29/4/17

RESEÑA #83: 1984


RESEÑA #83: 1984

¡Hola, hola, hola!

  ¿Qué tal os va todo? ¿Bien? Espero que sí. Esta semana os traigo la reseña de unos de los libros que, sin duda, se ha convertido en uno de los mejores que he leído en mucho tiempo.

 ¡Dentro reseña!

Ficha técnica


Título: 1984
Autora: George Orwell
Editorial: De Bolsillo
Número de páginas: 352
ISBN: 9788499890944
Precio: 7,55€
Sinopsis

 En el año 1984 Londres es una ciudad lúgubre en la que la Policía del Pensamiento controla de forma asfixiante la vida de los ciudadanos. Winston Smith es un peón de este engranaje perverso, su cometido es reescribir la historia para adaptarla a lo que el Partido considera la versión oficial de los hechos… hasta que decide replantearse la verdad del sistema que los gobierna y somete.

Mi opinión

 La sociedad es completa y absolutamente totalitaria. La dictadura del Gran Hermano, ese del que se dice que todo lo ve y todo lo sabe, oprime a todos los que forman parte del partido, esos trabajadores que viven en piscuhos, comen lo que en sus cantinas llaman “el menú del día” – algo que va a caballo entre la basura y una suela de zapato – y se hinchan a beber café que bien podría ser agua negra y ginebra. Ginebra Victoria.
 Pensar es un delito. El modelo ideal de estúpido fanático del partido político es alguien que se deje mangonear, que comprenda y sepa llevar a cabo el “doble-pensar” – algo de lo que hablaré más adelante –. Alguien lo suficientemente idiota como para no cuestionarse nada. Alguien, en esencia, manipulable.
 La guerra, esa de la que todo el mundo habla, trajo consigo el nuevo régimen. Las mejoras, dicen. El Gran Hermano. El pasado no existe, el presente es incierto y el futuro poco más que una falacia.
 En este ambiente decadente, perturbadoramente obsceno, encontramos una de las poquísimas personas que, ¡gracias a Dios!, todavía conserva el sentido común. Winston Smith, uno de los funcionarios del partido, sabe lo que tiene que hacer para sobrevivir. Sabe que hay que respetar los toques de queda, que debe acudir al centro recreativo a consumir ginebra y hablar de lo que todo el mundo espera que se hable. Sabe, además, que debe participar con todo su entusiasmo, en los “2 minutos de odio”, que debe levantarse cada maldita mañana y realizar los estúpidos ejercicios que le pide la telepantalla… Sabe que pensar es el fin de sus días.
 No había leído nada del autor hasta ahora. Mi primera impresión, cuando tuve esta joya en las manos, fue que no tenía la más remota idea de qué escondían sus páginas. Un diamante en bruto, eso es. George Orwell fue – y seguirá siendo – un revolucionario, alguien que se enfrenta al sistema, alguien que tiene las narices suficientes como para decir que somos unas malditas ovejitas obedientes, que hacemos lo que se espera de nosotros. ¿Nos dicen que no pensemos? ¡No lo hacemos! ¿Nos piden que agachemos la cabeza y asintamos? ¡Pues lo hacemos, qué demonios! NO, NO, NO Y NO. Reivindica todos nuestros derechos, diciéndonos, alto y claro, que nuestras mentes son nuestra mayor fuerza, nuestra mejor arma. Un arma de la que priva a sus protagonistas. ¿Cómo es posible, me pregunto yo, que alguien que lleva sesenta y siete años muerto tuviera tanta maldita razón?
 Cosas tan surrealistas como “La liga anti-sexo”, “Los espías”, “El Ministerio de la Verdad”, “El Ministerio del Amor” y “El Ministerio de la Abundancia” se convierten en pilares totalitaristas en esta novela. Una liga que se dedica a decir a las personas que el sexo debe emplearse sólo para la reproducción, un grupo que pretende que críos de poco más de cuatro años denuncien a sus padres a la maldita Policía del Pensamiento; y tres asquerosos ministerios que encarnan todo el mal que podáis llegar a imaginaros.
 Una aberración, eso es lo que nos muestra George Orwell. Un mundo totalmente sometido, en el que cualquier pensamiento, cualquier comentario sacado de contexto, acaba con una visita al Ministerio del Amor y una vaporización – término con el que el autor se refiere a la muerte de los que cometen traición.
 Debo decir que he adorado cada una de las palabras de este libro. El espíritu de Winston, sus ganas de establecer pequeños cambios, sumados a su miedo y su continua psicosis es, sencillamente, sublime. Orwell nos presenta a un protagonista mayor, con una úlcera en la pierna, alguien que se dedica a modificar el pasado en el Ministerio de la Verdad. ¡Preciosa ironía, su trabajo! Me fascinó leer las reflexiones de Winston Smith, cómo él entendía el horrible mundo en el que vive, cómo rescata pensamientos de antes de el Gran Hermano – alguien que recuerda a Hitler y Stalin –. Él, de pequeño, era poco más que un monstruo llorón y quejica, alguien que hizo imposible la vida a su madre y su hermana. Alguien que vivió tiempos de guerra y pasó hambre, alguien que no puede tolerar una dictadura, porque sabe que, aunque le priven de ellos, tiene derechos.
 Sobra decir que, mayoritariamente, el libro es una novela de situación. La realidad de Winston está tan bien trabajada, tan bien construida, que cada página se convierte en un ladrillo más de la barbarie. Un detalle curioso, al menos a mi juicio, fue el asunto de la “Nueva Habla”. Acortar las palabras, mandar al infierno a otras. Simplificar la vida hasta el límite de que cometer crimen pensar sea imposible. Aterrador, ¿verdad?
 Como decía unos párrafos más arriba, el crimen pensar es algo, a mi modo de entender las cosas, del todo surrealista. Un modo meramente intuitivo de interpretar los gestos faciales, de generar miedo para que cualquier sujeto confiese todo aquello de lo que se le pueda acusar. ¿Y cómo hacen esto? Con las malditas telepantallas. Como suena. Una televisión enorme en la que siempre hay alguien vigilando todos tus malditos movimientos, incluso cuando duermes. Encantador, ¿eh?
 Si me paro a pensarlo, no puedo contaros mucho más sin entrar en la zona de los spoilers. Sólo os diré que un día, nuestro protagonista decide comprar un cuaderno de hojas gruesas – unas que él llama “hojas nata” – y empieza a volcar en ellas sus pensamientos. ¿Y cuál es el más fuerte, el más imperante, el que de verdad hace que siga respirando? Fuera el Gran Hermano.

 Y, ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler

 Chapó. Chapó una y mil veces a George Orwell. Escribir esto en 1948 tuvo que ser, cuánto menos, una tarea ardua. Ya no hablemos de poder hacer que su obra viera la luz. Así que sí, amigas y amigos, yo aplaudo a  este hombre por haber tenido las santas narices de hacer algo tan maravilloso, algo tan real, algo que denuncia con unas verdades del todo fulminantes.
 Winston se convierte, tras la compra del diario, en una próxima víctima. Él no entiende por qué no aparece la Policía del Pensamiento, por qué no se lo llevan y le hacen lo que sea que hagan con todos los “delincuentes” en el Ministerio del Amor. Pero, lo que de verdad no entiende, es cómo esa chica tan guapa, tan arrebatadoramente fuerte, del Departamento de Ficción, deja una nota en su mano en la que pone “Te quiero”.
 Veréis, la sociedad planteada por Orwell se rige por emociones básicas: el odio, el miedo y la euforia. Emociones que no llevan a nada bueno. La exaltación ante los triunfos, todos ellos meramente ilusorios, del ejército. El miedo a ser descubierto. El odio hacia todo lo demás. Por supuesto, no hay cabida para el amor y, pese a ello, Julia jura amar a Winston porque es como ella, alguien que no cree en nada de lo que escucha, alguien que se deja arrastrar por el sistema para sobrevivir.
 Contrariamente a lo que podáis pensar, Julia me gustó mucho. Me explico. La chica no tiene mayor aspiración que respirar cada día, seguir con su aburrida vida sin levantar la menor sospecha. Es fuerte, para nada sumisa y sabe lo que quiere. A Winston, al parecer – sinceramente, sigo sin entender qué demonios le atrajo de él, a la chica.
 Algo muy diferente, os diría de personajes como el señor Charington o O’Brien. Veréis, no quiero desvelar absolutamente nada pese a estar en la zona en la que, al menos a nivel teórico, soy libre de hacerlo; sólo os adelantaré que el primero tiene una tienda de objetos de segunda mano y alquila una habitación a Winston y Julia. El segundo, por su parte, es alguien que fascina a Winston hasta lo absurdo. No hablo (escribo) por hablar (escribir). Nuestro protagonista siente verdadera adoración hacia O’Brien. Algo en él hace que crea que le entiende y, permitid que me ponga cínica, vaya, si lo hace
 La novela carece de acción hasta más o menos las últimas cien o ciento cincuenta páginas. Una batalla continua por sobrevivir, eso sí, en la que la guerra de Oceanía – donde figura Londres con Australia y América – se lleva a cabo con aliados que varían entre Eurásia o Orientásia – según le vaya bien al Partido, claro. Total, es tan sencillo como modificar el pasado y que la gente sea borrega y se lo trague todo.
 Me gustó el hecho de que Winston tuviera el aplomo suficiente como para aceptar el libro de Goldnstein – máxima amenaza contra el estúpido Partido –. Me gustó, decía, porque demuestra que el hombre es un revolucionario de los de verdad. Una lástima que sus planes se vean truncados por culpa de, digamos, problemas de última hora.
 Sin entrar en detalles, diré que me pareció aberrante el trato que se le brindó en El Ministerio del Amor. Le hicieron de todo: pegarle, privarle de comer, de dormir, soltarle descargas de tres pares de narices… Pero, ojo, la peor de todas, a mi juicio, fue la justificación. El Partido no quiere crear mártires, no quiere asesina a “traidores” para convertirlos en símbolos de una revolución que sólo podrían llevar a cabo los proles – todas las personas que somos pobres, para que nos entendamos. La clase media, a más alargar –. Quiere que sean los propios “traidores” quienes quieran morir por haber desconfiado del Gran Hermano – símbolo inmortal de la causa –. Quieren que amen al Gran Hermano.
 No hablaré del final. No diré qué es lo que pasa con Winston. Sólo os diré que tenéis que leer este libro porque, como muy bien nos dice George Orwell, nadie debería ser el borrego de nadie. Nadie debería decirnos cómo debemos actuar, porque somos todos iguales. En cada sociedad, sea “x” o “z”, hay personas que, como nosotras y nosotros, piensan lo que se supone que deben pensar.
 Para mí, Winston es – y será –, un héroe. Alguien que lucha, que lucha de verdad, hasta que el poder fulminante lo pone de rodillas. Voluntad quebrada por la fuerza, una sombra, amigos y amigas. Un maldito héroe que no siempre gana la batalla.

Con todo, 1984 es una novela maravillosa. Con una prosa cuidada, directa y cruda; George Orwell nos sumerge de lleno en una historia truculenta, dolorosa. Una que habla de pensar, de abrir la mente. Una que habla de opresiones terribles. Por favor, leedlo.

Nota: 5/5

Citas

(…)
 Disimular los sentimientos, controlar la expresión de la cara y hacer lo mismo que todo el mundo era una reacción instintiva.
(…)

(…)
 Nada te pertenecía, excepto unos pocos centímetros cúbicos del interior de tu cráneo.
(…)

(…)
 Si el Partido podía alargar la mano hacia el pasado y decir que éste o aquél acontecimiento nunca ha pasado, ¿no era más terrible eso, sin ninguna duda, que la simple tortura y muerte?
(…)

(…)
 Era terriblemente peligroso dejar que los pensamientos se te fueran, vagando, cuando te encontrabas en un lugar público o dentro del radio de la telepantalla. El más pequeño pensamiento te podía llevar a la ruina: un tic nervioso, una mirada inconsciente de ansiedad, una costumbre de cavilar para ti mismo, cualquier cosa que comportara la sugerencia de falta de normalidad, de tener algo que esconder.
(…)

(…)
 El peor enemigo, rumiaba, es el propio sistema nervioso.
(…)

(…)
 Hasta que no se hagan conscientes no se rebelarán, y hasta que no se hayan rebelado, no podrán ser conscientes.
(…)

(…)
 En el campo de batalla, en la cámara de tortura, en el barco que se hunde, las ideas básicas por las cuales estás luchando siempre se dejan de lado, porque el cuerpo se embota hasta el punto de llenar todo el universo. E incluso cuando no te quedas paralizado por el miedo o no te pones a gritar por el dolor, la vida es una lucha segundo a segundo contra el hambre, el frío o la imposibilidad de dormir, contra un ardor de estómago o un dolor de muela.
(…)

(…)
 Todo el mundo deseaba un lugar en el que poder estar solo de vez en cuando. Y cuando se conseguía un lugar así, era un deber de cortesía en cualquiera que lo conociera de guardar dicho lugar para sí mismo.
(…)

(…)
 Si quieres a alguien, le quieres, y cuando ya no tienes nada más que darle, le das amor.
(…)

(…)
 Era curioso pensar que el cielo era el mismo para todo el mundo, tanto en Eurásia, como en Orientásia, como aquí. Y las personas bajo el cielo eran también más o menos iguales en todos sitios, en el mundo, centenares de miles de personas, ignorantes de las existencias de los unos y los otros, mantenidas a parte por muros de odio y mentiras, y pese a esto, casi exactamente las mismas.
(…)

(…)
 ¿Qué puedes hacer, pensaba Winston, contra un lunático que es más inteligente que tú, que da a tus argumentos la oportunidad de ser escuchados imparcialmente y luego, simplemente, persiste en su locura?
(…)


22/4/17

RESEÑA #82: EL DIARIO DE BRIDGET JONES


RESEÑA #82: EL DIARIO DE BRIDGET JONES

¡Hola, hola, hola!

  ¿Qué tal han ido las vacaciones? ¿Disfrutando del último fin de semana? Yo la verdad es que no puedo quejarme. Después de unas semanitas de un poco de descontrol, por fin todo en orden. Sí, sí. Incluso me ha dado tiempo de leer un libro, en estos días. Hablando de libros… ¡Qué ganas de que sea domingo! No veo la hora de romper el papel y encontrarme una joyita – sí, tengo plena confianza en que será una joyita y no un disgusto –; pero, contadme, ¿habéis pensado ya que libro regalaréis? ¿Os haréis un auto-regalo?

 No os molesto más… ¡Dentro reseña!

Ficha técnica


Título: El diario de Bridget Jones
Autora: Helen Fielding
Editorial: Booket
Número de páginas: 352
ISBN: 9788408121893
Precio: 17,00€
Sinopsis

Bridget Jones es un personaje icónico que dio origen a todo un género: una treintañera, soltera y de hábitos poco saludables que comienza a escribir un diario personal. En la primera página, detalla una lista de buenos propósitos para, según ella, convertirse en una mujer adulta y responsable preparada para encontrar a su príncipe azul. Pero, por mucho que Bridget se empeñe, en las peripecias del día a día y en sus relaciones personales seguirá siendo la misma chica, sensible e inocente, inoportuna y patosa pero, ante todo, entrañable y muy, muy divertida.
Tras su publicación, y más tarde con la adaptación cinematográfica protagonizada por Renée Zellweger, Hugh Grant y Colin Firth, El diario de Bridget Jones supuso un éxito mundial, con más de quince millones de ejemplares vendidos.

Mi opinión

 Los propósitos de año nuevo son algo así como el eterno pendiente de todo el mundo. Fumar menos, dejar la bebida, perder peso, ser feliz con pocas cosas y una infinita sucesión de cosas que, aunque sabemos que no vamos a cumplir, incluimos para sentirnos bien. Así es cómo Bridget, nuestra protagonista, inicia su diario. Una lista de cosas que sí debe hacer y una lista con lo que no debe hacer. ¿Y lo consigue? Bueno, primero vamos a ver qué clase de persona es nuestra Bridget.
 La verdad, la pura realidad, es que Bridget Jones es una mujer desgraciada – las cosas como son –. Su vida es un completo desastre, pero no por el hecho de que esto sea realmente cierto, sino porque ella, nuestra Bridget, no se quiere a sí misma. Así, nuestro pequeño desastre está locamente enamorada de su jefe, Daniel Cleaver, un completo capullo, si me permitís la expresión. Ojo, no digo que el personaje sea horrible, ¡todo lo contrario! Está tan bien confeccionada su personalidad destructiva que no pude más que alabar el trabajo de Helen Fielding. No es fácil construir a un monstruo y mostrar sus claroscuros, ¿no creéis?
 A parte de su amor imposible, nuestra protagonista empieza a ser testigo de cómo la relación de sus padres se viene abajo. Y no sólo eso. En la fiesta de año nuevo tiene la desgracia de ir a un bufé en el que, ¡sorpresa!, conoce a Mark Darcy, un soltero de oro que no podría ser más estirado ni aunque se entrenase cada día – aunque es posible que lo haga, quién sabe.
 ¿Algo más? Oh, esto sólo es el principio. Jones quiere perder peso, quiere dejar de fumar y quiere dejar de beber como si no hubiera un mañana; porque, ¡atención!, la tía se pimpa una de alcohol que ni yo en mis mejores noches.
  No voy a mentir, yo no me veo reflejada en Bridget Jones. Quiero decir, no puedo concebir que alguien sea tan sumamente desgraciado – y eso que a todas y todos nos pasan cosas muy fuertes, a veces –, pero, lo que es más importante, no concibo que alguien cambie de humor tan de repente. Me explico. Nuestro pequeño desastre se pasa el día lamentándose por no ser atractiva, por no lograr la atención de Daniel – el muy desgraciado –. Esto no me molestaría de no ser por el hecho de que, igual que dice lo expresado anteriormente, pasa a un estado de absoluta euforia. Se considera a sí misma una diosa, luego poco más que una colilla. ¿Entendéis ahora por qué me ponía tan nerviosa?
 Pensaréis que he odiado el libro. Nada más lejos de la verdad. En mi humilde opinión, Helen Fielding ha hecho un trabajo muy bueno, con esta novela. Por una vez, no se nos presenta una chica despampanante, una de esas que no sabe que es guapa a dolor. Bridget Jones no es tímida en las relaciones, no es de esas que se ruborizan cuando cuentan a sus amigas que ha echado un polvo – algo que, a mi juicio, es maravilloso; porque la vergüenza era verde y se la comió una cabra –. Es por eso, y por muchas otras cosas que comentaré con más detalle, que Bridget merece una oportunidad. Eso sí, amigas y amigos, armaros de paciencia.
 Tras el nuevo comienzo de año, algo sucede. Daniel Cleaver empieza a mandarle correos de contenido que nada tiene que ver con el trabajo y, loca de alegría por tener la atención de su jefe, nuestra protagonista se enfrascará en algo que, con suerte, tal vez termine siendo una relación. Ahora bien, no es oro todo lo que reluce.
 ¿Qué hay de ese abogado estirado, Mark Darcy? ¿Por qué parece odiar a Daniel? ¿Y qué pasa con Cleaver? ¿Es qué lo único que sabe hacer es echarse unas risas a costa de Bridget?

 Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler

 Si soy sincera, el formato del libro no es el mejor. Hablo desde la más absoluta de las subjetividades, porque yo nunca he mantenido un diario más de dos días. Supongo que es una cuestión de gustos – incluso de constancia –, pero exponer cosas tan personales como las que Bridget nos muestra sería maravilloso si realmente existiera. Vamos a poner un ejemplo, para que entendáis mi punto de vista. Si cualquiera de mis amigas tuviera un diario, para mí sería muy sencillo cogerlo, violar su intimidad y hacerme una idea clara de todo. Ahora bien, si leo sobre una persona a la que no conozco de nada o, como en este caso, un personaje de libro; necesito muchos más datos.
 Tras mi queja, quiero pasar a comentar dos aspectos más que, al menos a mi juicio, merecen atención. Me considero feminista, muy feminista, de hecho; y, pese a todo, no he podido congeniar del todo con Sharon. El caso es que esta chica, más que feminista, es una hembrista de tomo y lomo – asumo que sobra aclarar la diferencia entre ambos términos –. Aprovecho la reseña para decir que todos somos iguales. Yo no quiero tratos especiales por tener vagina, amigas y amigos, con ser una persona más tengo suficiente.
 Mi otro comentario irá referido al mejor amigo de Bridget. Me gusta el hecho de que no sea uno de esos personajes tremendamente estereotipados a pesar de ser gay. Recuerdo la primera vez que vi Sexo en Nueva York, por aquel entonces yo tendría unos doce o trece años y quedé totalmente deslumbrada con Stanford, el amigo gay de Carrie. ¿Por qué? Pues porque lo enfocaban como una de esas “locas” que, sintiéndolo mucho, a mí me ponían un poquito histérica. Así que aquí rompo una lanzar a favor de Helen Fielding. Tom es un personaje maravilloso, el amigo que toda persona querría tener. Sin prejuicios, con una solución para todo. Fuerte y débil al mismo tiempo.
 Tal vez lo que más me molestó fue la relación que se establece entre Bridget y Daniel; y esto, que conste, no lo digo por el hecho de que él le diga cosas como “foca frígida”, etc.; sino por el hecho de que él no la quiere y lo deja bien claro en todas y cada una de sus asquerosas acciones. Veamos, ¿qué clase de “novio” – permitid que me ponga un poco escéptica con la palabra – no quiere salir de casa con su “novia”? ¡Dios le libre de que los vean juntos por la calle! ¿Y qué clase de novio te deja tirada en el último momento para ir a una fiesta? Ya os lo digo yo, un novio de mierda. Porque sí, porque Daniel será ocurrente, mordaz e incluso divertido; pero no es más que un saco de prejuicios. ¿Y qué, si Bridget no está delgada? ¿Y qué, si ella no siente vergüenza de ir a una fiesta disfraza de conejito? ¡Es valiente, maldita sea!
 Mark Darcy tampoco fue plato de mi agrado, a lo largo de la novela. Me pareció una persona reprimida, demasiado introvertida. Alguien que necesita la aprobación de su familia, alguien que se deja mangonear. Debo decir, muy a mi pesar, que su actitud viró drásticamente en la recta final. Su comportamiento para con su familia así como Bridget fue valiente, muy valiente.
 No puedo olvidar a la madre de nuestra protagonista, por supuesto. Lo creáis o no, no llegué a odiarla. Entendía que estuviera harta de su matrimonio, sus razones tenía, la mujer; aunque sí debo decir que no fue demasiado sensato, por no decir absolutamente estúpido, dejarse llevar por su amante. Ahora bien, si queréis saber más sobre ella, tendréis que leer el libro.
 Poco más que decir. No creo que sea un libro de lectura obligatoria, ni siquiera algo que haya que leer para adaptarse al género romántico. No hay palabras de amor, realmente; ni siquiera confesiones desgarradoras o dramas. Pese a ello, yo os invito a que le deis una oportunidad. Los prejuicios, así como el egoísmo, la amistad y la familia impregnan las páginas de esta novela; ¿de verdad os lo vais a perder?

Con todo, El diario de Bridget Jones es una novela facilita de leer; con personajes que arrancan sonrisas, con personajes que cabrean y, sobre todo, con situaciones surrealistas que arrancan más de una carcajada.

Nota: 3/5

Citas

(…)
-Sí, ¿cómo es que aún no te has casado, Bridget? – ha preguntado con una sonrisa Woney (que es como llaman los niños a Fiona, casada con Cosmo, amigo de Jeremy) con una ligerísima nota de preocupación en la voz, mientras se acariciaba la barriga preñada.
 Porque no quiero acabar como tú, que eres una vaca de leche gorda, aburrida y pretenciosa, le tendría que haber dicho, o Porque si tuviera que hacerle la cena a Cosmo y después meterme en la misma cama con él aunque fuera una sola vez, por no decir cada noche, me arrancaría la cabeza y me la comería, o Porque de hecho, Woney, debajo de la ropa tengo todo el cuerpo completamente cubierto de escamas.
(…)

(…)
-[…] Quiere que me vaya una temporada de casa, dice, y… y… – Ha vuelto a hundirse, lloriqueando en voz baja.
-¿Y qué, papá?
-Dice que yo pienso que el clítoris es un ejemplar de la colección de lepidópteros de Nigel Coles.
(…)

(…)
 Es como esta gente que se inventa una mentira como excusa, en verdad de la verdad, aunque decir la verdad sea mejor excusa que la mentira.
(…)

(…)
-¡Ay, va! ¡Ay, va! – decía, con los puños levantados como un boxeador –. Pienso en Elizabeth Hurley. Pienso cómo puede ser que dos meses después, todavía estén juntos. Pienso cómo puede ser que él no salga escaldado. ¿Cómo es que un hombre con una novia que está tan buena como Elizabeth Hurley hace que una prostituta le haga una mamada en una vía pública y encima se libra? ¿Qué ha pasado con aquella legendaria mala leche de la mujer despreciada?
 No me lo podía creer. ¿Y los contraministros de la oposición? ¿Y el proceso de paz? Era evidente que aquel hombre quería saber qué tenía que hacer él para poder irse a la cama con una prostituta sin sufrir las consecuencias.

(…)

16/4/17

Retazos #4: Personas valientes

Personas valientes

¡Hola, hola, hola!

 ¿Qué tal os ha tratado la semana? ¿Las vacaciones han ido bien? Yo las cogí el jueves y… ¡Qué ganas tenía!

 Esta vez no quería traer una reseña, ni siquiera un book-tag. Lo que quería era escribir algo que, al menos a mí, me ayudara a darle una buena patada en el culo a todos los problemas. Porque sí, porque los problemas dan asco y la vida es demasiado corta como para dejar que un puñado de estupideces nos quite el sueño. ¿Recordáis lo que dije sobre el tiempo? Pues que se jodan también los problemas.

 ¡Vamos a ello!
Personas valientes


 Érase una vez una Mentira, una Mentira con las patas muy largas; una Mentira que nada tenía que ver con las demás. Érase una vez una Mentira, no sólo con las patas muy largas, sino con los dientes afilados, los ojos vacíos y la lengua muy bífida.
 Érase un día cualquiera, una tarde como todas las demás, en las que ella creía ser la cobarde de los dos, la que ponía pegas a todo lo que él proponía. Érase una vez el único día bueno de todos los que habían revoloteado sobre sus cabezas, porque llegó la Mentira. El bicho de las patas largas, el animal de la lengua bífida.
 Érase una vez Alguien, Alguien lo suficientemente estúpido como para ingeniar un entramado de tonterías infinitas, todas ellas orquestadas por el Capitán de la Cobardía, la mano derecha de la Mentira.

 Érase una vez una Persona que había dejado de ser quién era, Alguien que sólo pensaba en objetivos absurdos, en complacencia, en mentiras disfrazadas de gestos altruistas. Érase una vez una Persona, Alguien… érase una vez un imbécil que, de tantas mentiras que decía, se quedó solo con el Capitán de la Cobardía y la estúpida Mentira. 

8/4/17

Wrap Up Marzo (2017)


WRAP UP

Marzo (2017)

¡Hola, hola, hola!

 Una semana más bien asquerosa, eso ha sido. Pero la palma se la llevó el viernes. Me olvidé la comida en casa, cuando pedí cita para el médico la operadora se portó como una completa imbécil – creedme, de haber un premio a tía borde, ella lo ganaba. Palabrita –, luego una señora que me conoce me giró la cara en mis santas narices – vaya a ser que sea educada, ¡por favor! – y, para terminar de joder la marrana (ozú, que bien hablada soy), vi una pelea de tres pares de narices entre un ciclista y un hombre que, sintiéndolo mucho, se pasó trescientos pueblos de listo. Pero, eh, lo más traumático fue no poder comer (¿Dónde tiene la cabeza, esta chica? Nadie lo sabe).

 En fin. Tenía que decirlo. ¡Siguiente tema! ¿Ya habéis pensado qué regalaréis el Día del Libro o Sant Jordi? Yo, por sorprendente que parezca, sí. Cada año me rompo los cuernos pensando qué puedo regalar, pero este año la Señora de las Pistas ha sido un poco más generosa – Dios le libre de darme un título concreto – y… creo que acertaré.

 Pasando a cosas que de verdad os interesan o, en su defecto, que os parecerán menos insustanciales que éstas, quería traeros mis lecturas del mes de marzo. Sé que ésta tendría que haber sido la entrada de la semana pasada, pero me puse caprichosa y os traje una reseña. ¿Vamos a ello?



REVELACIÓN (ÉXODO 2), de Anissa B. Damon

Nota: 4.5/5




 El mes empezó francamente bien, ¿verdad? Yo, que decía que iba a ser más estricta dando las notas, y me he pasado todo marzo dando notazas. Qué le vamos a hacer, está claro que soy una mujer muy altruista (nótese el sarcasmo).
 Ya comenté en la reseña lo muchísimo que me gustó esta segunda entrega de trilogía. Supongo que lo mejor fue poder descansar un poco de Christian, para poder ver con perspectiva todo lo que estaba sucediendo alrededor de Lena. Ojo, no digo que el señor Dubois no me guste – no soy tan tonta, ni tan ciega –, sino que estuvo bien ver que… bueno, que había más personajes en los que poner todas mis atenciones, vaya.
 No quiero decir mucho más – para una parrafada terrible, os remito a la reseña –, pero sí que os pido, de corazón, que deis una oportunidad a la trilogía. Vale la pena. Además, con finales como el de este libro, cualquiera se lanza a por la última parte.

SOMBRA (MY LAND 2), de Elena P. Melodia

Nota: 2/5




 La gran decepción del mes, y probablemente también del año. Para todas aquellas personitas que me sigáis desde hace tiempo – ¡un millón de gracias! –, estoy segura de que sabéis lo muchísimo que me gustó la primera parte de la trilogía, Oscuridad (reseña). Contaba con todos los factores para que a mí se me cayera la babilla leyendo: una atmósfera gris, una prosa deliciosamente melancólica y unas situaciones de lo más tensas que, si bien no me ponían los pelos de gallina, me parecían de lo más truculentas. ¿El problema? Muy sencillo: su segunda parte no está a la altura de la predecesora; pero no sólo eso. Tampoco está a la altura de la idea de la que parte la trilogía. Sinceramente, no comprendo por qué demonios la autora ha convertido algo tan maravilloso en algo tan surrealista y lamentable.
 No creáis que me gusta ser tan dura, de hecho, me sabe mucho peor de lo que podéis imaginar. Pero es la verdad y, como dijo alguien muy sabio una vez, “prefiero verdades terribles a mentiras amables”.
 ¿Conclusión? Si queréis empezar la trilogía, yo os animo, de verdad. Eso sí. Dejadlo ahí. Imaginaos el final que queráis, dejar que los personajes ronden por vuestra cabeza hasta que lleguéis a alguna idea genial. No destrocéis la historia, como, sin embargo, sí que he hecho yo.

LA DECISIÓN DE BECCA (EL DIVÁN DE BECCA 3), de Lena Valenti

Nota: 4.5/5

(Sin reseña para el blog)



 Tras el terror, llegó un libro maravilloso. El caso es que empecé la trilogía hace ya un año, pero, para variar, no me animaba a terminarla. Está más que claro que tengo un problema importante con los finales. Comentarios innecesarios aparte, adoré cada palabra de este final de trilogía – ¿por qué no le has dado un 10, entonces? No seáis impacientes, en seguida os lo cuento –; hasta que llegó el final y me faltó un capítulo más. Todo caprichoso, no penséis que el final es malo. Pero yo, que me declaro una anti-romance a nivel personal, no vi saciado mi yo romántico literario. ¿Me he explicado?
 En esta última parte, nuestra querida Lena se luce – ¡cómo no! –, dejándonos con mil interrogantes que se van resolviendo a lo largo del libro. Por fin entendemos por qué Axel a veces es un completo idiota y, lo que es más importante, sabemos quién demonios es Vendetta. Si queréis mi opinión al respecto, no pudo ser mejor la elección del personaje antagonista.
 De verdad, TENEIS que leer algo de Lena Valenti. No os hacéis una idea aproximada de lo que os estáis perdiendo.

DIARIO DE UNA VOLÁTIL, de Agustina Guerrero

Nota: 5/5

(Sin reseña para el blog)



 El colmo de lo adorable, eso es esta especie de novela gráfica. El caso es que no pensaba que fuera a gustarme tanto pero, ¡jo, lo que me llegué a ver en el personaje de la Volátil! Me pareció una idea muy humana, con todas esas pequeñas cosas que nos pasan a todas – y a más de uno también, no creáis que es una historia pensada sólo para chicas.
 Llegar tarde, no querer levantarse, tener una pereza mortal a depilarse (porque duele y porque es un coñazo, ¡qué narices!), mirarse en el espejo y encontrar esos pequeños fallitos que sólo nosotras vemos, estar en las nubes la mayor parte del día, buscar algo que nos motive a seguir luchando por nuestras metas… y sonreír mucho, muchísimo.
 Decidme, ¿os he convencido?

TOKIO BLUES, de Haruki Murakami

Nota: 5/5



 ¿Me podéis decir a qué estáis esperando? Yo era de esas personas que no se animaban con el autor por si no acababa de comprenderlo todo, por si era la única a la que no acababa de gustarle o miles de “por si” más que no venían para nada a cuento. ¡Y me ha encantado!
 Este hombre tiene el don de la palabra, de verdad os lo digo. La historia a mí me fascinó. Adoré a Watanabe, a Midori y a Nagasawa; me harté de Naoko en el minuto cero y me quedé con las ganas de saber más sobre Kizuki. Porque Murakami consigue humanizar a los personajes, porque nos arranca sonrisas de las buenas y de las tristes. Porque la historia cala hondo. Porque, antes o después, todo el mundo tiene que encontrarse a sí mismo.


Y estas fueron mis lecturas del mes de marzo. No está mal, ¿verdad? Hacía tiempo que no leía tanto.

Pero ya sabéis que yo no soy divertida, ni siquiera interesante. ¡Quiero que habléis (escribáis) vosotras y vosotros!

 ¿Qué leísteis en marzo? ¿Algún título que recomendéis con mucho ahínco? ¿Alguna decepción apoteósica? ¿Habéis encontrado citas que partan el alma? ¿Un nuevo personaje favorito?

¡Contadme, contadme, contadme!


¡Un besazo tremendamente grande y… nos leemos muy prontito!

2/4/17

RESEÑA #81: TOKIO BLUES


RESEÑA #81: TOKIO BLUES

¡Hola, hola, hola!

 Cumplo un poco tarde, pero cumplo, que es lo importante. He estado un buen rato dándole vueltas a qué podía subir y, aunque sé que debería haberme inclinado por un Wrap Up, he decidido dejarlo para la semana que viene y así poderos hablar de algo francamente maravilloso. Ahora bien, si no habéis leído aún el libro, no os aconsejo leer la sinopsis. Se cuenta demasiado, por no decir casi todo. Dicho esto…  ¡Dentro reseña!

Ficha técnica


Título: Tokio Blues
Autora: Haruki Murakami
Editorial: TusQuets Ediciones
Número de páginas: 391
ISBN: 9788483103074
Precio: 19,00€

Sinopsis

 Mientras su avión aterriza en un aeropuerto europeo, Toru Watanabe, de treinta y siete años, escucha casualmente una vieja canción de los Beatles: de pronto, la música le hace retroceder a su juventud, al turbulento Tokio de finales de los sesena. Recuerda entonces, con melancolía y desasosiego, a la inestable y misteriosa Naoko, la novia de su mejor – y único – amigo de la adolescencia, Kizuki, y cómo es suicidio de éste les distanció durante un año, hasta que se reencontraron en la universidad. Iniciaron allí una relación íntima, truncada, sin embargo, por la frágil salud mental de Naoko, a quien hubo que internar en un centro de reposo. Al poco, Watanabe se enamoró de Midori, una joven activa y resuelta. Indeciso, acosado por los temores, Watanabe sólo experimentaba el deslumbramiento y el desengaño allá donde todo debía cobrar sentido: el sexo, el amor y la muerte. La insostenible situación le llevó entonces a intentar alcanzar el delicado equilibrio entre sus esperanzas y la necesidad de encontrar su lugar en el mundo.

Mi opinión

Watanabe no es un chico como todos los demás. Él no tiene un compañero de residencia sucio, que no sepa ni de qué color es el suelo; no disfruta estando rodeado de gente o haciendo lo que todo el mundo hace cuando empieza la universidad. No. Watanabe perdió a su mejor amigo porque el susodicho decidió suicidarse sin dar una sola explicación. Entonces su mundo, sin más, se desmoronó. Alejarse de su ciudad natal, así como de su pasado, se convierte en la necesidad número uno de nuestro protagonista, ese chico que mata las horas leyendo buenos libros, tomando café y té. Es así como llega a Tokio. Es así como su vida, aunque él no lo sepa, está a punto de dar un giro de 180º.
 Había oído hablar de este hombre tantas veces y tan bien... Ni una mala referencia – bueno, realmente sólo una –, nada que me hiciera pensar que fuera a encontrarme algo que me desagradara; y, pese a todo, yo, más tozuda que una mula, no me animaba. Me da mí que voy a tener que dar gracias porque un día se me iluminase la bombilla y decidiera ir a la biblioteca a rescatar una de sus obras – o a mi madre, que fue la que me comentó que quería leer algo más del autor. Maldita sea, ¿por qué las madres siempre tienen razón?
 Haruki Murakami tiene una forma de escribir muy peculiar, muy suya, diría yo. Es una prosa decadente, triste, melancólica; y, pese a todo, hermosa. Me explico. No hay ni un rastro de esperanza, ni un deje de ilusión en una sola de sus palabras. Cada una de ellas podría tildarse de gris, como una de esas tardes de lluvia en la que la dulce y visceral melancolía se cierne sobre nosotros y nos sumerge en un letargo pesaroso.
La nueva vida de Watanabe es más bien aburrida. Cada día, su compañero de habitación – Tropa-De-Asalto, para los amigos – se levanta a las 06:30 para hacer sus (puñeteros) ejercicios matutinos. Aquí me veo en la obligación de decir que, si yo tuviera que vivir con alguien así, tendríamos un problema muy serio. ¡A esas horas se duerme, por el amor de Dios! Dejando mis aportaciones innecesarias de lado, nuestro protagonista se limita a ir a sus clases de teatro y arrastrarse de nuevo a la residencia. Pero, ojo, no es todo monotonía, no. Un día, en el tren, se encuentra con Naoko, la que fue la novia de Kizuki, su difunto mejor amigo. Surge, así, algo muy similar a una simbiosis. Una simbiosis que, si queréis mi opinión, es tóxica desde el minuto cero.
 No voy a mentir, ni siquiera voy a adornar la verdad. A mí Naoko no me gustó nada de nada. Es una chica con muchas sombras, con matices de talante siniestro, casi neurótico, que, al menos a mi juicio, sólo conseguían hundir más y más a Watanabe. Con esto no quiero decir que el libro trate una relación que raya en lo malsano. ¡Todo lo contrario! Sencillamente, quiero dejar claro para todas aquellas personas que no sepáis si animaros o no con Murakami que vale muchísimo la pena conocer esta historia. Ahora bien, no esperéis héroes, chicas fuertes o dulzura. No esperéis palabras de amor que os desgarren el corazón. No esperéis nada. Entonces os daréis cuenta de que esta novela es una verdadera joya.
 Naoko y Watanabe deciden verse todos los domingos para pasear. Ella siempre unos pasos por delante, él siempre por detrás, esperando a que hable. Y silencio. Sobre todo, silencio. La historia empieza de verdad el día del cumpleaños de nuestra curiosa Naoko. Día que hará que ella decida hacer algo por sí misma.
 Antes de pasar a la parte que contiene spoilers, quería comentar una cosa que, al menos a mí, me resultó muy curiosa. Creo que de las primeras veces en las que leo un libro con unos diálogos tan curiosos. Quiero decir, ¿no os pasa a veces (siempre) que cuando estáis con vuestras amigas y vuestros amigos no sabéis de qué narices hablar y decís tonterías? Sí, esas conversaciones que no tienen nada que ver con nada, pero que pueden llegar a ser de lo más divertidas o curiosidas. Pues eso es lo que hay aquí. ¡Y ya era hora, porque estaba un poco harta de esas conversaciones tan profundas que me hacían sentir como si fuera poco más que una ameba!

 Y, ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler

 Estoy sin palabras. Tal cual. Hay tanto en tan poco que ni siquiera sé por dónde empezar a deciros lo maravilloso que es este libro. Maldita sea, ¡hacía mucho tiempo que no devoraba una historia con tantas ganas! Watanabe ha pasado a ser, a mi juicio, uno de los mejores protagonistas sobre los que he tenido el placer de leer; y es que este chico, aunque tiene momentos malos, siempre encuentra la luz al final del túnel. Puede que la luz no sea la más brillante, la más esperanzadora; pero es una luz que, aun siendo gris, conduce al cambio y, ¡joder, cómo se agradece eso!
 Tras saber que Naoko ha decidido rehacer su vida internándose en una institución de sanación mental, nuestro chico favorito se sume en algo muy parecido a la depresión. Pasando días y más días escribiendo cartas a la pobre chica desaparecida, ahora solo en la habitación porque Tropa-De-Asalto se ha marchado; conoce a Nagasawa y a Midori.
 Quisiera hablaros de forma individual de cada uno de ellos, porque son personitas que de verdad valen la pena. Nagasawa es un conquistador, un chico con mucha labia y un cerebro envidiable; uno de esos tíos que consiguen lo que quieren cuando quieren, sólo porque son lo suficientemente persistentes. Su visión de las relaciones de pareja, aunque a muchas y muchos de vosotras y vosotros pueda parecerle aberrante, a mí me encantó. Quiero decir, no estoy de acuerdo con el hecho de que lo hiciera todo delante de las narices de su novia – chica que, personalmente, me dio mucha pena –; pero sí considero que está bien tener las narices de decir que no quieres nada serio en tu vida sin esperar a que te lapiden por ello.
 Midori fue, sin lugar a dudas, la mejor de la historia, junto con Watanabe. Esa chica es una cabra loca, eso sí, con las ideas muy claras. Se desvive por su padre enfermo, hace lo imposible por salir adelante y, ante todo, se convierte en el pilar de apoyo de nuestro protagonista, ese pobre idiota que bebe los vientos por Naoko, aunque sepamos desde el inicio que esa historia no va a acabar bien. Tal vez lo mejor de la personalidad de Midori sea el hecho de que ella, contra todo pronóstico, cree en el amor, ese desgarrador y pasional. ¿Y por qué digo esto? Me fascinó el enfoque que ofrece sobre cómo quiere que sean con ella. Me pareció francamente tierno porque la chica, aunque se las dé de dura, lo único que quiera es que la quieran de verdad.
 No creáis que soy una desalmada, alguien que no puede concebir que la pobre Naoko estuviera tan tocada. La entiendo, de verdad que sí, pero su posición no dejó de parecerme egoísta. La chica no hacía más que buscar excusas para no tener que seguir adelante, para poder sumirse más aún en su propia miseria. ¿Y por qué? Porque era la vía fácil, porque ella no dejaba de ser una cobarde. Una cobarde egoísta, por supuesto, ya que en ningún maldito momento consideró seriamente el hecho de no tener a Watanabe bien cogido.
 Decía hace un rato que no esperáis palabras de amor, escenas dulces o situaciones de las que te hacen sonreír de oreja a oreja. Y lo mantengo. A lo largo de toda la historia, vamos descubriendo todas las sombras de los protagonistas. Dramas edulcorados por frases de superación, actitudes desafiantes y corazas. Miles de corazas. Incluso la música se convierte en un protagonista más, uno tan decadente como todos los demás, aunque precioso en sí mismo.
 No quiero hablar mucho más, porque lo último que quiero es soltar algo de lo que luego tenga que arrepentirme – lo sé, estamos en la zona spoiler, pero tampoco es cuestión de que, leyendo esta reseña, sepáis todo lo que pasa –, aunque sí hablaré sobre dos cosas más. La primera de ellas, como no puede ser de otro modo, es la institución a la que acude Naoko en busca de algo de paz.  Fue curioso ese estilo de terapia, tan austero y poco materialista, aunque muy bonito. La segunda es Reiko. Esta mujer – la compañera de casa de Naoko en la institución – es sencillamente maravillosa. Un amor. Otro personaje con un pasado atroz.
 ¿Qué queréis que os diga? Haruki Murakami se ha ganado mi respeto y, por el momento, mi absoluta adoración. Una historia así merece ser leída, porque es de las que rompen, no porque sea todo tan triste que raye en lo absurdo, sino porque cada palabra, contada muchos años después de la acción propiamente dicha, es perfectamente consecuente. No hay abrazos, palmaditas en la espalda o lágrimas sentidas por todo lo que ha pasado. No. Sólo hay una paz casi irreal alrededor de cosas de las que nadie quiere hablar. Y eso es maravilloso, porque no es síntoma de que se acepta el pasado, aunque duela.
 El final es perfecto. Sin más. Cada palabra del último capítulo es, sencillamente, lo que tenía que ser. De verdad os lo digo: leed este libro.

Con todo, Tokio Blues es un libro maravilloso. Una historia cargada de claroscuros, de luces y sombras. Una novela de prosa excelente. Un viaje de no retorno a algo que, de verdad, vale muchísimo la pena.

Nota: 5/5

Citas

(…)
 <<La muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella>>.
(…)

(…)
-¿Cuál crees que es la mejor ventaja de ser rico?
-No lo sé.
-Poder decir que no tienes dinero. Por ejemplo, yo iba y le proponía hacer algo a una compañera de clase. Entonces ella me decía: <<No puedo. No tengo dinero>>. Yo, en cambio, hubiera sido incapaz de decir lo mismo. Si yo decía <<No tengo dinero>>, era porque no lo tenía. ¡Patético! Igual que una chica guapa puede decir: <<Hoy me veo tan horrorosa que no me apetece salir>>. Eso mismo, en boca de una chica fea, da risa. Éste fue mi mundo durante seis años, hasta el año pasado.
(…)

(…)
-Tengo miedo de morir de ese modo. La sombra de la muerte va invadiendo despacio, muy despacio, el territorio de la vida y, antes de que te des cuenta, todo está oscuro y no se ve nada, y la gente que te rodea piensa que estás más muerta que viva… Es eso. Yo eso no lo quiero. No podría soportarlo.
(…)

(…)
-¿No es tu querido Scott Fitzgerald quien decía que uno no puede fiarse de las personas que se tienen por personas corrientes?
(…)

(…)
-[…] Todos esperaban que lloráramos. Pues razón de más para no hacerlo.
(…)

(…)
-En la residencia el teléfono está en el vestíbulo, junto a la entrada. Siempre hay gente entrando y saliendo – le expliqué –. Si me masturbara en un lugar así, el director de la residencia me mataría de un guantazo. No me cabe duda.
-¡Vaya problema!
-Problema, ninguno. Un día de éstos volveré a intentarlo.
-¡Ánimo!
(…)

(…)
 El tiempo transcurría al ritmo de mis pasos. A mi alrededor, hacía tiempo que todos habían emprendido la marcha, y yo y mi tiempo seguíamos arrastrándonos con torpeza por aquel lodazal. A mi alrededor, el mundo estaba a punto de experimentar grandes transformaciones. John Coltrane y muchos otros habían muerto. La gente clamaba cambios, y éstos se encontraban a la vuelta de la esquina. Pero los acontecimientos que tuvieron lugar, todos y cada uno de ellos, no fueron más que pantomimas carentes de entidad y significado. Y yo me limitaba a vivir día tras día sin apenas levantar la cabeza. Lo único que se reflejaba en mis pupilas era aquel lodazal infinito. Levantaba el pie derecho, luego el izquierdo, de nuevo el pie derecho. Ni siquiera sabía con certeza dónde me encontraba. No lograba orientarme. Sólo sabía que tenía que dirigirme a alguna parte y, por ese motivo, movía los pies.
(…)

(…)
-[…] ¿Puedo darte un consejo?
-Claro.
-No te compadezcas de ti mismo. Eso sólo lo hacen los mediocres.
(…)

(…)
-En una caja de galletas, hay muchas clases distintas de galletas. Algunas te gustan y otras no. Al principio te comes las que te gustan, y al final sólo quedan las que no te gustan. Pues yo, cuando lo estoy pasando mal, siempre pienso: <<Tengo que acabar con esto cuanto antes y ya vendrán tiempos mejores. Porque la vida es como una caja de galletas>>.
-Eso es filosofía.
-Pero es cierto. Yo lo he aprendido de manera empírica – dijo Midori.

(…)