13/10/17

Reflexiones de una lectora #5: Personitas que crecen leyendo



Reflexiones de una lectora


5


¡Hola, hola, hola!

Hoy me he levantado medio filosófica. Eso y que estoy cansadísima. Sí, ya sé, ya sé, he tenido un puente maravilloso de la muerte, pero ya sabemos todas y todos que, cuántas más fiestas hay, menos ganas tenemos de hacer cosas productivas. Prueba de ello es que en lo que llevamos de octubre no he acabado un solo libro – lo cual, en realidad, es comprensible, porque El temor de un hombre sabio es un Señor de los Tochos. (Chistaco. Ya paro) –. A lo que iba. Tenía ganas de hablar de algo que, a mi juicio, le pasa a cualquier personita que lee. ¿Vamos a ello?



Personitas que crecen leyendo



No sé cómo he llegado a la conclusión de que tenía que escribir esto. Supongo que la verdad es que se me han juntado circunstancias personales, unas ganas locas de ponerme en plan profunda y esa morriña que nos entra a todas cuando pensamos en tiempos pasados. El caso es que, mirando mi estantería, me he dado cuenta de que ya no leo novela juvenil. No porque no me guste, sino porque… bueno, porque supongo que, en cierto modo, ya no me llena. No como antes. Quiero explicarme. Hace cuatro o cinco años era más feliz que una perdiz cuando entraba en la librería e iba directa a la zona juvenil – una que, al menos a mi juicio, muchas veces ni siquiera está bien distribuida, pero eso es otro tema –. Los ojos me hacían chiribitas cuando acariciaba con pericia los lomos, las portadas; cuando leía cada título y me paraba a leer las sinopsis. Qué irónico, porque ahora me niego a leer las sinopsis y si las incluyo en las reseñas es sólo porque no soy quién para privar a nadie de pasarse mi opinión por el culo y contentarse con el resumen de la editorial.

Decía que ya no me llena. Y es que es verdad. Autores que antes me maravillaban ahora me dejan con esa sonrisa en los labios y ese pensamiento de: “yo antes adoraba sus libros”. Antes, porque en cierto modo, leyendo… crecemos. Dejamos atrás la niña que pensaba en príncipes y princesas, porque sí, amigas y amigos, aunque a día de hoy lo mío es de diagnóstico para con las relaciones sentimentales, cuando era pequeña adoraba las historias que acaban con cuentos de hadas. Juzgadme si queréis, pero el tema está en ser sincera y yo hago una oda a dar una patada en los mismísimos kiwis a la puta hipocresía.

Crecer como lectoras. Crecer como lectores. La de cosas que he aprendido con la literatura, en estos años. Cosas como que guardarse la opinión, a lo sumo, nos provoca úlceras emocionales – y reales en algunos casos, fijo –, cosas como que a veces vale la pena poner toda la carne en el asador… cosas como que hay momentos en los que hay que decir “basta”.

Hacerse mayores. Cambiar de registro. Leer, llorar, sonreír y cabrearse. Pasar de la novela de instituto a la de universidad y saltar a cosas más escabrosas. Relaciones reales, de las que te petan en la cara cuando menos te lo esperas porque, oídme (leedme), no somos perfectas, no somos perfectos. Cambiar las fantasías. De las suaves a las más crudas. Cambiar de distopías. De las opresivas a las subversivas. Y disfrutar cada lectura en su momento porque, por mucho que pueda jodernos, hay libros para todas las mentalidades, ya no sólo las edades.

Antes disfrutaba leyendo y escuchando música al mismo tiempo. A cada libro le elegía un álbum de música. Ahora, sencillamente, no. Disfrutar de los momentos de break, ya sean en ese autobús de locos en el que todo el mundo habla al mismo tiempo; en ese rincón de la biblioteca con una sonrisa ladeada en los labios, sabiendo que, pese a que tendrías que estar estudiando, diez páginas más no van a suponer la diferencia… ese momento antes de salir con tus amigas a quemar la noche, ese momento de lucidez previo a la embriaguez de saber que, al menos por un día, puedes comerte el mundo. Ese momento. Ese jodido momento. Ese bendito momento.

Supongo que hay personas que leen para vivir y personas que leemos como ritual. Para mí la lectura, a día de hoy, supone un punto de desconexión. Llamadlo terapia, llamadlo momento de relajación. Llamadlo como demonios queráis llamarlo. La lectura, decía, como momento en el que sólo existes tú y la historia. Da igual si el mundo del que se habla existe o no mientras lees. Da igual, porque es un mundo en el que tus problemas, sencillamente, mueren. Mueren como morimos todos. Mueren porque es lo natural. Y qué bonito es ver cómo los problemas se alejan, ni que sean unas horas, ¿verdad?

Crecer leyendo. Cambiar de registros. Volver a los viejos y sonreír por los viejos tiempos. Como cuando tu madre te mira y te cuenta tus grandes cagadas de cuando eras poco más que una cría. Como cuando ves a tu abuela y te dice que de pequeña dormías abrazada a una vaca de peluche. Como cuando ves esos condenados recuerdos y, muy a tu pesar, piensas que no estaría tan mal volver a ser peque.

Crecer leyendo. Aceptar que se crece leyendo. Y evolucionar. Ante todo, evolucionar.




7/10/17

Wrap Up Septiembre (2017)


WRAP UP

Septiembre (2017)


¡Hola, hola, hola!

Otra semana que se nos va y esta que viene llega con puente, ¡por fin un lunes en casa! Ay, si es que una se emociona con estas cositas… Pero no nos vamos a parar a hablar si la semana es mejor o peor, porque, no nos engañemos, todo el mundo va con el reloj pegado al culo – eso o toda la gente con la que hablo es tan desastrosa como yo, que también puede ser –, y, ¿sabéis qué? Es jodidamente maravilloso, porque así valoramos de verdad esos ratitos de sentarnos a matar las horas muertas.

¡Nuevo mes! (Hace siete días, Carme, por amor de Dios) ¿Qué toca con los nuevos meses? ¡Bingo! ¡Resumen de lecturas! ¡Vamos a ello!






AMOS Y MAZMORRAS SEXTA PARTE (Amos y mazmorras 6), de Lena Valenti

Nota: 4/5

(Reseña pronto)


Sí, dediqué casi todo el mes de septiembre a acabar esta saga. Lo sé, lo sé, lo mío ya es una obsesión. Al caso. Después de una quinta parte que me puso de una mala leche considerable – por no decir que quise sacarme los ojos y pisarlos –, puedo decir que esta sexta parte está a la altura de lo que de verdad se espera de la saga. Un libro realmente ameno, con personajes que te tocan la patata y te la destrozan cada vez que lo consideran necesario; porque sí, tal vez la historia de Nick no sea ni la más amena ni la más entrañable, pero no me negaréis que hablar de temas como la mafia japonesa le ponen a una los pelos como escarpias. ¿Sí? ¿Estamos de acuerdo? Pues os diré más: al final terminó por darme pena cierto personaje. Ahí os lo dejo.


AMOS Y MAZMORRAS SÉPTIMA PARTE (Amos y mazmorras 7), de Lena Valenti

Nota: 4,5/5

(Reseña pronto)


¡Por fin! ¡Por fin todo empieza a tener sentido! Yo ya no sabía qué narices pensar de Prince y Sharon y, después de uno de esos libros en los que se habla más del pasado que del presente – un formato de lo más curioso, si queréis mi opinión, aunque en esta séptima entrega juega a su favor el hecho de que, literalmente, no sabemos nada ni de Prince ni de Sharon más allá de nuestras propias conjeturas –, nos encontramos con una Reina de las Arañas y un Príncipe de las Tinieblas que tienen mucho por lo que callar. Porque sí, amigas y amigos, Sharon es una mujer de armas tomar, pero nuestro amigo Prince no tiene ni idea de hasta qué punto nuestros más allegados a veces están hasta el cuello de mierda.


AMOS Y MAZMORRAS OCTAVA PARTE (Amos y mazmorras 8), de Lena Valenti

Nota: 5/5

(Reseña pronto)


Y con esto y un bizcocho… Vale, ya me centro. Que se acaba la saga. Sí, sí, una saga que se va y me quedo yo aquí con la lagrimilla y el pensamiento de “ya no hay más de estos libros”. ¡Con lo que me he reído yo con las idas de olla de este grupo de lo más variopinto!

Como en la reseña ya tendréis un análisis detallado de qué opino a cerca de cada cosa, quiero que hablamos de sensaciones. Bien es cierto que la quinta parte me pareció un mojón. Oh, no, esperad, que no os gusta que me ponga ordinaria. Pues me pareció una “caquita”. ¿Mejor? A lo que iba. La saga, exceptuando un libro, es maravillosa. Ocho personajes que tienen mucho que aportar, y aquí ya entra el gusto de cada persona. Yo, por mi parte, me quedo con Markus, Leslie, Sharon y Prince. Bueno, también adoro a Cleo y a Nick, aunque no soy nada fan de Sophie y Lion a veces me parece un hombre de cromañón.

Estos libros se leen solos. Son poco más de trescientas páginas y son realmente amenos. De verdad, no sé qué más decir que no haya dicho ya de esta autora. Leedla, leedla, leedla.


MARTINA CON VISTAS AL MAR (Horizonte Martina 1), de Elísabet Benavent

Nota: 4/5

(Reseña pronto)


Esta autora es de las que me gustan mucho – tal vez no tanto como Lena Valenti, pero es que a esa señora es para darle de comer a parte –, más que nada porque usa un lenguaje sencillo, muy de la calle. Seamos realistas, ¿quién habla bien todo el día? Porque mi madre más de una vez me dice cosas como “qué fina me ha salido” o “estás de femenina hablando así...”. Y yo me parto el culo, así de claro.

Lenguaje claro, pensamientos coherentes… chicas como cualquiera de nosotras, que sean un puñetero desastre, tíos como cualquiera de vosotros, que se coman la cabeza mucho más de lo que quieren reconocer en voz alta. Y eso es lo maravilloso de sus libros. Ella no habla de héroes o heroínas. Eso, realmente, no existe. Habla de personas. Personas que hablan de personas. Personas que se enamoran, se desenamoran, se pierden y se encuentran.



¡Y estos han sido todos los libros que pude leer en septiembre! Como os digo siempre, yo no soy ni un cuarto de lo divertidas y divertidos que sois vosotras y vosotros, así que…

¿Qué tal fue vuestro mes de septiembre? ¿Muchos libros? ¿Alguna joya recién descubierta? ¿Algún regalito que os haya dejado con la lagrimilla? ¿Algún libro atroz a lo largo del mes de la vuelta a la rutina?

¡Contadme, contadme, contadme!


¡Un besazo muy pero que muy grande!

30/9/17

RESEÑA #95: REBELIÓN EN LA GRANJA


RESEÑA #95: REBELIÓN EN LA GRANJA


¡Hola, hola, hola!

¿Qué tal os ha tratado la semana? Espero que bien, porque yo me moría de ganas porque llegara el fin de semana. ¡Por fin un par de días para dormir y leer tranquilamente! Sí, lo sé, lo sé, qué triste pedir sólo eso. Ay, la vida. Pero no me enrollo más, que hoy os traigo algo que, a mi juicio, es una joyita.

¡Dentro reseña!


Ficha técnica





Título: Rebelión en la granja

Autora: George Orwell

Traducción de: Marcial Souto

Editorial: DeBolsillo

Número de páginas: 143

ISBN: 9788499890951

Precio: 6,95

Sinopsis


Esta sátira de la Revolución rusa y el triunfo del estalinismo, escrita en 1945, se ha convertido por derecho propio en un hito de la cultura contemporánea y en uno de los libros más mordaces de todos los tiempos. Ante el auge de los animales de la Granja Solariega, pronto detectamos las semillas del totalitarismo en una organización aparentemente ideal; y en nuestros líderes más carismáticos, la sombra de los opresores más crueles.


Mi opinión


Después de leer 1984 – podéis consultar la reseña haciendo clic aquí – tenía muchas ganas de dar una segunda oportunidad al autor. Si el primer contacto fue más que maravilloso, ¿por qué no iba a serlo el segundo? Pues porque era imposible que no lo fuera, así de sencillo. George Orwell es un escritor que vale, y mucho, la pena.

Si bien en la primera novela nos sumergimos de lleno en el terrorífico mundo del Gran Hermano, en esta otra nos muestra la Granja Solariega, dirigida por Jones, un hombre injusto, terriblemente cruel, alguien que no merece ningún respeto, pues él es el primero que no lo tiene hacia los animales. ¿Y quién los culpa de querer rebelarse?

Una novela curiosa, Rebelión en la granja. Una sátira en toda regla, con toques no sólo oscuros, sino terriblemente viscerales. Me ha maravillado. No hay más. Me ha maravillado cómo Orwell juega con nuestras cabezas, mostrándonos primero la cara amable de la rebelión. La que habla de justicia, la que, en el fondo, no es más que un juego al que siguen muchas desgracias. Pero vayamos por partes, ¿sí?

El Comandante es el cerdo más viejo de la granja, un porcino que sabe lo que dice cuando habla de liberarse contra la humanidad. No en vano es el que les enseña la canción <<Bestias de Inglaterra>>, canción que todos los animales aprenden. Como decía, se trata de un cerdo viejo, y es por eso que, tras su muerte, son Bola de Nieve y Napoleón los cerdos que siguen hablando de rebeliones futuras. Rebelión que llega un día. Sin más.

Tal vez penséis que la rebelión, en la que acaba conociéndose como la Batalla del Establo de las Vacas es un día feliz. Tal vez penséis que Napoleón y Bola de Nieve tienen algo bueno que aportar. Y, al menos al principio, así es.

Dije en mi última – y única – reseña del autor que era todo un revolucionario. Lo mantengo. George Orwell es un máquina. Un hombre que sabe lo que dice y cómo lo dice. Alguien que toca las teclas indicadas, que denuncia todo lo injusto que baila por el mundo. Un hombre que no pregunta, sentencia. Y, qué queréis que os diga, una vez más no me queda más remedio que inclinarme ante su maravillosa prosa.

La antigua Granja Solariega, ahora llamada Granja Animal, trae consigo muchos prejuicios. Los humanos de las granjas vecinas tienen miedo, miedo de verdad. Ahora bien, no son los únicos que deben tener miedo. ¿Quién les dice a nuestros animales que están a salvo en manos de los cerdos?


Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler


Tenía las expectativas muy altas y, si bien es cierto que lo que más me gustó de 1984 fue precisamente la desazón, la forma descarnada cómo Orwell nos hablaba de la sociedad; en esta novela lo que me ha cautivado es la forma tan directa en que se cuentan las cosas. Rebelión en la granja habla del totalitarismo, de cómo un líder de apariencia afable termina por convertirse en un asqueroso dictador. Alguien despreciable que no duda en acometer las más lamentables de las bajezas.

Napoleón y Bola de Nieve tienen ideas muy diferentes. El primero habla de trabajo duro y una comunidad unida, mientras que el segundo habla de máquinas modernas y horas de descanso. Cuando nuestro cerdo Bola de Nieve decide plantear la construcción del Molino de Viento, empiezan los verdaderos problemas. Problemas que encarna nuestro otro porcino, Napoleón. ¿Y qué hace, el cerdito? Pues echa a patadas a Bola de Nieve de la que pasa a ser su granja.

Me ha fascinado como el autor juega con la labia de uno de los cerdos, Chillón. Me ha recordado mucho al “doble-pensar” del que se hablaba en 1984, porque, como nos dice el cerdo, lo que parecía una cosa era otra y la que pasaba a ser otra se convertía en una nueva. Una locura de incongruencias que usan como cebo la ignorancia del resto de animales. Muy pocos logran aprender a leer y muchos se limitan a acatar las órdenes.

Mención especial, llegados a este punto, para Boxeador y Benjamín. Ambos han sido, con diferencia, los personajes que más me han gustado. El primero es un caballo bonachón, un pobre animal más bien sumiso que acata todas las normas con sus dos máximas: <<Trabajaré más duro>> y <<Napoleón siempre tiene razón>>. Palabras descorazonadas que sólo buscan la supervivencia, si queréis mi opinión. Nuestro segundo animal es un burro, un pobre burro que sabe que, mande quién mande, están bien jodidos. Así de sencillo.

Napoleón es un dictador con todas las de la ley. Transgrede, uno a uno, todos los mandamientos que plantean tras la Revolución. Si primero se dice que “los animales no beberán alcohol”, luego se explica que “los animales no beberán alcohol en exceso”. ¿Entendéis por qué decía lo del “doble-pensar”? Pequeños cambios, sutiles arreglos que lo único que buscan es hundir más y más la moral, convertir al resto de animales en frágiles sumisos.

Si tuviera que quedarme con una sola parte, sería el último capítulo. Me encantó. Me maravilló cómo Orwell nos hablaba, una vez más, de lo sucio que puede llegar a estar todo cuando hay dinero de por medio. Porque los ricos tienen la barriga llena, en esta novela. Y no hablo ni de obesidad ni de tendencias estéticas. Hablo de algo evidente: los pobres no comen, los ricos sí. Los cerdos duermen en camas, pese a que se había dicho que no debía hacerse; los cerdos comen por cinco o seis animales, beben alcohol y… el colmo: andan a dos patas. La máxima de “¡cuatro patas sí!, ¡dos patas no!” queda obsoleta. Y es que la tiranía de Napoleón llega tan lejos que los animales terminan por no saber qué es peor: si lo que tenían o lo que tienen.

Descorazonador, decía, porque esos animales se ponen en manos de alguien que dice que va a cuidarles, alguien que jura que será justo, que no transgredirá las normas. Alguien que pisa una y otra vez los valores establecidos. Alguien despreciable. Y es que el poder corrompe y, si a eso le sumamos la asquerosa hipocresía, lo que tenemos es a un monstruo.

Sólo quiero decir una cosa más. Una que, a mi juicio, puede invitar a la reflexión. George Orwell siempre hace hincapié – al menos en lo que he leído yo hasta el momento – en que la ignorancia nos convierte en blancos fáciles. Y es cierto. Napoleón encarna a ese ente, a ese ser que está por encima de nuestra jurisdicción y deja que nos alimentemos de todo tipo de basura, obviando lo importante. Esa persona que deja que seamos una panda de borregos, sólo porque le interesa que lo seamos. Y ahí es dónde Orwell rompe. Lo importante es hacer frente a esa demanda, darle una buena patada. Porque no somos borregos. Porque tenemos elección. Pero, sobre todo, porque la verdad nos hace libres.


Con todo, Rebelión en la granja es una novela maravillosa. Con una prosa cuidada, George Orwell nos sumerge en el truculento mundo de la Granja Solariega, un lugar de apariencia apacible que esconde muchos demonios.

Nota: 4/5


Citas


(…)

Anunciaron que los animales practicaban el canibalismo, se torturaban unos a otros con herraduras al rojo vivo y compartían sus hembras. Eso era lo que pasaba por rebelarse contra las leyes de la naturaleza, decían Frederick y Pilkington.

(…)


(…)

Parecía, de alguna manera, que la finca se había enriquecido sin hacer más ricos a los propios animales… excepto, claro está, a los cerdos y los perros.

(…)


23/9/17

RESEÑA #94: EL NOMBRE DEL VIENTO


RESEÑA #94: EL NOMBRE DEL VIENTO


¡Hola, hola, hola!

¡Sábado! ¡Fin de semana! ¡Brindemos por las horas libres! ¿Qué tal os ha ido la semana? ¿Muy ajetreada? Yo la verdad es que no me quejo. Si bien es cierto que esta semana mi horario ha sido caótico, debo decir que me lo he pasado la mar de bien. Pero no estamos aquí para hablar de qué hago o dejo de hacer, no, no. Estamos para hablar de libros. Y es que hoy os traigo un diamante en bruto. De verdad, animaos con esta joya. Yo me animé, entre otras cosas, porque Laura, administradora de Paseando entre páginas, está haciendo toda una campaña para que todas y todos nos animemos con el libro. ¡Y qué razón tiene, la chica! No olvidéis echar un ojo a su blog, vale mucho la pena.

Y ahora, sin más dilación… ¡Dentro reseña!


Ficha técnica




Título: (Crónica del asesino de reyes 1) El nombre del viento
Autor: Patrick Rothfuss
Traducido por: Gemma Rovira Ortega
Editorial: DEBOLSILLO
Número de páginas: 880
ISBN: 9788499082479
Precio: 10,95€


Sinopsis


Por primera vez Kvothe se dispone a relatar la verdad sobre sí mismo. Y para hacerlo bien, deberá empezar por el principio: su infancia en una troupe de artistas itinerantes, los años malviviendo como un ladronzuelo en las calles de una gran ciudad, y su llegada a una universidad donde espera aprender una magia de la que se habla en las historias…


Mi opinión

Una trilogía que ha despertado el interés de muchísima gente y yo, como siempre, llegando tarde a la fiesta. Debo decir que tenía mis reservas. Hacía muchísimo tiempo que no leía novela fantástica propiamente dicha y tenía miedo de no poder conectar con la historia. Al parecer, esto es como nadar – normalmente se dice que es “como montar en bici”, pero resulta que yo no he aprendido a mis veinte años a ir en una, así que vamos a dejarlo estar –, no se olvida nunca. Puedo deciros que El nombre del viento es una joya. Una joya de las de verdad. Un libro que levanta pasiones, ¡y con razón!
La historia podría dividirse en cuatro partes, al menos a mi juicio. La primera corresponde a unas pocas páginas, todas ellas narradas en tercera persona. La segunda sería la infancia de Kvothe. La tercer sus desgracias. La cuarta, el resurgimiento. Sí, creo que eso sería un resumen bastante ajustado a lo que se espera de la novela. Ahora bien, esto no quiere decir, ni mucho menos, que el libro siga un patrón. Todo lo contrario.
La novela empieza, si queréis mi opinión, de un modo perfecto. Hablar de un modo tan sublime sobre los silencios, el triple silencio, a mí me arrancó una sonrisa. Una novela perfecta. Perfecta porque sí. Pero no quiero ponerme sentimental. Kote es un posadero normal y corriente, o al menos eso quiere dar a entender a sus pocos clientes. Al parecer, la economía no está en su mejor momento y nuestro señor posadero pelirrojo tiene que contentarse con unas pocas visitas, algunas historias y los silencios. Ay, los silencios. Si añadimos a la ecuación a Bast, su aprendiz, entenderéis que yo era la mujer más feliz del mundo leyendo la novela.
Entre las historias contadas en la posada de Kote hay un momento que marca un antes y un después. Cárter, el herrero, entra en la posada con el cuerpo hecho jirones. Un ataque, dicen. ¡Y vaya ataque! No estamos hablando de un asalto en el camino, ni siquiera de una pelea callejera. Estamos hablando del ataque de una bestia, una asquerosa araña – autores y autoras del mundo, ¿por qué siempre elegís una puñetera araña? ¿Es qué no hay nada menos asqueroso, maldita sea? – gigante que tiene las patas afiladas como cuchillas. A nadie le sorprende que se hable de demonios. A nadie, mucho menos a Kote.
Me estaba perdiendo algo maravilloso. Ya no hablo sólo de la historia, que es genial, no. Hablo de la prosa. Hacía años que no me encontraba con algo tan bien escrito, algo tan sumamente maravilloso y cuidado. Patrick Rothfuss hace un trabajo de diez, así de sencillo. Su texto está pulido. Prosa convertida en verso. Verso que deriva en prosa. Canciones, silencios y magia. ¿Qué más se puede pedir de una novela, eh?
Decía que el incidente de la araña gigante no sorprende a Kote. Él sabe qué es esa cosa. Sabe qué tiene que hacer. Bast también lo sabe. Pero tranquilas, tranquilos, hay algo que nuestros chicos no saben. Lo que ninguno de los dos espera – al menos en apariencia – es que un día se presente en la posada un escribano. Un hombre que se presenta a sí mismo como Cronista. Alguien que ha oído las historias de Kvothe el Sin Sangre y el sinfín de nombres que se le dan a ese personaje.
Cronista sabe que Kote es, en realidad, Kvothe. Bast también lo sabe. Ahora sólo queda esperar que nuestro posadero acceda a contar su historia.

Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler

Redonda, así es la historia. Decía más arriba que tenía mis reservas. Ya sabéis, todo el mundo tiene miedo de empezar una novela que a todo el mundo le ha encantado. Miedos infundados el noventa por ciento de las veces, sí, pero miedos al fin y al cabo. Eso ha sido lo que me ha pasado a mí con este libro. No sólo me ha maravillado cómo el autor juega con las palabras y las historias, sino que me ha fascinado ver la facilidad con la que logra atrapar a la persona que lee. Me explico. El nombre del viento es un libro ambicioso, un proyecto que, si queréis mi opinión, podría quedar grande a cualquiera. Pero no a Rothfuss. Ese hombre sabe lo que se hace, creedme. Tanto es así que no podía dejar de darle vueltas a las peripecias por las que pasa nuestro dulce Kvothe. Porque sí, tal vez acabe siendo un monstruo, alguien que irá a por todas a cualquier precio, pero de momento sólo es un niño. Nada más que un niño.
Me encantó la primera parte de la novela. Esos momentos en los que no sabes nada, esos en los que poquito a poco te sumerges en el mundo medieval que nos regala el autor. Me gustó más todavía que Kvothe decidiera contar qué fue de su vida, por qué ha llegado hasta dónde ha llegado.
Decía que sólo era un niño. Lo mantengo. Una criatura de poco más de doce añitos tremendamente inteligente. Un chico que tiene muchísimo que aportar al mundo, hasta que un día, sencillamente, su vida se va a la mierda. Me dolió. Me dolió horrores ver (leer) por todo lo que tuvo que pasar tras la muerte de su familia. Su troupe era eso, a fin de cuentas, su familia. Pero hubo algo que me dolió mucho más. Su vida en Terbean, sí. Por amor de Dios, ¡se portan fatal con él! Un niño no debería vivir, jamás, de esa manera. Desamparado, sin un plato de comida caliente, recibiendo golpes de otros niños y, lo que es aún más despreciable, adultos. Estuve a punto de llorar tantas veces que llegué a plantearme seriamente si no sería que me estoy volviendo terriblemente sensiblera.
Debo decir que mi parte favorita de la novela es la que corresponde a toda su educación en la Universidad. Personajes como Simmon o Wilem, el cambiante Elodín, los profesores Elxa-Dal, Kilvin y Arwyl… dieces. Eso son, todos ellos. Personitas maravillosas que van allanando de forma casi imperceptible el camino por el que danza nuestro Kvothe.
Pasando a temas más escabrosos, quiero comentar toda una serie de cosas que me han maravillado de la novela. Me gusta la transparencia, la forma cómo nuestro protagonista afronta sus problemas económicos. Él no es rico. De hecho, es terriblemente pobre. Un chico que sabe lo que es no tener nada que llevarse a la boca. Probablemente hablo (escribo) por hablar (escribir), pero si lo que Rothfuss pretendía era reivindicar la situación económica de todo el puñetero mundo, yo sólo puedo inclinarme ante su grandeza. Los ricos son demasiado ricos. Los pobres son demasiado pobres. Y luego están las personas que van viviendo el día a día. Un desfile de personalidad que van de lo mejor a lo peor de todas y cada una de nosotras, de todos y cada uno de nosotros. Gente, gente maravillosa y gentuza. Hablando de gentuza, ¿nadie va a matar a Ambrosse? Porque estoy hasta las narices de ese niñato. ¡Menudo desgraciado, el campeón!
Siguiendo con temas más bien turbios, no quiero perder la oportunidad de hablar (escribir) sobre Denna. Esa chica me tiene intrigada. Por un lado me gusta el personaje. Me fascina que sea de esas personas que no pueden estar demasiado tiempo en el mismo sitio. Que sea un espíritu libre, por decirlo de algún modo. Y es que la descripción que hace Kvothe sobre ella se ajusta muy bien a la imagen que da. Una chica que no es de nadie, ni siquiera de sí misma.
Trigo de otro costal, son Fela y Auri. Si queréis mi opinión, esas dos chicas son un par de soles. La primera porque es sencillamente encantador y la segunda porque enamora. Nada más que decir.
La historia cuenta con toda una serie de momentos que me pusieron los pelos como escarpias. No, no digo (escribo) esto porque diera miedo, a lo que me refiero es que se pasa mal. Mal, porque nuestro protagonista es, en cierto modo, un héroe. Un héroe al que el tiempo castiga, según lo que podemos entrever en la posada de “Kote”. Kote. Kvothe. Que bonitos, los nombres, y cuánto poder guardan, como muy bien se encarga de recordarnos Elodín.
Mirad, el libro es largo. Terriblemente largo. Esto viene a colación de que no sé ni por dónde empezar para que entendáis lo maravilloso que es. Cada página vale la pena. Cada palabra, cada sonido. Porque el libro esconde magia, leyendas y misterios. Si bien es cierto que Kvothe ha tenido una vida dura, una de la que aquí sólo conocemos una ínfima parte, el presente es el mayor enigma. No sé como un Fata pudo llegar a convertirse en el aprendiz de alguien como nuestro protagonista, al igual como no sé por qué Kvothe tiene la certeza de que va a morir. No sé por qué se habla de los silencios. Realmente, no sé nada. Sólo puedo deciros que el libro es genial. Jodidamente genial, de hecho. Brilla con luz propia, si queréis que me ponga poética.
Antes de dejar la reseña, quiero hacer dos últimas menciones. Una para el presente y otra para el pasado. Respecto al ahora, quiero saber qué es lo que lleva a un mercenario de esas características al refugio que entre Bast y Kvothe han creado. Un refugio que más bien es una cárcel, como muy bien dice nuestro Fata – en serio, yo me he enamorado de ese chico –. Ya no es tanto las preguntas que pueda hacerme, que son demasiadas, sino las reflexiones que saco en claro. Me gusta el mensaje de Bast, el de darle una patada en el culo a lo malo y afrontar la realidad. No sé qué ha hecho Kvothe que sea tan terrible, pero me muero de ganas por descubrirlo.
Sobre el pasado… bueno, miles de preguntas. Todas ellas con dos constantes: los Chandrian y Denna. Veréis, no puedo quitarme de la cabeza las palabras de Wilem. Y es que ese chico tiene razón. ¿Por qué iba alguien tan escurridizo como Denna a obligar a Kvothe a buscar a alguien que sabe que ya no está en el bosque? Porque mis conclusiones son terribles, la verdad. No sé qué tendrá que ver esa chica con los Chandrian, ni siquiera sé si estoy en lo cierto; pero sea lo que sea, me da en la nariz que los secretos de Denna son muy oscuros.

Con todo, El nombre del viento es una novela redonda. Un diez absoluto. Una joya. Kvothe es un personaje que vale la pena conocer. Una historia llena de claroscuros. Un libro tan luminoso como oscuro. No sé a qué esperáis para leerlo.

Nota: 5/5


Citas


(…)
El silencio más obvio era una calma hueca y resonante, constituida por las cosas que faltaban.
(…)


(…)
Se hacía llamar Kote. Había elegido ese nombre cuidadosamente cuando llegó a ese lugar. Había adoptado un nuevo nombre por las razones habituales, y también por algunas no tan habituales, entre las que estaba el hecho de que, para él, los nombres tenían importancia.
(…)


(…)
-Mi abuelo siempre decía que el otoño es la estación idónea para arrancar de raíz cualquier cosa que no quieras que vuelva a molestarte. – Kote imitó la temblorosa voz de un anciano –: <<En los meses de primavera todo está demasiado lleno de vida. En verano, está demasiado fuerte y no hay manera de soltarlo. El otoño...>> – Miró alrededor; las hojas de los árboles estaban cambiando de color –. <<El otoño es el momento idóneo. El otoño está cansado y más dispuesto a morir>>.
(…)


(…)
-Si quieres puedes preocuparte – dijo Kote con brusquedad –. Es tan grave como parece.
(…)


(…)
-Solo los sacerdotes y los locos no le tienen miedo a nada, y yo nunca me he llevado muy bien con Dios.
(…)


(…)
-Solo la verdad podría romperme. ¿Qué hay más duro que la verdad?
(…)


(…)
Me llamo Kvothe, que se pronuncia <<cuouz>>. Los nombres son importantes porque dicen mucho sobre la persona. He tenido más nombres de los que nadie merece.
(…)


(…)
Aprendí las sórdidas maquinaciones de la corte real de Modeg de… una cortesana. Como solía decir mi padre: <<Al pan, pan y al vino, vino. Pero a una prostituta llámala siempre señora. La vida de las prostitutas es muy dura, y no cuesta nada ser respetuoso con ellas>>.
(…)


(…)
-Deberías sentir lástima por él, hijo. Mañana nos iremos, pero él tendrá que convivir consigo mismo hasta el día de su muerte.
(…)


(…)
Resulta tedioso que te hablen como si fueras un niño, aunque lo seas.
(…)


(…)
Cuando somos niños, casi nunca pensamos en el futuro. Esa inocencia nos deja libres para disfrutar como pocos adultos pueden hacerlo. El día que empezamos a preocuparnos por el futuro es el día que dejamos atrás nuestra infancia.
(…)


(…)
Si encuentras a una persona así, alguien a quien puedas abrazar y con la que puedas cerras los ojos a todo lo demás, puedes considerarte muy afortunado. Aunque solo dure un minuto, o un día.
(…)


(…)
Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor.
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Tocar esas cosas me dolía, por supuesto; pero era un dolor como el de los dedos tiernos sobre las cuerdas del laúd. Sangraba un poco, pero confiaba en que pronto me saldría el callo.
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<<Todo el mundo sabe alguna historia – pensé –. Todo el mundo sabe al menos una.>>
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-Tú mismo has dicho que no podías hacer nada.
-Sí podía – dijo Kvothe con seriedad –. Y no lo hice. Tomé una decisión, y todavía me arrepiento de ella. Los huesos se sueldan. El arrepentimiento perdura para siempre.
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-No es que espere que salgáis en busca de Haliax y los Siete. <<Hombres pequeños, actos pequeños>>, digo yo siempre. Imagino que el problema reside en encontrar un trabajo lo bastante pequeño para unos hombres como vosotros. Pero tenéis recursos. Podríais recoger basura, o mirar si hay piojos en las camas de los burdeles cuando los visitáis.
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Generalmente, el miedo proviene de la ignorancia. Una vez supe cuál era el problema, este pasó a ser solo un problema y no algo que temer.
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-Solo con la nobleza – aportó Wilem –. Unos desgraciados de mierda que no pintan nada estudiando aquí. Creo que pagan esas matrículas desorbitadas solo para poder quejarse.
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-[…] Quien piense que los niños son dulces e inocentes es que nunca ha sido niño, o lo ha olvidado. Y quien piense que los hombres no son a veces hirientes y crueles no debería salir a menudo de su casa. Y desde luego nunca ha sido fisiólogo. Nosotros, más que nadie, vemos los efectos de la crueldad.
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Para temer de verdad algo tienes que detenerte a pensar en ello.
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Como decía mi padre: <<Hay dos formas infalibles de perder a un amigo: una es pedirle dinero prestado, y la otra, prestárselo>>.
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La música es una amante orgullosa y temperamental. Si le dedicas el tiempo y la atención que se merece, es toda tuya. Pero si la desairas, llegará un día en que la llamarás y ella no contestará.
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-Al cuerno la etiqueta – repuso Threepe, enfurruñado –. La etiqueta es un puñado de normas que la gente utiliza para poder ser grosera en público con los demás.
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Como ya he dicho, existe una gran diferencia entre no tener miedo y ser valiente.
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-Hay pocas cosas más repugnantes que la obediencia ciega – dijo –. Os convendría a los dos recordarlo.
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-Entonces, ¿azul es un nombre?
-Es una palabra. Las palabras son pálidas sombras de nombres olvidados. Los nombres tienen poder, y las palabras también. Las palabras pueden hacer prender el fuego en la mente de los hombres. Las palabras pueden arrancarles lágrimas a los corazones más duros. Existen siete palabras que harán que una persona te ame. Existen diez palabras que minarán la más poderosa voluntad de un hombre. Pero una palabra no es más que la representación de un fuego. Un nombre es el fuego en sí.
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-Le encomiendo al padre Leoden la tarea de distribuir el resto de mis bienes materiales entre la parroquia, ya que, como soy un alma inmoral, no las seguiré necesitando.
-Querrás decir <<inmortal>>, no? – pregunto Cronista con vacilación.
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-Denna es una criatura salvaje – expliqué –. Como una cierva o una tormenta de verano. Si una tormenta derribara tu casa, o derribara un árbol, no dirías que la tormenta era mala. Era cruel. Actuó conforme a su naturaleza y, desgraciadamente, produjo daños. Con Denna pasa lo mismo.
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