15/12/18

Tag: If I were, I'd be



If I were, I’d be

 ¡Hola, hola, hola!

 Publicando tarde, ¡cómo no! El caso es que esta mañana he ido a hacer unas compritas para el día de Navidad y, bueno, ayer salí bastante tarde de clase; así que nada, no pude dejar nada preparado. ¡Pero hemos dicho NO a las quejas! Y hoy vengo con la nueva cosita buena de la semana.

 Miércoles por la mañana. Café, frío y una ganas muy bestias de hacer algo más divertido que “ir a clase y volver a casa”. Tienda de libros de segunda mano y… esto:



 El caso es que, en su momento, no quise los libros. Os he contado más de una vez – por eso de que no me gusta repetirme ni nada – que de pequeña no soportaba leer. Así de crudo. Claro, cuando tuve unos diecisiete años decidí que era el momento de leer Harry Potter y los fui cogiendo en la biblioteca, ¡¡pero yo los quería para mí!! (Yoyó, yoyó, yoyó, la, la, la). Imaginaos la sorpresa de encontrar estas dos joyitas. El séptimo me lo regaló mi madre – ¡¡gracias mil!! – y el quinto fue algo así como un auto-regalo anticipado. ¡Y hasta aquí la historia chachi de la semana! ¿Cuál es la vuestra?

 Antes de empezar con la entrada, de la que os hablo en un momentito; quería aprovechar para recomendaros la cuenta de Instagram de Paula, una chica que, la verdad, es un solete. Así que os invito a que echéis un ojo a sus escritos. El rollo que se gasta es muy guay, muy bohemio. Estoy segura de que os gustará. Aquí os dejo su cuenta: @eyra.snowflake

 Más cositas. Hoy traigo un tag. ¿No un book-tag? Nop, Greta ha decidido que no fuese un book-tag y yo me debo a la nominación, sí, sí. Bromas a parte, quiero aprovechar para darle un millón de gracias por haber pensado en mi pequeño espacio y, de paso, segunda recomendación del día. ¡No olvidéis pasaros por su blog, Las tonalidades del azul! (Podéis leer sus respuestas a este mismo tag haciendo clic aquí). No voy a contestar a todas las categorías, pero dejaré la lista real al final de la entrada, por si os animáis a hacerlo.


IF I WERE A MONTH, I’D BE

(SI FUESE UN MES, SERÍA)

 Noviembre, sin duda. Un mes en medio de dos fiestas, digamos, grandes. Algo así como un pequeño break, en el que pararse a pensar, relajarse y no agobiarse. Un mes en el que frío empieza a acariciarnos las mejillas, en el que, poquito a poco, sacamos la ropa de abrigo y empezamos a darle muchas vueltas a “qué queremos para Navidad”. ¿Y qué libro os recomiendo para un mes así, casi apático? Tokio blues, de Haruki Murakami. (Reseña aquí).



IF I WERE A DAY OF THE WEEK, I’D BE

(SI FUESE UN DÍA DE LA SEMANA, SERÍA)

 ¿Tal vez un miércoles? Ese día que está ahí en medio y que, en cierto modo, puede oler tanto a fin de semana como a obligaciones. Un día cualquiera, por qué no. Y para esos días en los que aún queda mucho por hacer, pero que ya empiezan a saber a cosas buenas, ¿qué tal si elegimos un libro de Pratchett? Por ejemplo, ¡Guardias! ¡Guardias! (Reseña aquí). Risas aseguradas, trama trepidante… ¡lo tiene todo para que el fin de semana llegue antes!



IF I WERE A PLANET, I’D BE

(SI FUESE UN PLANETA, SERÍA)

 Nunca me ha interesado la astronomía, de hecho, para mí era ese trozo de temario que se hacía harto pesado. Ahora bien, el año pasado descubrí, gracias a Mari, de Wandering book-reader, Saturn, de Sleeping at last. La canción es bonita a rabiar y, joder, tiene un puntito melancólico que hace que quieras cerrar los ojos y dejarte mecer por unas palabras tan dulces que tal vez, y sólo tal vez, harán que pienses en esos preciosos anillos. ¿Y qué libro elegimos para algo tan bonito?, pues una historia de las que arrancan unas buenas sonrisas. Sí, sí, os hablo de (escribo sobre) Con amor, Simon (reseña aquí), un libro que, si no habéis leído, tiene que ser vuestra próxima lectura.



IF I WERE AN ANIMAL, I’D BE

(SI FUESE UN ANIMAL, SERÍA)

* la pregunta real es “sea animal”, pero, sinceramente, no se me ocurría ninguno al que pudiera dar cierto sentido

 Me voy a quedar con uno bastante solitario, en realidad; pero sólo dentro de una explicación. ¿Y qué animal? Un lobo. Cuando pienso en esta respuesta, no estoy refiriéndome a un depredador ni mucho menos. Pienso en un animal que esconde mucho en sus silencios y que sabe cuándo moverse y cuándo no. Tal vez me hayáis pillado en un día tonto, pero aprovecho aquí para recomendaros El informe de Brodeck, de Philippe Claudel (reseña aquí), una historia muy triste, pero con un mensaje muy potente.



IF I WERE A FLOWER, I’D BE

(SI FUESE UNA FLOR, SERÍA)

 Un diente de león. No es por nada en especial, en realidad; sencillamente siempre me ha parecido una flor muy bonita. Recuerdo los paseos con mis padres, cuando era muy pequeña, y recogía esas flores en primavera. Por norma general, terminaba perdiéndolas, pero siempre me arrancaban una sonrisa. No es una flor grandilocuente, como pueda serlo una rosa o una amapola, pero precisamente en lo común que es radica su encanto. Una historia común, pero muy bonita también, es Fuimos canciones, de Elísabet Benavent (Reseña aquí). No pasa nada que no podría pasarle a cualquiera, pero es precioso. Palabrita.



IF I WERE A KIND OF WEATHER, I’D BE

(SI FUESE UN CLIMA, SERÍA)

 Como fenómeno meteorológico, me quedaría con una tormenta. Estoy segura de que las personas que me conocen un poquito más podrán dar fe de que no hay una respuesta mejor. ¿Quién no está contento y triste a un tiempo, quién no tiene días malos en los que todo le sabe amargo, días radiantes en los que se vive cada segundo como si fuera el último? Un fenómeno tan visceral como una tormenta, ni siquiera tiene porqué ser eléctrica, evoca precisamente a eso: a lo bueno y a lo malo de cada día.

 Y para una buena tormenta, la saga Vanir, de Lena Valenti. Todo tipo de emociones, con sello de la casa Valenti, que viene llenito de disgustos y sonrisas. Podéis echar un ojo a la reseña del primer libro de la saga, El libro de Jade, haciendo clic aquí.



IF I WERE A COLOUR, I’D BE

(SI FUESE UN COLOR, SERÍA)

 Gris. Quería decir (escribir) marrón, pero creo que el gris se ajusta mejor. Precisamente por lo que os comentaba en la respuesta anterior: suena demasiado utópico eso de estar siempre contenta y ya sabéis lo mucho que odio a la gente hipócrita, esa que a la cara dice una cosa y, cuando te giras, dice (ladra) otra muy diferente. Así las cosas, creo que el gris se ajusta bastante bien. Gris no es magia, no es un día radiante. Pero gris tampoco es amargura o tristeza. Un color con lo bueno, pero también con lo malo.

 Aquí creo que estaría guay que echarais un ojo a la bilogía Seis de cuervos (reseña del primer libro haciendo clic aquí). Un libro lleno de claroscuros, con unos personajes que harán que os muráis de ganas por saber qué más va a pasar. Para mí, lo mejor siempre será Inej diciendo “Esta acción no tendrá eco”.



IF I WERE AN ELEMENT, I’D BE

(SI FUESE UN ELEMENTO, SERÍA)

 Viento. De hecho, con esta pregunta me he acordado de la canción de Amaral, El blues de una generación perdida, en la que se defiende precisamente esa sensación de sentirse juzgada, juzgado; ese gran problema de la gente que habla sin tener ni puta idea. Lo crudo y a la vez poético de la letra, me maravilla. Y precisamente para un libro en el que se nos hace un “zas en toda la boca”, me quedo con Al final de la calle 118 (reseña aquí).

 Aquí me gustaría hacer un alto y hacer un pequeño recordatorio: para ganar, hay que arriesgar; pero para arriesgar, primero hay que quererse. Qué la gente diga lo que quiera. Van a opinar, para lo bueno, pero también para lo malo. Ese “qué dirán” es lo que hay que romper. Un aplauso para todas las personas que han arriesgado. Se lo merecen.



IF I WERE A PLACE, I’D BE

(SI FUESE UN SITIO, SERÍA)

 Una ciudad llena de gente. Un sitio anónimo, en el que realmente nadie sea nadie, en el que todo el mundo sea poco más que un punto caminando, avanzando si tiene que hacerlo, retrocediendo cuando las cosas se ponen difíciles. Un sitio que esté tan lleno que no pueda llamar la atención, que parezca dibujarse y desdibujarse con cada parpadeo. Y para algo así escojo el libro El color de los sueños, de Ruta Sepetys. En esta historia se mueve muchísima gente, personas que vienen, se van y aparecen cuando menos te lo esperas.



IF I WERE A MYTHOLOGICAL CREATURE, I'D BE

(SI FUESE UN SER/CRIATURA MILÓGICO/A, SERÍA)

 Un dragón. Me gusta la visceralidad, la fuerza; pero también la paz. Realmente, no son más que animales enormes que duermen, comen como buenos glotones y, bueno, tienen complejo de cuervos. A fin de cuentas, ¿quién duerme encima de oro? Pero tienen su encanto y, si bien es cierto que son un poco gruñones, tienen buen fondo. Y aquí tenía que recomendaros sí o sí Harry Potter y el cáliz de fuego, de J.K. Rowling (reseña aquí). Por motivos obvios, ¿verdad?



IF I WERE A SCENT, I'D BE

(SI FUESE UN OLOR, SERÍA)

 Lavanda. Desde muy pequeña, la lavanda tiene la curiosa cualidad de conseguir que me quede aletargada, hasta el punto de que me quedo dormida. El olor es una jodida maravilla y, bueno, ¿para cuándo un viaje a los campos de lavanda de la Provenza? Y, ya que estamos con un paisaje tan bonito, ¿por qué no echamos un ojo a un páramo helado, una buena Alaska salvaje? Sí, sí, os recomiendo muchísimo Volverás a Alaska, de Kristin Hannah (reseña aquí).



IF I WERE A SONG, I'D BE

(SI FUESE UNA CANCIÓN, SERÍA)

 Me lo he pensado una jodida barbaridad, más que nada porque, bueno, ya que os voy a recomendar música, quería que fuera de la que vale la pena. Creo que he acertado escogiendo Normal, de Shasha Sloan. Supongo que al final me ha quedado una entrada mucho más personal de lo que pretendía, pero… sí, eso me define lo que viene siendo un poquito demasiado. Y para esos libros que realmente parecen tener un mensaje oculto para nosotras, para nosotros, me quedo con Un amor, de Alejandro Palomas.




Y esto es todo por hoy. No voy a nominar a nadie, aunque sí que me gustaría que contestarais a algunas de las preguntas en los comentarios. Eso sí, sólo las que queráis. Ya sabéis que no me gustan las obligaciones.

Antes de despedirme, quiero hacer un pequeño inciso. A veces necesitamos rompernos. Rompernos para volver a construirnos. Si luego vienen cosas mejores o peores, se lo dejamos al azar.

* Preguntas reales del tag:

IF I WERE A MONTH, I’D BE
IF I WERE A DAY OF THE WEEK, I'D BE
IF I WERE A PLANET, I'D BE
IF I WERE A SEA ANIMAL, I'D BE
IF I WERE A GODDESS, I'D BE
IF I WERE A PIECE OF FURNITURE, I'D BE
IF I WERE A GEMSTONE, I'D BE
IF I WERE A FLOWER, I'D BE
IF I WERE A KIND OF WEATHER, I'D BE
IF I WERE A COLOR, I'D BE
IF I WERE AN EMOTICON, I'D VE
IF I WERE A FRUIT, I'D BE
IF I WERE AN ELEMENT, I'D BE
IF I WERE A PLACE, I'D BE
IF I WERE A MYTHOLOGICAL CREATURE, I'D BE
IF I WERE A SCENT, I'D BE
IF I WERE AN OBJECT, I'D BE
IF I WERE A BODY PART, I'D BE
IF I WERE A SONG, I'D BE
IF I WERE A PAIR OF SHOES, I'D BE

7/12/18

Wrap Up Noviembre (2018)



WRAP UP


NOVIEMBRE (2018)


 ¡Hola, hola, hola!

 ¿Sabéis?, me he dado cuenta de que, en realidad, casi siempre escribo las mismas cosas en este apartado de las entradas. Os pregunto por vuestra semana, os deseo un buen fin de semana y todos esos comentarios que, si bien pueden parecer protocolarios, realmente siento ciertos. Quiero decir, ¿no os pasa que se os escapa una sonrisa cuando alguien os desea un buen día? Cuando lo hace de corazón, quiero decir, porque estas personas que usan el “pasa un buen día” como sinónimo perfecto de “qué te den por el culo” me caen francamente mal.

 Después de esta reflexión más bien tirando a vacua, lo que quiero decir (escribir) es que me gustaría iniciar algo así como una cadena de buen rollismo. Veréis, hay veces en las que nos castigamos demasiado, en la que nos centramos mucho en la mierda que arrastramos. Y no me gusta. No puede ser que me ria de esa gente que sólo sabe ver el lado negativo de las cosas y luego yo me convierta en una mala imitadora. Así que os propongo lo siguiente: en cada entrada os contaré algo bueno que me haya pasado, que me haya sacado una sonrisa; y os pediré que, si os apetece, me compartáis vuestras buenas experiencias en los comentarios. ¿Os animáis?

 Mi buena experiencia de esta semana tiene que ver con abrir el buzón. ¿Sabéis cuando una buena amiga os envía una carta con algunas cositas, todas ellas monísimas, dentro? Pues bien, en mi caso esa buena amiga fue Omaira, del blog Entre la lectura y el cine, que me arrancó una súper-sonrisa.

 Y ahora, ¿qué os parece si vamos con el recuento de lecturas de noviembre? ¿Sí? ¿Os apetece? ¡Dentro wrap up!





THE MOTH IN THE MIRROR, de A.G. Howard


Trilogía: Susurros 1,5

Nota: 1/5

(Sin reseña para el blog)


 Me supo a poco, esa es la verdad. Creo que alguna vez he comentado que no soy demasiada amiga de los spin-off o de estas historias, digamos, “entre-historias”. A mi juicio, ese ha sido el fallo de The Moth in the mirror. Una historia muy cortita que no aporta información nueva a la trilogía y que, en realidad, podría haberme saltado. Lo mejor de leerlo ha sido, sin duda, poder comentarlo con las chicas de la LC. En cualquier caso, no me desanimo. De Delirios, segunda parte de la trilogía, espero una gran historia.


SIEGA, de Neal Shusterman


Trilogía: El arco de la guadaña 1

Nota: 5/5

(Reseña


 ¿Qué deciros que no dijera ya en la reseña? Una distopía que vale, y mucho, la pena. Estoy segura de que este autor es de los que llegan para quedarse y, joder, qué ganas de hincarle el diente a la segunda parte.

 Con una protagonista que en un principio no acabó de convencerme, y un protagonista que me robó el corazón; Shusterman nos sumerge de lleno en el complicado mundo de la muerte erradicada, ese en el que la era mortal ha dado paso a un sistema en el que la criba es el único control de población.


MIERDA EN MIS TACONES, de Lorena Pacheco


Nota: 3/5

(Sin reseña para el blog)



 Empecé odiando el libro. Sí, tal cual lo leéis. Empecé la novela odiando a la protagonista, una tía elitista que, joder, hacía que quisiera darle dos buenos bofetones. Si no dejé el libro, fue sólo porque me pudo la presión de grupo. ¿Y qué quiero decir con esto? Al leerlo en una LC y tener la posibilidad de intercambiar opiniones, empecé a ver con ojos más amables a nuestra Raquel y… en fin, al final me enganché.

 Sabéis que no me gusta mentir, así que os tengo que avisar: no es un gran libro. Divertido, sí; entretenido, también; memorable, no. Con esto lo que quiero decir (escribir) es que la novela es, en realidad, como una película con moraleja. La chica de ciudad, repelente a dolor, que se da de bruces con el campo y se da cuenta de que no es necesario ser una cabrona caprichosa para ser feliz. De hecho, ahí radica el encanto del libro: en encontrarse, conocerse y darle la mano a esa palabra con la que tanto cuesta conciliarse.

 Lo confieso: acabé el libro antes de lo que tocaba, pero sólo porque empecé a leer y ya no pude parar. Así las cosas, os puedo decir que hasta el personaje de apariencia más odiosa termina teniendo corazón. Y ahora diréis: “Carme, ¿y el chico, qué tal es?”. Pues, sinceramente, demasiado perfecto. No responde al estereotipo de tío gallito, lo cual agradezco, aunque sí tiene cierto halo de superioridad moral que me molestó buena parte de la novela. Supongo que, sencillamente, el chico se sabía dueño de sí mismo y, ojo, aunque lo valoro, consiguió cargarme. Cargarme mucho.

 Entre los fallos que más me han chirriado no está si me ha gustado o no la prosa de la autora. Está el hecho de que, a mi juicio, el final roza lo utópico. Claro que me parece bien que termine como termina, pero le falta explicación y, joder, un poco de conflicto. Debo de ser masoquista, pero me gusta romperme leyendo y aquí no he tenido, en ningún momento, la sensación de derrota que le hubiera dado un toque muy bueno a la historia. Por lo demás, debo decir que no ha estado nada mal.


MALDITO ROMEO, de Leisa Rayven


Nota: 3/5

(Sin reseña para el blog)





 El caso contrario al anterior: empieza muy bien pero pierde comba. Tanta que, a día de hoy, no sé decir si me ha gustado o no. Es gracioso, ¿sabéis?, porque por norma general, a la que llevo media novela, tengo claro lo que voy a decir (escribir) de ella y qué nota le voy a dar – muy rara vez tengo que dar una segunda pensada, palabrita –. Aclarado esto, con Maldito Romeo estuve un buen rato sentada delante de la libreta (sí, soy de esas frikis que apuntan las cositas de los libros en una libreta, no me juzguéis) preguntándome una y otra vez qué me había parecido. Sigo sin saber contestar a esa pregunta.

 Si queréis un resumen, podríamos decir que el libro gira entorno a Cassie, una chica que está más salida que el canto de una mesa y que se enamora de un tío en apariencia capullo que, en fin, le sirve como filete de carne. Sí, el estereotipo dado la vuelta, focalizando el “hombre objeto” en la mirada de una chica sexualmente inexperta. Una virgen, para más señas, que se aficiona al porno y tiene un porno-diario – a eso no se le puede llamar de otra manera, creedme – en el que alaba incluso las rodillas de Holt – alias, hombrecillo protagonista –. Me reí muchísimo leyendo sus idas de olla, sus pajas mentales – por favor, me siento muy satisfecha con mi propio chistaco – que, la verdad, eran para mandarla a un psicólogo. ¡Ah, por cierto! Lo que os acabo de contar pasó seis años antes de dónde se supone que empieza la historia.

 “Carme, tú odias los flashbacks”. Dadme un segundito, que enseguida lo aclaro. Sí, odio lo flashbacks. Sé que es absurdo y que, en realidad, el problema es mío y no del recurso literario. Ahora bien, no voy a negar que me gustó muchísimo más el presente que el pasado. Me gustó muchísimo la Cassie madura, la que había dado carpetazo a esos pensamientos sinceramente lamentables que, más allá de procurar risas a costa de la pobre chica, no hacían sino dar vergüenza ajena. Me gustó, hasta que se evaporó. Y ahí es donde veo el fallo de la novela: se le quiere dar tanto bombo a ese cambio de roles que el libro se desdibuja, convirtiéndose en un “quiero y no puedo” que terminó por dejarme indiferente.

 Me gusta sentirme identificada con una novela. ¿A quién no, en realidad? Aquí no lo logré. No conseguí creerme la pérdida del gran amor, no conseguí que la protagonista me rompiera y, joder, ni siquiera fui capaz de ver ese gran drama. Puede que el problema, de hecho, sea ese: se quiso hacer tan gordo el problema, que terminó por resbalarme. Un drama de sobremesa que, lejos de enternecer, me hizo poner los ojos en blanco.

 El final fue lo peor. Me quedé flipando, sin dar crédito a que algo tan absurdo, tan banal, fuera la respuesta a todo lo anterior. No, supongo que, en el fondo, el libro me decepcionó tanto que no me gustó. O tal vez esté siendo innecesariamente dura con una historia sencillita que me arrancó algunas carcajadas. En cualquier caso, si os animáis a leerlo, no vayáis pensando en una gran historia. No existe, creedme. Sencillamente, no existe.


¡Y esto es todo por hoy! Cuatro libros, sí, sí. Pero vamos a parar de hablar de (escribir sobre) mí y vamos a centrarnos en algo más importante: vosotras y vosotros.

¿Qué leísteis durante noviembre? ¿Algún libro que os robara el corazón? ¿Alguna decepción? ¿Habéis tenido la sensación de no saber si un libro os gusta o no últimamente? ¿Alguna historia con la que hayáis sido particularmente duras o duros?

¡Contadme, contadme, contadme!

¡Un besazo muy pero que muy grande y que paséis un estupendo fin de semana!