúpidas pero, eh, ellas eran muy listas. Lloremos.

 El colmo fue cómo se solucionó – entre cuatro millones de comillas – todo. Mi cara de “no-me-lo-puedo-puto-creer” iba a la par del cabreo monumental que me subía por la garganta. Pero bueno, al menos fue corto. Sobra decir que no, no lo recomiendo, pero para nada.


DEL COLOR DE LA LECHE, de Nell Leyshon


Nota: 5/5

(Reseña pendiente)


 Acabé el mes con dos libros muy duros. Este es uno de ellos. No pensaba, cuando lo empecé, que fuese a gustarme tanto. Los prejuicios me jugaron una mala pasada, porque a lo largo de la novela no hay un sólo signo de puntuación, más allá de los puntos y las comas. Ni una mayúscula. Nada. Crudo, ¿eh?; bueno, tiene sentido, creedme.

 Nuestra protagonista es Mary, una chica de lengua afilada que tiene una malformación en la pierna. Hija de granjeros, no le queda más remedio que claudicar cuando le dicen que se requieren sus servicios como doncella en la casa del párroco, porque su mujer está muy enferma.

 Y hasta ahí puedo leer. Un libro crudo, que hace que se te remueva todo, que te obliga a apretar los puños de rabia, que te obliga a preguntarte dónde empieza y dónde acaba la justicia. Leedlo, vale la pena.


MEMORIAS DE UNA SALVAJE, de @SrtaBebi


Nota: 5/5

(Reseña pendiente)


 Desde que salió, quería leerlo. Quería saber qué tenía esta autora, qué había en su forma de escribir que cautivara y horrorizara a la vez. Siempre me ha gustado la gente que abre la boca y dice lo que piensa, que lo suelta al mundo y asume las consecuencias. La gente valiente que, sin pelos en la lengua, se caga en todo lo que hay que cagarse. Esta chica está dentro de ese grupo. Y me encanta.

 Prostitución. Ajá, ese es el tema del libro. Un tabú de la hostia, ¿eh?, de esos que nadie quiere hablar, porque es más fácil hacer oídos sordos y cantar “lalalá” mientras piensas en si has quedado a las cinco o a las seis para ir a echar unas cervezas. Pues aquí no. Memorias de una salvaje es un libro que duele, que duele como mil putos demonios y que hace que se te revuelva el estómago. Horroriza, sí. Pero tiene fuerza. Una fuerza que me ha encantado y que habla de cambios, de luchas y de empezar a saber dónde está el problema.


EL LECTOR, de Bernhard Schlink


Nota: 3/5

(Sin reseña para el blog)


 Un libro de esos que pasan sin pena ni gloria, y no porque la idea sea mala. La idea es buena, muy buena, de hecho; el problema, a mi juicio, radica precisamente en el protagonista. El chaval, hablando en plata, es un pedorro de manual, uno de esos tíos que hacen que te preguntes qué cagará, oro o plata; y que hace que ver un documental sea la hostia de divertido. Porque sí, tendrá sus momentos de razón, pero esa actitud de marisabidillo que se gasta me puso enferma.

 El libro es… curioso. El inicio confunde, y es que nos topamos con la infancia y adolescencia de este chico, que a los quince años empieza una relación sexual con una mujer adulta. Como comprenderéis, era gore. Pero esperad, que se pone peor después de la segunda parte. Sin adelantaros nada, os diré que hay un juicio que hace que el chico se replantee, ya siendo adulto, quién era realmente la mujer a la que creía querer… o a la que sigue queriendo.

 Sinceramente, me ha parecido una historia vacía. Situaciones desaprovechadas, un sentimiento de “me da todo igual” y un toque pedante que hacía que resoplara, porque sí, insisto en que la idea está bien, pero le falta fuerza. Si queréis probar, dadle una oportunidad.


Y esto ha sido todo por hoy. 7 libros, yo que decía que quería tomarme el año con tranquilidad. En fin, poco a poco. ¡Pero vamos a dejar de hablar de (escribir sobre) mí! Ahora os toca a vosotras y vosotros.

¿Habéis leído alguno, o algunos, de estos libros? ¿Qué tal fueron vuestras lecturas de enero? ¿Alguna maravilla? ¿Algún disgusto? ¿Qué pensáis leer en febrero? ¿Ganas de San Valentín?

¡Contadme, contadme, contadme!

¡Un besazo muy pero que muy grande y feliz sábado!