8/6/18

Retazos #6: Oda a los malos recuerdos



Oda a los malos recuerdos


¡Hola, hola, hola!

 Como viene siendo costumbre desde mitades-finales de mayo, estoy MUY desaparecida. Tanto que ya me da vergüenza. Prometo que le robaré horas al fin de semana – sí, sí, pelearé duro – para poder pasarme por vuestros espacios, ¡qué son joyitas!

 Pero contadme, ¿cómo os va todo? ¿Estás teniendo días buenos? Espero que sí. Yo la verdad es que voy de “hostia en hostia” y tiro porque me toca. Eso sí, aquí el sentido del humor es lo último que se pierde y, oídme, aunque un poco retorcido, voy bien servida de eso.

 Hoy vengo con ganas de filosofar un poquito. No, no me he fumado ningún porro, palabra. Lo que quiero hacer hoy es hablar con (escribir para) vosotras y vosotros algunas cositas que llevan días rondándome la cabeza. ¿No dicen que la escritura cura? Pues vamos a ello.





Oda a los malos recuerdos


 Hay un dicho, uno especialmente crudo. “Piensa mal y acertarás”, dicen. Creía que era falso. Sí, lo creía. No dejé que me afectara. Ni la certeza de que todo iba a salir mal ni el hecho de que cada acto, cada pequeño gesto, indicará que, efectivamente, íbamos de cabeza a un pozo.

 No te lo dije ese día, pero me dolió. Me dolió el batacazo, ese contacto contra una pared metafórica. Ese que decía: “eh, al final ha pasado”. Si aguanté fue sólo porque, entre mis muchos defectos, destaca el orgullo. Orgullo herido. Orgullo tocado y hundido.

 No me gustan las mentiras. No me gusta la hipocresía. Ni siquiera me gustan las medias tintas, esas frases veladas que, en el fondo, sólo significan una cosa: “te estoy mintiendo”.

 El caso es que… pasó algo. Algo que me dio la razón en todas mis dudas. Ni siquiera sonreías. Las sonrisas, muchas veces, hablan por nosotras, por nosotros. Las sonrisas dicen lo que no nos atrevemos a decir con palabras. Qué pocas sonrisas vimos, ¿verdad? Qué pocas. Y qué falsas.

 Me martiricé mucho. Quise convertir todo lo sucedido en una falta mía. Quise, pero no pude. Las palabras tronaban mis oídos. “Piensa mal”, decían primero; “y acertarás”, añadían, con ese tono meloso, casi jocoso.

 No, no fue mi culpa. Puede que tuya tampoco, aunque aquí, lo siento, tengo mis reservas. El caso es que, en realidad, ni siquiera importa. Tú sonreías con esa falsedad pegadiza, esa que decía “esto no va a volver a pasar”. Y yo aguantaba. Aguantaba porque el orgullo me empujaba a hacerlo; porque, ¡joder!, tenía que hacerlo. Debía hacerlo. No sé qué me demostré a mí misma. Ni siquiera sé si fui capaz de demostrarte algo a ti. Lo que sí sé es que, por una vez, entendí el símil. Te hablo de un símil sencillo, ese en el que nos presentan dos trenes que van por la misma vía, pero en direcciones contrarias. Supongo que eso fuimos tú y yo.

 Jodimos las expectativas. Las jodimos a base de bien. Tú las reventaste. Yo las hice estallar. Ni tu carácter, ni el mío. Ni tus gestos, ni los míos. Sólo un silencio. Uno espeso que nos sobrevolaba, susurrando todo lo que no queríamos decir en voz alta. El miedo. Qué asco de miedo, ¿verdad? La educación, el respeto y la hipocresía. ¡Qué fácil es buscar culpables, y qué mal lo hicimos todo!

 Sinceramente, creo que nos lo merecíamos. Sí, nos lo merecíamos. Tú y yo. Un choque. Un solo choque que hizo estallar todo lo que tenía que estallar. Tú fuiste, tal vez por primera vez en mucho tiempo, quién de verdad eras. Yo no sé lo que fui. Ni siquiera ahora, mirándolo con mucha perspectiva, habiendo calmado los ánimos. No, no sé qué fui. No sé quién fui. Pero no me gustó. No me gustó nada.

 Contrariamente a lo que puedas pensar, a lo que pueda pensar yo, no hay rencor. Ya no. Hay un vacío, una decepción profunda, una que me hace recordar las viejas palabras, esas toscas, agoreras. “Piensa mal y acertarás”. Ojalá hubiéramos pensado un poco más, ¿verdad? Ojalá hubiéramos sabido decir que no.

 Te invito a que reflexiones. Me invito también a mí misma, ahora que todo se ha calmado, que las aguas han vuelto a su curso. Ahora que la monotonía lo impregna todo, sumiéndonos en ese curioso estado de somnolencia, esa acompañada de suspiros, resoplidos y bufidos. Te invito, porque te echaré de menos. Tanto que, en realidad, todavía no puedo darle un número, no puedo expresarlo con palabras. Al menos no sin caer en tópicos.

 Reflexiona. Piensa qué hicimos y por qué. Tal vez llegues a las mismas conclusiones que yo. O no. Quién sabe. En el fondo, siempre seremos dos trenes a punto de colisionar. Yo levantaré la barbilla, orgullosa. Tú ladearás la cabeza, fingiéndote inocente. Entonces nos veremos las caras. Y tal vez, sólo tal vez, pensemos en las expectativas, las sonrisas que murieron antes de nacer y los silencios.

8 comentarios:

  1. ¡Hola, Carme! Vaya, vaya... no me esperaba una entrada así, pero me encanta :D
    El texto me parece una carta, una carta que encajaría muy bien con el fin de una relación en la que ambas partes se negaban a ver la verdad o la veían pero se negaban a decirla.
    Sé que no es una buena actitud, pero soy de las que suelen pensar mal. A ver, no en el sentido de que eso me impida confiar en nadie ni nada así, sino que me gusta tener una pequeña desconfianza y no dar por hecho que todo puede salir bien y que todo es perfecto. De hecho, creo que eso me ayuda a que si algo sale bien me pueda alegrar a lo grande, y si sale mal no me lleve un batacazo tan grande.
    De lo que has escrito, me ha gustado mucho el símil de los trenes y el sentimiento que pones en lo que escribes. Tienes esa cualidad, tanto para reseñar como para hablar de cualquier cosa y eso es fantástico, ya que haces que los que te leemos tampoco quedemos indiferentes :-)
    ¡Qué tengas un muy buen fin de semana, mucho ánimo estudiando y nada de agobiarse con lo de las hostias, con tu actitud puedes afrontarlas y superarlas! ;-)

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  2. ¡Hola guapa! Una entrada diferente pero no por ello menos interesante.
    En general, estoy bastante de acuerdo con todo lo escrito. Eso de piensa mal y acertarás es una de mis máximas pero a veces hace que no sea del todo justa porque siempre pongo muchas expectativas en la gente y luego me decepciono rápido. A lo mejor no tiene mucho que ver con todo lo que estás diciendo pero me apetecía soltarlo. Digamos que yo también estoy teniendo unos días extraños jaja
    ¡Espero que todo vaya mucho mejor! Un besote :)

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  3. Hola preciosa!
    Me encanta la entrada. Y bueno que te puedo yo decir, que desde que comencé el año no levanto cabeza voy de batacazo en batacazo, y mira que no será porque tengo mis momentos en que yo misma me consuelo y digo, tranqui, que seguro que mañana el día sera bueno y empezaras a levantar cabeza, pero chiquilla, nada, aquí seguimos esperando que la cosa acabé por ponerse mejor. En cuanto a Piensa mal y acertarás yo creo que es super cierto, aunque no le demos valor hasta que no has caído y entonces te dices si ya lo decían piensa mal y acertaras. Bueno mi niña, espero que la cosa se te ponga fantásticamente bien, seguiremos pensando que todos los días sale el sol y es genial.

    −Fantasy Violet−
    Besotes! ♥ 

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  4. Hola bonita, ojala esos golpes vayan desapareciendo y tú curando. Es cuestión de tiempo, ya verás. Me da la sensación tras leerte que este retazo es algo muy tuyo, algo sentido que te hace daño. Efectivamente las palabras curan y ojalá te hayan servido para desahogar y descargar un poco de lo que llevas dentro. Rodéate de lo bonito que tienes alrededor, de los que te quieren...esto poco a poco pasará.

    Sé que sigues a tope con los exámenes así que muchísima suerte guapa, seguro que ya no te queda nada. Último empujón y a disfrutar del verano (ese desgraciado que no aparece, aquí en León no hace más que llover).

    Besazos

    Pd:No te preocupes por pasarte por las otras entradas, tú céntrate en lo de ahora ;)

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  5. ¡Hola Carme!
    Ohh, ¿así que vas de una en otra? :( Espero que mejore la cosa, mujer. Y en cuanto a tu oda... Preciosa, Carme. Muy bonita y cierta. Y también triste. Es una pena que, por una razón u otra, tengamos que pensar mal para verlas venir, para intentar que el golpe no sea tan duro... Y aun así, qué poco se amortigua el golpe. ¿La gente por qué miente? ¿Qué cuesta decir las cosas, decir la verdad? Lo de relaciones (ya sean de pareja o amistad) que se pierden por no ser sinceros, por no hablar las cosas. Me han pasado cosas por el estilo, sobre todo una hace un par de años... Llámame tonta, pero me sigue doliendo. Aunque, es cierto que por mucho que duela, una vez comprendes cómo es realmente esa persona, sabes que no merece la pena. ¡Hay mucha gente en el mundo que nos aprecia y nos trata como merecemos! Y con quien podemos ser nosotras mismas, sin mentiras y sin miedo :)
    Ya solo me queda decirte.... ¡Pa'lante! Mira que solo te conozco de leerte por aquí, pero sé que eres fuerte y luchadora, y que tienes un par de ovarios bien puestos :)

    ¡Un beso muy pero que muy grande! Espero que todo vaya a mejor a partir de ahora ^^

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  6. Hola Carme! Desde luego que estás desaparecida, ya echaba de menos tus comentarios jajaja!! A ver si ya junio va pasando un poquito también y las cosas se aligeran, a mi por lo pronto todavía me queda mucha intensidad en el curro!! para bien o para mal, según se mire. ;P

    El texto coincido con Omaria, parece dirigido al final de una relación o de un parentesis de reflexión como bien indicas, y bueno, alf inal se trata de eso... de aceptar lo que se hace bien y mal para poder tirar para adelante... o no.

    Besines!

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  7. Un post muy verdadero,siempre tenemos expectativas..Feliz miércoles :)

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  8. Hola!
    A veces es muy bueno escribir lo que sentimos para quedarnos tranquila, a mi me sirve mucho y aunque no solucione lo que siento, es como quitarse un peso de encima.
    He sentido lo que hablas en este texto, creo que todos nos hemos sentido engañados y decepcionados por culpa de una persona, alguna vez. La frase de "piensa mal y acertaras" que mencionas creo que casa, en este tema, muy bien con una que me decía mucho mi abuela "se coge antes a un mentiroso que a un cojo" no sé, a mi se me ha venido esa frase a la cabeza jaja
    Solo puedo decirte que en mi experiencia, esa clase de decepción no desaparece, la podemos guardar muy dentro y no recordarla a penas, pero siempre sigue ahí.
    Y mucho animo con lo de hostia tras hostias, yo estoy medio igual y tengo ganas de acostarme y no despertar hasta dentro de mil años.
    Feliz semana! Un beso :3

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