18/8/18

Reseña #126: Sirens. Sólo el amor forja la leyenda



Reseña #126:


Sirens. Sólo el amor forja la leyenda


 ¡Hola, hola, hola!


 Ya casi se nos ha ido agosto. Lo sé, sólo estamos a día 18 pero… ¡queda nada para septiembre! Decidme (escribidme), ¿estáis listas y listos para la vuelta la rutina?, ¿tenéis planes para esta segunda quincena de mes?, ¿qué tal están siendo, o han sido, vuestras vacaciones?

 Yo la verdad es que no tengo mucho que contaros. En realidad, creo que está siendo un verano bastante tranquilo. Pero no tengo ganas de escribiros sobre mi verano de monotonía y bla-bla-bla. A fin de cuentas, estamos aquí para pasar un buen rato, ¿no? ¿Y qué mejor manera de hacerlo que recomendándoos un libro que, la verdad, tenía muchísimas pero muchísimas ganas de leer? ¡Dentro reseña!


Ficha técnica


Título: (Sirens 1) Sólo el amor forja la leyenda 
Autores: Lena Valenti y Valen Bailon 
Editorial: Editorial Vanir 
Número de páginas: 450 
ISBN: 9788494704789 
Preció libro físico: 21,90€ 
Precio formato electrónico: 4,99€ 


Sinopsis

 Dicen que hay muchos mundos en este, pero nunca nadie los ha visto. Ahora, las puertas ocultas se abren para que ellos se den a conocer, estén los humanos preparados o no. Y no lo están, porque nadie está preparado para algo así. El mundo Sirens está repleto de amor, sensualidad, aventura, sexo, violencia, sangre, magia y leyendas... Leyendas de esas que se graban en la piel y se convierten en eternas. Bienvenidos a Sirens.

Mi opinión

 Me pilláis en blanco. Tanto es así que, al empezar a escribir esta reseña, no tengo ni idea de qué nota le voy a dar a la primera entrega de la saga Sirens. Por empezar de algún modo, os diré que recuperamos la fórmula de Vanir. Una fórmula que funciona, no creáis; y es que Lena Valenti nos sorprende con una nueva saga de fantasía, llena de esos elementos que hacen que una abra mucho los ojos, se eche unas risas y, ¡qué narices!, sonría como una tonta. Sí, aquí una servidora ha acabado con la patata a punto de petar y una sonrisa muy pero que muy tonta en la cara.

 Creo que es importante advertiros sobre algo: las primeras cuarenta páginas – más o menos – son algo así como un gran prólogo. La historia de cómo nuestros protagonistas llegan a dónde llegan. Cora, una niña que sufre alucinaciones y ataques epilépticos por un lado; y Evia e Ethan por otro. Estos dos últimos son niños que pasan buena parte de su infancia en un orfanato de Chicago, el Lostsoul – qué bromita de mal gusto el nombre, ¿verdad? –. El caso es que las primeras páginas, aunque no me resultaron pesadas, me provocaron un cosquilleo de miedo. Me explico. Como sabréis, soy una fiel defensora de los libros publicados por Lena Valenti. Ahora bien, no negaré que en la saga Amos y mazmorras tuvo un par de patinazos que a mí, la verdad, me sentaron francamente mal – prueba de ello es lo mucho que me molestó la quinta entrega de la saga -. Llegué a pensar que todo el libro sería algo así como una crónica de acontecimientos pasados. Pero no lo fue.

 Después de ese arranque, nos metemos de lleno en la vida de Cora, ahora ya adulta. El caso es que nuestra chica, la misma que hablaba con “su abuela” a través de los espejos; está en Chicago para evitar un suicidio. Sí, tal cual. Desde los quince años, sueña noche sí noche también con un chico, uno que ha decidido poner fin a su vida. Pero ella no se lo va a permitir. Ni de broma. Ethan está pasando un mal momento. Desde la muerte de Evia no sabe qué hacer con su vida, ¡y de eso ya hace más de diez años! Sí, adora a sus hermanos del Lostsoul: Devil – os juro que adoro a este tío -, Lex y Sin. Pero está vacío. ¿Y qué mejor día para morir que uno después de su cumpleaños?

 He leído muchas reseñas negativas de la obra. Reseñas que señalan faltas de ortografía, de puntuación y de personajes. Reseñas que, la verdad, me dejaron con muy mal sabor de boca y unos remordimientos muy bestias por haber pagado por el libro. ¿Pues sabéis qué? Que a mí me ha gustado. Y mucho. No sé dónde estarán ese sinfín de faltas de ortografía, porque quitando unas tres o cuatro, no he visto ninguna. Será que yo soy muy tonta. Sobre los personajes… Lo de siempre. Sin sorpresas. Y eso está bien, ojo. Como comentaba, hablamos ya de “fórmulas”; algo normal si tenemos en cuenta la de libros que ha escrito esta mujer. En mi cabeza la analogía era tal que: Caleb McKenna – Lion – Axel – Ethan. Y puede que tenga también un poco del temperamento de Ardan y Adam. Si queréis un consejo: no leáis el libro si habéis odiado otras entregas de la autora. No os sale a cuentas y, la verdad, no veo qué morbo tiene coger un libro que de salida se sabe que no va a gustar.

 Volviendo a la trama, que es lo que me ocupa, la noche del cumpleaños de Ethan se sale un poco de madre. Nuestro chico, que tiene dos hostias, confunde a Cora con una prostituta. Así, sin florituras. Imaginaos la cara que se le queda a la pobre cuando, por la mañana, se encuentra tres mil dólares en billetes de cien. Y el chico desaparecido. De película de miedo. Pero esperad, que hay más. Cómo no puede ser de otro modo, Ethan resulta ser no sólo un gilipollas, sino también un tío con un serio problema de control de impulso. ¿Qué algo no le gusta? Pues muerde, sin piedad. Dentelladas van, dentelladas vienen. Hasta que salga sangre. Y luego aderezamos con un poco de sal, para que la herida se quede bien abierta.

 Como ya me conocéis – y las personas que no, ahora entenderéis qué quiero decir -, no me voy a andar con florituras: Ethan y Cora follan. Sin más. Se usan el uno a la otra, la otra al uno. El problema es de matiz. Cora se ha montado una película en la que “el tío de sus sueños” puede ser “el amor de su vida”; pero la realidad es que Ethan entregó su corazón a una chica que, desgraciadamente, lleva demasiados años muerta. Corazas. El clásico de Valenti. Corazas, empatía, sexo y comentarios destructivos.

 Después de frustrar el intento de suicidio de Ethan – lo hace Morgan, un hombre de la Sociedad Mur -; Cora, Arnorld – abuelo de Cora – y nuestro pequeño capullo se encuentran en una sala de reuniones. Aquí es donde empieza la fiesta. La fiesta de los horrores, para más señas. Comentarios que buscan acertar en diana, miradas acusatorias y rencor a patadas. Eso y amenazas. De todo, amigas y amigos, de todo. Aquí no se libra ni Dios. Y, la verdad, no es para menos. Muy gore tiene que ser que te digan, a pelo, que en realidad hay otro mundo del que te han robado, ¿no creéis?

 Me gusta cómo Valenti maneja las realidades alternativas. Debutó muy bien en la saga Vanir, con todo el movidón de los nórdicos; y vuelve a debutar con maestría en este mundo de la jodida Atlántida. Sí, sí, esto viene sin anestesia. Dad gracias que al menos yo tengo la decencia de avisaros, porque a mí casi me da un puto colapso.

 Como no os puedo contar nada más sin destripar la historia al completo, quiero hacer un par de incisos. Me gusta ser sincera con vosotras y vosotros, y por eso os diré que, por mucho que me duela, ha habido un par de comentarios machistas que me han tocado lo que viene siendo el mondongo. Hablo de cuando Devil e Ethan están pensando si saltar o no y sueltan perlas como “no, guapa, salta tú”, “no seas maricona”, etc. No me gusta. No me gusta nada. Eso sobra y es denigrante, tanto para nosotras como mujeres como para el colectivo LGTB+. Lo siento, Valenti, pero así no, joder, así no. A parte de esto, un par de comentarios estereotipados más. El resto bien, palabrita.


 Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler



 Me encanta cuando los protagonistas tienen que hincar las rodillas en el suelo y suplicar perdón. Me encanta que se las destrocen, que se las llenen de sangre. Me encanta, porque se lo merecen. E Ethan más que nadie. El tío es un cabrón de los grandes, uno que, después de follar con Cora en el avión, decide que es culpa de ella que le haya mostrado “su pasado”, porque claro, nuestra chica es una Vril – una telépata, para que nos entendamos – y es mala malísima. Pero esperad, que el tío no se queda sólo con eso. Claro que no. Le pisotea las ilusiones – que, en honor a la verdad, diré que eran un poco absurdas – y la autoestima. Lo bueno es que ella se da cuenta y, por una vez, cumple su palabra: ¿quiere irse solo?, pues que se largue.

 La entrada en Sirens, así como la estancia de ambos protagonistas; me pareció muy entretenida. Me gustó que no fueran el uno detrás de la otra, buscándose las cosquillas. Un poco de aire nunca está de más y, la verdad, disfruté como una cabrona de lo mal que se lo pasó Ethan al darse de bruces con la verdad. Cómo duele que nos lean la cartilla, ¿eh?; más todavía si, para colmo, nos dicen verdades como puños.

 En el libro toda la acción está concentrada en el final. Quiero dejar esto claro porque soy consciente de que hay muchas personas que no soportan los libros pausados. Realmente funciona como lo que es: un inicio de saga, en el que la mayoría es información para ir ubicándonos de cara a entregas futuras. Supongo que eso hace que, en realidad, sea prácticamente una novela de situación: mitad en un mundo, mitad en otro. A mí, personalmente, me parece un acierto.

 Más cosas. Devil. Os he hablado (escrito) un poquito más arriba de él. Me encanta. De verdad, me encanta. No sólo está fatal de la cabeza, que lo está; sino que tiene una lengua que asusta. Y mucho. ¿Sabéis esta gente que no sabe cuándo parar, por más golpes que reciba? Pues tal cual. El demonio se las gasta finas y… me muero de ganas por ver cómo la estirada de Evia se traga todos sus comentarios. Oh, sí, Evia. No puedo irme de aquí sin hablaros de (escribiros sobre) ella. Menuda perla. Menuda joya. Qué mal me cae, joder. No os vendrá de nuevo que os diga que no soporto a la gente repelente, esta que va de mosquita muerta y que luego hace sentencias que hacen que a una le dé un jodido ataque de risa. Pues así es ella. Un pequeño oráculo con patas que deja muy clara la diferencia: ella es una siren genial y maravillosa; él sólo un vulgar humano. Espero que sude sangre, como Ethan.

 En general, la novela me ha gustado mucho. Encontrarme otra vez con la prosa de Valenti es un gustazo, aunque he echado en falta un poco más de mitología. Quiero saber más sobre todas las culturas que tienen cabida en la novela, además de conocer más a fondo el nuevo mundo que nos presenta. Porque sí, amigas y amigos, hablamos una vez más de profecías, leyendas y marcas. Hablamos de sexo que une, de relaciones que atraviesan barreras y de redenciones. No hablamos de dioses, ya no. Hablamos de culturas avanzadas que pierden la fe en la humanidad y creen en los azares del destino. Y de traiciones. ¡Si es que se veía venir! Qué asco da la envidia y qué genio se gastaba el amigo… Ahí os lo dejo.

 Poquito más que decir. El humor, ese ácido, retorcido a ratos; me ha pirrado. Eso y la acción. Me gusta que Lena Valenti apueste por escenas fuertes, por esas en las que todo está destinado al desastre y que, como en una buena película de James Bond, cuentan con un factor sorpresa que hace de detonante.

 Tal vez Ethan sea un capullo. Tal vez Cora no sea la mujer más valiente. Pero son un buen binomio y, la verdad, me muero de ganas por reencontrarme con ellos en futuras entregas.


Con todo, Sólo el amor forja la leyenda es un inicio de saga con sus más y sus menos. Con una prosa potente, sentimientos a flor de piel y descubrimientos cada pocas páginas; Lena Valenti nos sumerge de lleno en el mundo de Sirens. No dudéis en darle una oportunidad. Esta mujer nunca decepciona.

Nota: 4/5


Citas


(…)

 Todo estaría bien si no fuera porque no querían a niños mayores, con problemas físicos o con algún tipo de tara. Los querían a la carta. Y aunque no iba a ser él quien juzgara a nadie, sentía que algo de todo eso no era ético, porque los niños eran niños, tuvieran la edad que tuviesen. Y necesitaban una familia.

(…)


(…)

-No estoy de humor – contestó Ethan sin más.
-Sí, ya lo veo. Ese color tan raro te sale cuando sueles cabrearte. Debe ser porque eres medio pez.
Ethan frunció el ceño y se quedó mirando a su amigo como si fuera un jodido loco.
-No soy medio pez.
-Eres capitán Pescanova. Medio Sireno.

(…)


11/8/18

Reseña #125: Fuimos canciones



Reseña #125: Fuimos canciones


 ¡Hola, hola, hola!

 ¿Cómo ha sido vuestra semana? ¿Habéis disfrutado de unas buenas vacaciones o estáis a punto de cogerlas? Yo estoy que me muero de calor. ¡Menos mal que estos dos últimos días el tiempo nos ha dado un respiro! Pero no estamos aquí para hablar de (escribir sobre) las inclemencias del tiempo. ¿Qué, empezamos con Fuimos canciones? ¡Dentro reseña!


Ficha técnica


Título: (Canciones y recuerdos 1) Fuimos canciones
Autora: Elísabet Benavent
Editorial: SUMA
Número de páginas: 544
ISBN: 9788491291596
Preció libro físico: 16,90€
Precio formato electrónico: 9,49€ 

Sinopsis

 Macarena, Jimena y Adriana están a un paso de descubrir que preoucuparse de lo que los demás opinan puede malograr cualquier sueño. Fuimos canciones es la novela de tres amigas con una historia impactante que provocará la carcajada en las lectoras, tres historias distintas, originales al más puro estilo Benavent.

 ¿Qué sucede cuando ignoramos la opiniones de los otros y empezamos a amar libres de culpa, sin remordimientos?

Mi opinión

 Es casi un clásico. Coger un libro de Elísabet Benavent un día cualquiera. Si llueve, mejor. Mejor, porque sonríes. Sonríes, porque cada palabra te transporta a ese Madrid cargado de sueños, de calles preciosas y días de primavera. Una ambientación ideal, con el polen flotando, la gente sin saber qué leches ponerse – a veces la primavera es una verdadera cabrona – y ese aire casi viciado que nos sobrevuela meses antes de dar paso al calor sofocante. Así empieza Fuimos canciones. Tres amigas que se toman unas cañas después de un día más. Uno de mierda para nuestra pobre Macarena, y es que, como asistenta de una influencer harto famosa – Pipa, alias Monstruo Desalmado -, no tiene un minuto para ella.

 Como no puede ser de otro modo, nuestras tres chicas tienen mucho que contarnos. No, no sólo del amor. Ellas tienen una relación preciosa, basada en la confianza ciega y la honestidad. Honestidad que no acepta tabúes – al menos no al principio, pero de eso no puedo hablaros ahora –. Honestidad que a mí me encanta. ¿Qué mejor manera de empezar un libro que denunciando la pornografía como algo estancado, algo que está mal llevado? Porque esa conversación vale oro. Yo me reí mucho. Palabrita.

 Nuestras chicas, os contaba. Macarena, Jimena y Adriana. Antes de deciros (escribiros sobre) cómo son, os adelanto una cosa: me han encantado. Las tres. Macarena, que es la protagonista indiscutible, tiene la paciencia de una santa. Una mujer que trabaja más de lo que le toca, que acepta con resignación su trabajo y que, desgraciadamente, está colgada de un gilipollas. Un tío que sólo la quiere para follar, hablando claro y mal; y siempre y cuando a él le venga bien. La ceguera emocional, que da mucho asco. Adriana, por su parte, no tiene ganas de echar polvos. Ojo, que ella los disfruta pero… sin más. Y tal vez ese sea un buen motivo para replantearse qué pasa en su matrimonio, por qué quiere a su marido pero no consigue que su libido le suplique que se desfogue. Me dejo la que más gracia me ha hecho para el final. Jimena. La madre que la parió. Me moría. Os lo digo de verdad: esa chica está como un cencerro. Pero es genial. Siniestra a ratos, sí; un poco, digamos, “especial”… pero tiene un corazón de oro.

 El caso es que Macarena salió muy escaldada de una relación. Una de esas que hacen que tú des hasta la higadilla y que el otro se limite a alimentar su ego. Una que hace que tú creas que haces todo eso, más bien, porque nos gusta mucho cometer el error de creernos mártires. No sé si será la hora o lo mucho que me ha tocado la patata este libro, pero os diré una cosa: en las relaciones rara vez se sale airosa. Quiero decir, ¿a quién no le ha pasado que salga de una relación con el resquemor de la vergüenza, las ganas de venganza y esa sonrisa cínica que en realidad oculta lágrimas? ¿Quién no ha creído que ha tenido derecho a sentirse ultrajada? Porque yo sí. Y cómo me gustaba imaginarme que le pisaba las putas pelotas. Todo esto viene al caso, no creáis. Macarena está furiosa, aún después de tres años, con Leo Sáez. El amor de su vida, o al menos eso creyó ella; el hombre que pisoteó su corazón. El que se fue. Y ahora está en Madrid.

 Mi experiencia con La magia de ser Sofía – libro del que podéis leer la reseña haciendo clic aquí – fue, cuánto menos, nefasta. Una decepción tan bestia que aún me enfado cuando me acuerdo. Por eso me daba un pánico atroz enfrentarme a esta nueva bilogía. Tanto que, aunque me puse loca de contenta – pero tal cual, palabrita – cuando este libro cayó en mis manos, me costó lo mío empezarlo. Pues oídme (leedme), Elísabet Benavent lo ha bordado con este libro. Una maravilla. Una jodida maravilla.

 Vamos a complicar las cosas. Vamos a poner a tres personas, que no hacen ni una buena, delante de ideas dementes. Sí, ¿por qué no? Vamos a hacernos un tatuaje, sólo porque somos unas amigas de la hostia. Vamos a preparar un trío a nuestro marido, a ver si eso nos reanima. Vamos a saludar a una amiga… y vamos a ver de cara a nuestro ex, sentado delante de ella.

 ¿No os convenzo? ¿Aún hay gente reticente? ¿Y si nos reímos? ¿Y si nos reímos mucho y muy fuerte? Mirad, yo tuve unas semanas de mierda. De puta mierda. Semanas asquerosas que avanzaban muy despacio y que, joder, sólo pensaba en que acabara mayo. Pero con este libro me olvidé de todo. De absolutamente todo. Mi única preocupación, mientras tuve Fuimos canciones entre las manos, era saber qué locura iba a hacer Jimena – os lo juro: esta chica a mí me tenía muy preocupada -, ver cómo iba a contactar Adriana con una chica para proponerle un trío y saber, ¡por Dios, SABER!, qué narices iba a hacer Macarena con su ex pululando por la ciudad que ella considera su casa.

 No, no es un libro moñas. No, no es un libro de “oh, te quiero más que a mi vida y bla-bla-bla”. Esa mierda enlatada tan chachi en la que nos juran la luna y nos dan un mojón, no es Fuimos canciones. Es la historia, sin pretensiones, de tres chicas que quieren ser felices. Porque todo el mundo se lo merece y porque, joder, hay que pelear muy duro para aceptarse a una misma. Si no que se lo digan a nuestras tres chicas.

 ¡Un adelanto y ya me callo! El libro está lleno de canciones. Canciones preciosas, canciones que arrancan carcajadas y canciones que hacen que quieras irte de fiesta a quemar la noche. Porque sí, no todo es ser responsable, vivir acatando las normas y tener ese trabajo, ese informe, ese pedido… listo para el día siguiente. Ser un desastre tendría que ser un derecho. O si no, que se lo digan a Jimena.



 Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler



 Estoy triste. Sí, eso lo resume bien. Acabé el libro llorando, por eso de que tengo un problema de empatía cuando algo me gusta mucho. Vamos, que lloré casi tanto como lloré por Derek, en Anatomía de Grey – y creo que en mi vida había llorado tanto viendo la tele. Sí, me puse muy Drama Queen. La vida –. El caso es que… no me lo puedo creer. Quiero decir, ¿así de mal?, ¿las tres? Really?

 Samuel es un amor. Julia es un amor. Leo es un gilipollas… la mayor parte del tiempo. Me explico y os prometo que voy a ir en orden, para no hacer leña del árbol caído. Samuel. Nuestro fisioterapeuta silencioso. Ay, por favor, yo me he enamorado. ¿Se puede ser más encantador? No sólo tiene la paciencia de un santo con la cruzada casi satánica de Jimena – yo quiero mucho a mis amigas, pero si una me dice que ha pedido hora en un fisio sólo porque lo ha visto haciéndonos un tatuaje y me jura y perjura que es amor… le pido cita con un psicólogo –, es una persona consecuente. Y eso me gusta. Me gusta mucho. Estoy harta de esos personajes – y personas también, qué coño – que se escudan en las excusas. Excusas para todo. Excusas hasta para no limpiarse el culo después de soltar cuatro mojones por el ojete, qué narices. Samuel no. Él habla claro desde el principio. Y Jimena también. No os voy a mentir: me duele mucho lo que hace Jimena. Me duele, porque no entiendo cómo algo tan simple puede suponer un problema. No, no os puedo decir “qué”, sería un spoiler demasiado grande.

 Julia… no se merece lo que le pasa. Veréis, Elísabet Benavent en esta novela toca el tema de la sexualidad – algo que a mí me encanta, porque no todo se basa en si eres heterosexual, bisexual u homosexual –, y lo hace bien. Al menos casi todo, pero de eso hablamos un poquito más tarde, y sólo os lo daré como apunte. A lo que iba. Adriana es lesbiana y no lo sabe. Pensar en ella misma haciéndolo con una mujer hace que tenga muchas ganas de echar un polvo, pero pensar en su marido desnudo la deja poco más que indiferente. El trío le sirve para darse cuenta de que algo pasa, pero no sabe darle nombre. Julia, al principio, tampoco; aunque ella es mucho más valiente y coge el toro por los cuernos. Es muy triste que alguien se escude en un matrimonio que está destinado al fracaso, basado en poco más que el cariño – todo esto por parte de Adriana, qué conste – para sostenerse. Eso sí, lo comprendo. Aceptar la sexualidad que una misma, uno mismo, tiene… cuesta. Cuesta mucho. Y hay montones de fases por las que pasar antes de poder mirarse y decir: “joder, yo voy a ser feliz y que le den a todo por el culo”.

 La sexualidad. ¿Habéis oído el término “pansexual”? ¿No? Bien, una persona con sexualidad pansexual se puede enamorar de un hombre o una mujer, de forma totalmente indistinta, sin atender a su sexualidad. Con esto me refiero a que puede enamorarse porque le guste como persona. A un personaje le pasa. Y se dice que es “omnisexual o pansexual”. No es lo mismo y os juro que me duele en el alma haber encontrado este fallo. Una persona omnisexual es aquella que puede sentir atracción hacia hombres o mujeres, pero tiene inclinación hacia uno de ambos. ¿Todo claro? Sigamos.

 Me dejo el plato fuerte para el final. Leo es un gilipollas. Leo no es un gilipollas. Macarena es una cabrona. Macarena no es una cabrona. Pensad en esto: hay dos personas, dos personas muy fuertes y muy cabezotas que se encuentran de pequeñas y se enamoran. Locamente. Con tantas ganas que arrasan con todo. Se quieren cuando son adolescentes y todo se vive con tanta intensidad que hasta duele. Se quieren cuando son algo más mayores y están aprendiendo a tocarse, a saber qué les gusta y qué no. Se quieren cuando empiezan a sentar la cabeza… y como son dos personas que corren sin descanso en la misma dirección, se cansan. Se cansan, porque todo duele, porque todo quema y todo parece salta por los aires. El amor dura menos que la ira, los celos, los remordimientos y la suspicacia. Entonces uno se va. Y la otra se convierte en la mártir.

 Ni Leo es un cabrón ni Macarena una cabrona. Son dos personas dolidas, que quieren hacerse daño porque no han sobrevivido a lo suyo. Son dos personas que se buscan en otros rostros, deseando, en un silencio velado encontrar a alguien que haga que todo su mundo cambie. Pero es imposible si están en la misma ciudad y se hacen la vida imposible. Ojo, porque me he reído, y mucho, con las putadas que se hacen. Putadas que hicieron que se me abrieran los ojos y llorara de la risa. Pero todo tiene un final.

 Pensad en algo. ¿Alguna vez os habéis acostado con alguien a quién jurasteis no volver a ver nunca? ¿Sí? Pensad en la vergüenza que se pasa después, en las ganas que tienes de largarte. Pensad en lo mucho que te esfuerzas por cerrar los ojos y olvidarte de todo. Pensad en eso. Daos cuenta de que es imposible. “No pienses en un elefante rosa”, nos dice Macarena, y yo no puedo más que darle la razón. No me gusta la hipocresía, lo he dicho (escrito) cientos de veces. Os cuento esto porque Macarena no lo es. Ella quiere acostarse con Leo. Ella quiere no querer hacerlo. Pero no puede. Y a él le pasa lo mismo.

 El perdón. Qué difícil, joder, es eso de perdonar; y qué poco lo hacemos. Me incluyo, ojo, que a mí eso de devolver las putadas me gusta. Me gusta mucho. Aquí les peta en la cara. Y se lo merecen, al menos hasta que te das cuenta de que es injusto que dos personas que se quieren tanto, lo hagan tan mal. No soy tonta, sé que en el segundo libro todo acabará divinamente y tendré que decir cosas como “era previsible” o “no tenía que haber sido así, de haber sido realista”. Pero no estoy aquí para hablar de futuros hipotéticos. ¿Queréis saber qué pienso? Que Julia y Samuel tendrían que mandar a la mismísima mierda a Adriana y a Jimena. Porque son unas cobardes, dos personas que huyen despavoridas por oír un puñado de verdades. Y esto lo digo (escribo) con el corazón en un puño, porque en el fondo quiero que todo acabe bien.

 Me despido por ahora. Lo hago porque, si sigo escribiendo os soltaré tantos spoilers que querréis matarme. Pero os lo pido una última vez: dad una oportunidad a estas tres chicas. Son tres amores.


Con todo, Fuimos canciones es un libro precioso, cargado de palabras dulces, sonrisas y carcajadas. Un libro lleno de canciones, con tres protagonistas que se las pasan muy putas. Tres chicas que luchan con uñas y dientes, incluso contra ellas mismas. De lo mejor que he leído de la autora, y eso ya es decir.

Nota: 5/5


Citas


(…)

Los detalles. En los detalles espera agazapada siempre la verdad.

(…)


(…)

-Todos tenemos derecho a enamorarnos de quién no debemos una vez en la vida – le aclaré –. Y derecho a aprender de ello en silencio.

(…)


(…)

-¡¡Qué emoción!! - Escuchamos decir a Jimena, que se adentraba sin permiso de nadie en el pasillo que llevaba hasta las cabinas.
-Retén a esa loca – me pidió Adriana.
-Retenla tú, que a mí me da ardor – respondí.
-A mí no me hace ni puto caso – se quejó –. Es una tarea para Maca, la mujer que susurraba a las dementes.

(…)


(…)

-Si bebes un poco de agua entre copa y copa se supone que tienes menos resaca.
-Como esta noche Jimena y yo terminemos como un maldito koala y tú sobria, te rajo y te relleno con tampones – amenazó en voz baja Adriana, mientras sonreía como una sádica.

(…)


(…)

-Un paseo en globo.
-¡¡¡Uhhh!!! - Agitó sus manitas –. ¡¡Qué emocionante, joder!! ¿Tienes un valium a mano? Creo que estoy teniendo palpitaciones.
-Eres idiota – me reí.

(…)


(…)

Si alguien piensa que la literatura le es ajena, le diré que alguien escribió ya en un alguna parte la respuesta a alguna de sus preguntas. Preocupación social, Dios, amor y naturaleza humana: he aquí los cuatro temas principales tratados a lo largo de los siglos en los libros. Y de esto hemos venido a hablar: de la reivindicación, de la creencia o el adoctrinamiento, del amor, la pasión, el pecado y el cuerpo… y todos, todos somos literatura.

(…)


(…)

-Te diría que ha sido un placer, Samuel, pero… no sé hasta qué punto no estaría mintiendo.
Las comisuras de los labios de Samuel se arquearon y se desordenó el pelo.
-La primera sesión es normal. Estabas dura como una piedra. Deberías modificar tu postura delante del ordenador.
-Me tragaré un palo a ver si mejoro – contestó ella, mohína.

(…)


(…)

El despertador es una marranada. Un invento diabólico. Y ya está.

(…)


(…)

-¿Sí? ¿Y qué hago? ¿Compro por Amazon una botella de cloroformo y lo arrastro por toda Chueca hasta sentarlo en algun garito que me guste? ¡Por Dios! ¡Qué mide como tres metros! […]

(…)


(…)

-¿En serio? Pero ¿cuándo perdiste la fe en la humanidad, Jimena?
-Cuando pillé a mis padres jodiendo. Nadie se recupera de eso.

(…)


(…)

-Anoche estaba tan cabreada que pensé en pagar a alguien para que…
-¿Para que lo matara? ¡¡Macarena, por Dios!! – gritó Jimena.
-¡No! Que lo matara no, joder. Un par de piernas rotas hubiera bastado.

(…)


(…)

Dicen que en las bromas, burlas y enfados, hay más verdad que en las confesiones.

(…)


(…)

-Entonces… ¿es tu novio? – preguntó Leo, que sabía perfectamente la alergia que un tío (como él) puede sufrir ante la respuesta.
-Es mi amigo de polvos mágicos – respondí a media voz.
Coque me miró sorprendido.
-La Cuqui se ha tragado un camionero hoy – carraspeó –. Somos amigos. Íntimos.
-Ah, amigos íntimos. Qué bien que hayas superado tu obsesión por el compromiso. Me alegro mucho por ti.
Me vi a mí misma levantándome, cogiendo la botella de vino de la cubitera por el cuello, estampándola contra la mesa y clavándole el casco resultante en el corazón.
-Tuve un novio de mierda que me quitó las ganas de seguir buscando nada que me atara. Es mejor volar libre. ¿No era eso lo que decías tú?

(…)


(…)

Si hubiera sabido dónde vivía, le hubiera prendido fuego a una bolsa de caca frente a su puerta antes de llamar al timbre, pero no era una opción, así que tuve que devanarme los sesos. Después de desechar la posibilidad de mandarle una caja de heces (¿sabías qué existe una empresa a la que puedes contratarle ese servicio por Internet?), cedí a un clásico de los nuevos tiempos: hater digital.
[…]
<<Se rellena los calzoncillos con calcetines de deporte>>, <<Me pegó ladillas>>, <<Conozco a este tipo…, le mola que le hagan caca en el pecho>>.

(…)


(…)

Miércoles. Los lunes son muy putos, permíteme decírtelo, por si no has notado, pero los miércoles están infravalorados. Ríete de los lunes si tienes que enfrentarte a un miércoles peleón. Los malos miércoles son amigos de los despertadores, de la comida calentada dentro de un tupper de plástico al que es imposible quitarle del todo las manchas de tomate frito. Se llevan bien con la migraña, los sobacos malolientes en el metro y con las canciones como <<Tractor amarillo>>. Los miércoles insípidos, sin plan después del trabajo, sin nada que ver en la tele, sin amigos en casa, sin mancebo… no son buenos. Son el mal. Y si has mandado a tomar por el culo a tu amante, del que es posible (solo posible) que empezaras a estar un poco enamorada…, peor.

(…)


(…)

Con una familia se nace y otra se hace. Pero mamá es mamá y a veces es lo único que necesitas. La palabra de mamá, la dureza de su sinceridad y la calidez de su mimo. Eso me hacía falta.

(…)