15/2/20

Reseña - Nuestro amigo común



RESEÑA


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NUESTRO AMIGO COMÚN


 ¡Hola, hola, hola!

 Tarde, pero llego. La vida. Pero contadme, ¿cómo ha sido vuestra semana? La mía ha estado guay, sí, sí. Justito ayer fue mi cumpleaños y, bueno, ya os podéis imaginar lo genial y maravilloso que es ponerse hasta el culo de comida rica y abrir unos regalitos. La ilusión, que es lo más bonito que tenemos. Os enseño mis regalitos literarios. En orden, Mujercitas de esa colección tan requete-preciosa que está haciendo RBA me lo han regalado en casita. Hacia rutas salvajes ha sido un regalo de Omaira, administradora de Entre la lectura y el cine. Una vez más, tres millones de gracias, guapa, por un regalo tan maravilloso. El último es Grandes esperanzas, de Dickens, en una colección muy bonita que está haciendo Norma Cómics para clásicos adaptados en manga. Regalo de mi hermano, que es súper fan de los manga y anime, sí, sí. ¡¡Qué ganas de hincarle el diente a todos!!


 Toca reseña. Sí, sí, estoy que derrocho imaginación últimamente. Pero bueno, tengo que deciros que os traigo la reseña de uno de los libros que, estoy segura, será de los mejores del año. ¿Qué, vamos a ello? ¡Dentro reseña!


FICHA TÉCNICA
Título: Nuestro amigo común 
Autor: Charles Dickens 
Traductorxs: Julia Sabaté Font y Damián Alou Ramis 
Editorial: Penguin Clásicos 
Número de páginas: 1128 
ISBN: 978 84 91052029 
Precio libro físico: 13,20€ (Tapa blanda) 
Precio libro electrónico: 3,79€ (Versión para Kindle)




SINOPSIS

 «¿A qué mundo pertenece un muerto? Al otro mundo. ¿A qué mundo pertenece el dinero? A este mundo. ¿Cómo puede tener dinero un cadáver?»


 Un joven se encamina a Londres para aceptar una herencia paterna que, según estipula el testamento, tan solo podrá disfrutar si se casa con Bella Wilfer, una hermosa muchacha a la que nunca ha conocido. Poco antes, sin embargo, aparece flotando en las aguas del Támesis un cadáver que la policía identifica con el joven heredero. Es el principio de una onda que afectará a toda la sociedad londinense.

 En Nuestro amigo común Dickens demostró todo el vigor de su prosa e imaginación en un deslumbrante ejercicio de virtuosismo literario, perfectamente vertido a nuestra lengua por el traductor Damián Alou. Asimismo, completa el volumen la formidable introducción de Adrian Poole, catedrático emérito en Cambridge y estudioso literario mundialmente reconocido.


OPINIÓN

 El Támesis huele a decadencia. La humedad cala los huesos, como si quisiera destrozarlos. El Támesis cada día ve morir a más y más hombres. También mujeres. El Támesis, digno, aboca en las manos del Jefe un cadáver. Pero esta vez no es una cara anónima. John Harmon, el jodido señor Harmon.

 Se habla de asesinato. Se habla del testamento. Lizzie y su padre, el jefe, no van a poder sacar ni un maldito penique; pero toda la corte de personajes – harto pintorescos, cabe decir – que se congregan cada día alrededor de los Veenering sí. Lightwood tiene mucho trabajo que hacer, mientras Eugene se rasca bien las pelotas. ¿Y qué hay de Bella? Nuestra Bella, que iba a casarse con Harmon. Una viuda, o al menos podría haberlo sido… ¡Pero hay más! Los Boffin. Ay, los Boffin. A ellos les toca el premio gordo: toda la fortuna del señor Harmon, sin herederos, pasa a sus manos.

 El Támesis sigue esperando nuevas víctimas. Y nuestros personajes están más que preparados para que se desate el infierno.

 Qué no cunda el pánico. Sé que he nombrado muchos personajes, pero os juro, y sí, os lo juro; que eso no hace complicada la lectura. Dickens tenía el maldito don de la palabra y os puedo prometer, y de hecho os lo prometo, que no deja que nadie se pierda por el camino. Cada personaje brilla con luz propia, cada uno tiene su personalidad. Mordaces, unos; dulces, otros.

 Lizzie manda a Charlie, su hermano pequeño, al colegio. El chaval tiene potencial para ser alguien en el futuro. Ella, hija de un barquero, no aspira a nada. Tampoco lo hace Bella. Asqueada y aburrida de su vida, no puede negarse a la tentadora propuesta que le llega de parte de los Boffin, nuevos ricos de la zona: estar con ellos una temporada, ser algo así como la hija que nunca tuvieron – dejando de lado que Bella ya tiene una familia harto disfuncional –. Además, ella no piensa dejar que ese secretario del tres al cuarto, el señor Rokesmith, le dé lecciones. ¿Qué se ha creído, haciendo que piense en él? ¡Pero hay más! Eugene está aburrido de ser un payaso, el típico chaval que ha hecho todo porque así se lo han pedido. Hasta que un día debe llevar una noticia delicada a Lizzie. Ay, Eugene, qué jodido, eso de encontrar algo por lo que valga la pena vivir…

 No os hacéis una idea aproximada de lo bien que me lo he pasado con este dramón. Una maldita locura salpicada de genialidad, porque Dickens consigue que cada maldito personaje, incluso los detestables, sean terriblemente interesantes. Así las cosas, Wegg, cabrón profesional y traidor mentiroso a tiempo completo, ha conseguido un trabajo. Uno en el que sólo tiene que leer. Ajá, el señor Boffin, en su inmensa bondad, decide que quiere escuchar historias, y mete un animal en su casa. Nada comparado con cierto matrimonio de chanchulleros y estafadores, también os lo digo, y es que esos dos han llegado para vengarse.

 Los problemas llegan un tiempo después, cuando todo parece haberse asentado. Empieza con un nuevo sacrificio. El Támesis escupe un nuevo cadáver. Es como si el viento vibrase. Hay silencio y, de repente, se escucha el primer sollozo. Entonces empiezan a llover las preguntas. ¿Quién mató a John Harmon y por qué, maldita la gracia, todo el mundo parece estar al tanto de ese testamento? ¿Quién, maldita sea, está detrás de los negocios de Rhia, y por qué parece que Fledgeby sepa más de lo que cuenta?

 No decepciona, el señor Dickens. Con una prosa afilada, rozando en lo macabro cuando la situación lo requiere, nos sumerge de lleno en la retorcida sociedad hipócrita que se da de hostias por unos cuántos cientos de peniques. Esa sociedad salpicada de mierda, del jodido bien-queda, dónde prima la soberbia. Porque ascender es fácil, pero caer más todavía.

 Eugene no quiere reconocerlo, pero su socio Lightwood se lo teme. Se ha enamorado. Hasta las trancas. Se ha enamorado como sólo un cínico del amor lo hace: cayendo de rodillas y maldiciendo su jodida suerte. Hay más. Bella está hasta las santas narices de Rockesmith. Ese hombre que está siempre pululando a su alrededor, que parece verla cuando peor está. Ese maldito señor que se toma unas licencias que nadie le ha dado. ¿Y Lizzie? Ella va a volverse loca como Charlie siga haciendo el idiota. ¿Por qué diablos le ha tenido que presentar a su maldito profesor y por qué, joder, no puede sacarse de la cabeza a Eugene?

 El Támesis espera. Paciente, silencioso. El aire parece vibrar, porque llegan nuevos sacrificios. Y llegarán. Vaya, si llegarán…


Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la ZONA SPOILER



 Charles Dickens me ha roto el corazón. Tan dramático como suena. No os pienso contar por qué, porque aquí una servidora se pegó un hartón de llorar bastante lamentable, pero sí os aviso de algo: a veces, los malos son de verdad muy malos y, creedme, Dickens tiene un jodido máster en confeccionar villanos que hacen que una se replantee muy seriamente por qué narices nadie les da una paliza.

 Eugene es mi personaje favorito. No hay más. Ese señor, ese maldito chalado maravillosamente divertido, hacía que me muriera de ganas por saber cuándo narices iba a conseguir que Lizzie le hablara claro. Porque Lizzie es una Señora. Sí, en mayúsculas. Una mujer fuerte, que lucha contra viento y marea, aceptando con una estoicidad envidiable los desplantes del gilipollas que le ha tocado en gracia por hermano. Qué duro, no acordarse de dónde hemos salido. Qué jodido, esto de los piojos revividos… ¡Pero vamos al caso! Lizzie sabe que está enamorada. Claro que lo sabe. Se lo dice a su amiga, esa niña tan peculiar que hace vestidos de muñecas, sin decírselo. Ajá, la chica lo sabe. Incluso su padre, ese niño malo y borracho, sabe que la amiga de su hija está interesada en cierto abogado. Pero Eugene no hace más que dar palos de ciego mientras ese profesor odioso acecha a Lizzie.

 El profesor Headstone me puso de muy mala hostia. Si bien es cierto que Wegg me daba asco y Fledgeby me provocaba arcadas con su antisemitismo; lo del profesor era otro nivel. Un psicópata, eso es. Un maldito psicópata maníaco que, me vais a perdonar, tuvo lo que se merecía.

 Bella y Rockesmith me conquistaron despacio. Al principio, ella me caía mal. Terriblemente mal, de hecho. Una chica mimada, insufrible, que aprende por las malas lo que es ser una buena persona. Ajá, nuestra chica asiste horrorizada a la transformación del señor Boffin. Y es que el dinero da mucho asco. Pudre, corrompe. Convierte a las buenas personas en jodidos sacos de mierda. Rockesmith… ay, por favor, qué pena me dio. Aguantó lo indecible y lo peor es que lo hizo para un fin que, bueno, me tuvo sonriendo como una idiota buena parte de la novela. Ah, no, no, no pienso contaros nada más.

 Hay muchas tramas, pero todas ellas conectadas. Como en cualquier novela coral, hay favoritos y odiados. Me inclino ante la maestría de Dickens para conseguir mantener la atención en todo momento. También por esa capacidad rozando en lo grotesco de conseguir que cada uno tenga lo que merece. Amén, señor, amén.

 …


Si no habéis leído a Dickens, no sé a qué narices estáis esperando para haceros con esta joyita. Divertida a veces, tierna otras, terriblemente cruel cuando la ocasión lo merece; Nuestro amigo común es uno de esos libros que rompe y hace que te rompas con él.

Nota: 5/5



8/2/20

Reseña - La hija del bosque



RESEÑA


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LA HIJA DEL BOSQUE


¡Hola, hola, hola!

 ¡POR FIN ES SÁBADO! Joder, qué falta me hacía. Qué semana más larga, leche. Y sí, parece que esto se está convirtiendo en una costumbre. ¡Pero no pasa nada! ¡Tenemos cosas buenas! Así de salida, puedo deciros muy pero que muy contenta que por fin estoy otra vez engancha a la lectura. Si es que los chascos no le hacen ningún bien a nadie. Pero bueno, dejando de lado una lectura que se me está haciendo un poco bola; todo guay. ¡Y otra cosa! La canción es vieja, pero os juro que me encanta. ¿Y de cuál hablo?, pues de la archiconocida All we know, pero versionada por Shy Martin. No puede ser más bonita. Os dejo aquí el enlace para que la escuchéis en YouTube, sí, sí. Y ahora, contadme, ¿qué habéis andado escuchando esta semana? ¿Alguna cosita maravillosa que queráis compartir?

 Vamos con la entrada de hoy. Toca reseña, sí, sí. De un libro al que le tenía muchas ganas. Ay, el hype, qué jodido es... ¡Dentro reseña!


FICHA TÉCNICA
Título: Sieteaguas 1 – La hija del bosque 
Autora: Juliet Marilllier 
Traductora: Libertad Aguilera Ballester 
Editorial: Fantasy Nebulae – Edhasa 
Número de páginas: 576
ISBN: 978 84 35021067 
Precio libro físico: 27,90€ (Tapa dura) / 33,72€ (Precio del estuche de la trilogía completa en tapa dura)



SINOPSIS

 Sieteaguas, el último reino irlandés, se mantiene al margen de las invasiones de sajones y britanos gracias a la protección de una impenetrable esperusa en la que, según cuenta la leyenda, la Dama del Bosque protege a sus habitantes. El señor del reino, Lord Colum, es padre de seis hijos: Liam, el espíritu de liderazgo hecho hombre; Diarmid, amante de la aventura; los gemelos Cormack y Conor, cada uno con su vocación, el suversivo Finbar y compasivo Padriac. Sin embargo, será su única hija, Sorcha, a la que el padre no puede ver por considerarla la causa de la muerte de su amada esposa, la encargada de proteger a su familia no sólo de la magia oscura que se ha cernido sobre ella, sino también de la amenaza de la invasión de los britanos. Todo parece perdido cuando cae en manos del enemigo, pero Sorcha cuanta aún con la protección de la Dama del Bosque.



OPINIÓN


Un cuento puede empezar de muchas maneras. Por ello, un cuento es muchos cuentos y, al mismo tiempo, cada uno de ellos sólo es una manera de contar la misma historia.


 Ha sido un viaje largo. También muy cambiante. Cuando empecé La hija del bosque, tenía ganas de caer rendida ante una prosa magistral y una historia que me rompiera el corazón. Supongo que, de forma más bien masoquista, quería una historia terrible, dura hasta lo imposible. Una que sangrara con cada palabra. Y no fue el caso.

 Si alguien me preguntara cómo encasillaría la novela, diría que es de corte juvenil. Me explico. La novela tiene un halo de cuento de hadas que, en cierto modo, la edulcora. Y la edulcora porque tarda mucho, muchísimo, en ponerse seria. Esa Irlanda mágica, llena de hadas, cuentos y supersticiones; le hace un flaco favor al inicio, porque no se centra en lo crudo, sino en lo bonito, en ese folclore que arranca más de una sonrisa, pero que no permite que sientas cada página como un paso hacia la destrucción que, en el fondo, promete.


Un nido seguro entre árboles guardianes, oculto al mundo por fuerzas más antiguas que el tiempo, nuestro hogar era sin duda un lugar aparte.


 Sorcha es la séptima hija de un séptimo hijo. Las leyendas dicen que tendría que haber nacido hombre para que no todo fuera, de forma vomitivamente machista y misógina, “perfecto”. También dicen, o eso supone ella, que su madre murió por darle a luz. En cualquier caso, que murió es un hecho; y en el lecho de muerte hizo prometer a todos sus hijos que cuidarían los unos de los otros.

 Los años pasan y Colum, ahora viudo, empieza a apagarse. No soporta ver a su hija, porque es la viva imagen de su difunta esposa. A los que sí soporta es a sus hijos, pero sólo a los que quieren ir a la guerra. Conor, Padric y Finbar no quieren. No les da la jodida gana. Que vayan Liam, Comarck y Diarmid a la guerra. Qué vayan, joder, y disfruten haciendo algo que no tiene sentido. Pero, ay, cómo le jode eso a Colum… y qué cerca está la desgracia, aunque nadie se lo huela.

 Lo creáis o no, os he contado demasiado. Ajá, todo esto lleva un trecho bien majo del libro. Porque, sintiéndolo en el alma, no pasa gran cosa. No en el inicio, al menos. Un inicio que casi consigue que abandone la lectura, porque ya no sabía qué narices hacer para que el libro no se me hiciera pesado. Denso. Aburrido. Lento. Todo esto rondaba mi cabeza. Hasta que un buen día Colum se lleva a sus tres guerreros y vuelve con un botín. Uno que respira, aunque esté lila de tantos golpes que le han dado. Uno que se niega a hablar. Uno que, joder, hace que algo empieza a tener sentido.

 Me gustó mucho que Finbar, Conor y Sorcha tuvieran, en cierto modo, habilidades que les hacían diferentes. Maldiciones, si queréis mi opinión; y es que ese afán por hacer las cosas bien y seguir el designio de fuerzas que escapan de su poder, les van a patrocinar una vida truncada. Una que, joder, se salda con mucho dolor.

 Un rehén. Y de los britanos. En Sieteaguas están que no caben en sí mismos de gozo. Un enemigo al que sacarle hasta cuál es su color favorito. Porque no escatiman en métodos de tortura. Todos inútiles. El chico no va a hablar. Porque no. Porque no le da la gana. Porque él es un soldado. Porque él, joder, sabe que no tiene que hablar. Ahora bien, la suerte está echada. El chico no va a moverse de allí. No, no va hacerlo. Da igual que Sorcha y Finbar desaparezcan para hablar entre ellos. Da igual que Conor fija no ver nada. Da igual… ¿verdad?


 Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la ZONA SPOILER



 300 malditas páginas. 300 jodidas páginas para que el libro me interesara. Juliet Marillier casi consigue acabar con mi ya de por sí escasa paciencia. Si seguí, si no dejé el condenado libro, fue sólo porque mi hermano me insistió hasta la desesperación para que siguiera. Al chaval le encanta y, claro, una servidora será muchas cosas, pero no es una mala hermana. Así que, después de un suplicio mayúsculo, tuve casi 300 páginas más de una historia que, ¡por fin!, valía la pena.

 Los britanos. Los malditos britanos. La amenaza. En casa de britanos se cuenta la historia al revés. Como en todas las putas guerras. Al parecer, es ridículamente sencillo olvidarse de que todas, todos, somos personas. En fin. El caso es que Sorcha ha ayudado a librar a un britano de las garras de los suyos. Una bruja, para el chico, que poco a poco se convierte en su único apoyo en esos intervalos entre fiebres y dolores atroces – porque, creedme, con el pobre chico se ensañan una jodida barbaridad.

 Simon fue, a todas luces, un personaje maravilloso. Uno que llegó y desapareció. Porque venía una amenaza peor, claro. La dama Oonagh – se me ocurren muchos y muy imaginativos insultos para semejante perra del averno, pero eso lo dejamos para otro día –, que sabe que lord Colum está lo suficientemente desesperado por enderezar su vida como para aceptar casarse con ella. Y es que nuestra dama preciosa esconde un secreto. Es un bicho malo. Uno especialmente molesto que, ahora sí, hará que se desate el jodido infierno.

 La trama está tremendamente desaprovechada. La dama Oonagh, al principio no es más que un moscardón, un piojo revivido que quiere dinero y poder. Una idiota, si queréis mi opinión, que tenía la cochina manía de hablar de más. Pero era una hechicera, por supuesto. Una que, amén de disgustos, maldice a los hermanos. Seis de ellos, cisnes. Y ella, la pequeña… que sangre, llore y sufra para traerlos al mundo de los humanos. Pero que no hable. Una sola palabra y todo el trabajo se irá a la mierda.

 Bueno. Bueno, bueno, bueno. Si la dama Oonagh es mala, la Dama del Bosque es una perra. Una zorra machista y misógina. Una desgraciada a la que le daba yo una buena patada en el coño. ¿Ha quedado lo suficientemente claro? Porque no hay nada que me joda más que las mujeres machistas. Manda narices, joder, manda narices. ¿Y por qué digo esto? Oh, bueno, ella tiene una opinión muy especial sobre las violaciones. Ahí os lo dejo.

 Sorcha debe tejer seis camisas de estrellada – una planta que le destroza las manos y con la que se trabaja muy pero que muy despacio –. Debe hacerlo sin despegar los labios. Sus hermanos podrán venir sólo en los solsticios de verano e invierno. Unas horas de vuelta en el mundo de los humanos. Sólo unas pocas. Hasta el alba, como dicen los cuentos. Y deprisa, que el sol llega. Pero una de esas veces, lo que encuentran es una chica destrozada. Brutalmente violada, despojada de sí misma, aterrorizada de los hombres. Rota. Mancillada. Y es en ese estado febril, casi desnutrido, cuando cae en una baca y aparece Rojo. Rojo, que es un britano. Rojo, que sabe que ella le entiende aunque no hable. Rojo que, joder, sabe que sólo es una cría asustada.

 Contrariamente a lo que podáis pensar, Rojo no es precisamente un gatito encantador. Taciturno, silencioso, sabe que si Sorcha tiene un regalo de su hermano es porque lo conoció. Así que decide que la chica viaja con ellos. A Ben y a John no les hace, hablando en plata, ni puta gracia. Una hija de Erin, una bruja. Con ellos. Pero Rojo no transgrede y, entre comentario que le tendría que haber valido una buena patada en la entrepierna, y silencios; arrastra a Sorcha hasta el barco que deberá llevarlos a todos de vuelta a casa.

 Aquí empieza de verdad la historia. Ajá. 300 páginas. En fin. ¡Pero no me descentro! La llegada a Harrowfield es un completo despropósito. Todo el mundo aterrorizado de una niña asustada que sólo quiere tejer. Pero a Rojo todo eso le da igual. Es su invitada y más vale que nadie respire fuerte en su dirección. A menos, claro, que Richard, su tío, decida que no estaría mal hacer una visita…

 Esta parte me gustó. Mucho, de hecho. Ver cómo Sorcha poco a poco crecía y conocía a personas que, siendo del bando contrario, no dejaban de ser maravillosas. Las bromas de Ben, la protección de John, la dulzura de Margery… y los encuentros con Rojo. Al principio el tío me caía muy mal. Ya sabéis que no soporto los numeritos de las damas en apuros, mucho menos los arranques de virilidad frustradaesos consiguen que me ponga más chunga que Mamba Negra en sus mejores momentos -; pero el chico, al final, se hace querer. Hay en sus maneras demasiado forzadas algo bonito, casi dulce. La espera, supongo, el hecho de saber que ella, en el fondo, no necesita que la salven. Porque ella está allí, en medio de una locura de caza de brujas, para ayudar a su familia.

 No os voy a contar más, porque vale la pena que lo descubráis por vosotras y vosotros mismos. Ahora bien, os aviso de que la novela no sea hace larga por su extensión, sino por el hecho de que la autora no convierte la novela en un paseo. Es densa, como he comentado párrafos más arriba, y muchas veces se centra en cosas que, en fin, sobran. Se dice más en los silencios que en las conversaciones, para que os hagáis a la idea. Pese a todo, creo que no os arrepentiréis si la acabáis.

 El final es… delicado. No es bueno para todo el mundo. Puede que eso sea lo que más me haya gustado. Por fin Juliet Marillier decide que no importa quién caiga. Lo importante es el camino. Y vaya camino.


La hija del bosque es una lectura que genera sentimientos encontrados. Empieza a medio gas y tarda en tomar fuerza. Pero vale la pena el bache por todo lo que viene después. Sorcha es una protagonista de la que dudo que me olvide, ¿en serio os la vais a perder?

Nota: 3/5


CITAS


-En cierto sentido es verdad – dijo Finbar, y me sorprendió. – Pero hay dos caras en toda lucha. Empieza como algo pequeño, un comentario casual, un gesto a la ligera. Y a partir de ahí va creciendo. Ambas partes pueden ser injustas. Ambas crueles.




-[…] Puede que aún no conozcáis el tipo de amor que te golpea como un rayo, que te agarra por el corazón, tan irrevocablemente como la muerte, que se convierte en la estrella polar por la que te guías el resto de tu vida. No le deseo ese amor a nadie, ni hombre ni mujer, pues puede convertir tu vida en un paraíso o destruirte completamente.