22/7/17

RESEÑA #87: LA DOMA


RESEÑA #87: LA DOMA

¡Hola, hola, hola!

 Con julio a punto de terminar, creo que es un buen momento para preguntar qué tal está siendo vuestro verano. El mío terriblemente tranquilo. De hecho, puedo decir que me estoy poniendo al día con la lectura, ¡y qué contenta estoy por eso! Pero ya me callo, que hoy os traigo algo que a mí me ha encantado.

 ¡Dentro reseña!

Ficha técnica


Título: (Amos y Mazmorras 1) La doma
Autora: Lena Valenti
Editorial: DEBOLSILLO
Número de páginas: 352
ISBN: 9788490327166
Precio: 6,95€

Sinopsis

En el mundo de los Dragones y las mazmorras nada es lo que parece. Y Cleo está a punto de descubrirlo. En el mundo de Dragones y mazmorras nada es lo que parece ser. Y Cleo está a punto de descubrirlo. Cleo siempre quiso ser agente especial del FBI como su hermana Leslie, pero, cuando la declararon no apta para el puesto, tuvo que conformarse con seguir patrullando las calles de Nueva Orleans. Ahora, Leslie ha desaparecido y el FBI le ha pedido que colabore en la misión de rescate. Ella ha aceptado sin pensarlo dos veces... y no sabe dónde se ha metido. Su hermana mayor estaba investigando una red de trata de blancas y tráfico de drogas de diseño, y había logrado infiltrarse en un juego de rol llamado Dragones y mazmorras DS. Cleo tiene que hacerse pasar por ella y convertirse en una sumisa. Muy amablemente, el FBI ha puesto a su disposición a un atractivo y arisco «profesor» para que la instruya en el oscuro arte del BDSM: Lion Romano, el hombre por el cual está coladita desde siempre. En una carrera contrarreloj, ambos se sumergirán en una aventura llena de peligro, amor, sensualidad, crudeza y crueldad en la que las fustas y los látigos marcarán la realidad y el día a día. Los juegos están servidos: los dragones salen de sus mazmorras. ¿Estáis preparados?

Mi opinión

  Un tema polémico, ¿sí? El sadomasoquismo es, al menos a mi juicio, algo tremendamente delicado. Algo que puede considerarse un modo de vida, al menos según se nos cuenta en esta historia; y es que tras el atrevido título Amos y mazmorras, se esconde mucho más que un puñado de azotes y sexo desmedido.
 El verano pasado quise leer este libro, pero estaba saturada del género erótico. Saturada,  porque empecé a considerar que todas las historias eran iguales. Amores desgarradores, de esos que rompen, arrancan suspiros y lágrimas. Amores ficticios, si se me permite la licencia, pero amores al fin y al cabo. Tal vez porque echaba de menos esas historias tan bonitas, o porque sentía verdadera curiosidad por las prácticas que en la novela se explican, decidí darle una oportunidad.
 Lena Valenti tiene un don. Sí, como lo leéis. Esta mujer se planta delante de la pantalla de su ordenador y fabrica verdaderas joyas. ¿Quién me iba a decir a mí que iba a tardar poco más de tres días en leer un libro como este? Pensaba que iba a enfadarme, que iba a ponerme catatónica leyendo las salvajadas que, en efecto, llegan a contarse. Para nada. Una mujer elegante en su prosa, Lena Valenti.
 Cleo Connelly es una agente de la policía de Nueva Orleans. Tras un intento frustrado de entrar en el FBI, decide seguir con su vida. Un ascenso, facilitado tras la detención de un maltratador repulsivo, Billy Bob, le vale los elogios de sus compañeros. Ahora bien, nuestra protagonista necesita algo más fuerte, emociones más intensas. No quiere pasarse la vida buscando al perro de una de las mujeres que la conocen desde que era una cría, no quiere poner multas, no quiere limitarse a correr tras camellos del tres al cuarto.
 ¿Y qué motiva entonces las ambiciones de nuestra Cleo? Su hermana, Leslie, es una de las agentes mejor preparadas del FBI. Ella, junto con Lion Romano – viejo amigo de la infancia que, ¡cosas de la vida!, no hacía más que amargar la existencia a la pobre Cleo –, están en una misión de suma importancia. Misión que, al parecer, no va tan bien como quieren hacer ver.
 Me ha sorprendido sobremanera lo que he encontrado entre las páginas de este libro. No se trata de un análisis para alimentar a lo morboso de nuestra imaginación. Es una novela elegante, una historia llena de claroscuros que cautiva, y mucho.
 Decía que la misión no iba tan bien como parecía y es que una noche, Cleo le abre la puerta de su casa a un jefazo del FBI. Hombre que dice traer noticias sobre Leslie, más serio que si acabara de ver a un fantasma. Malas noticias, pensaréis. Efectivamente. La buena de Leslie, la hermana mayor más bien sosa, demasiado recta; ha desaparecido. Infiltrada en una misión de trata de blancas que se lleva a cabo a través de los intrincados mundos del BDSM – Bondage, dominación y sadomasoquismo –, ahora llamado DS; ha perdido a su compañero, Clint. Han empezado a aparecer mujeres muertas, con una sobredosis de Popper – afrodisíaco que en grandes ingestas puede producir daños cerebrales o, en casos extremos, la muerte – y era competencia de Leslie, junto con otros agentes, dilucidar qué hay tras la organización Los hombre lagarto.
 La noticia hace que Cleo se sienta realmente aterrorizada. ¿Cómo va a poder asumir que Leslie, su Leslie, ha desaparecido? ¿Cómo han asesinado a Clint? Y, lo que es más importante, ¿qué diablos es eso de que su hermana estaba infiltrada como sumisa y el pobre Clint como su amo?
 Una oportunidad. Salvar a Leslie de los malos, unos tales Villanos, a través de un torneo. Un problema. Ella no sabe de qué va la sumisión. Un imprevisto. Necesita un amo y, lamentablemente, va a ser ese niño cabroncete de su infancia, Lion Romano, quien ejerza ese papel.

 Y, ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler

 Antes de que empecéis a hacer elucubraciones que no vienen al caso, no, no estoy para nada a favor de las prácticas sadomasoquistas. Una cuestión de opinión, por supuesto, porque respeto profundamente a la gente lo suficientemente valiente como para llevar a cabo tales actividades sexuales. Supongo que yo soy, a juicio de Lion Romano, una aburrida vainilla. ¿Y por qué digo esto? No es porque quiera haceros un reportaje de mi vida, eso nunca; sino porque, contra todo lo que podáis pensar, Lena Valenti nos muestra la cara amable de la sumisión. La que habla de respeto, honestidad, confianza y, sobre todo, placer.
 Cleo lleva muy mal saber que va a ser la sumisa – contra su voluntad – de Lion. Él fue una persona horrible en el pasado, un niño que no la soportaba y no hacía más que hacerle la puñeta. Al parecer, la pobre no ha escuchado nunca esa cancioncilla de críos que dice “los que se pelean se desean”; porque salta a la legua, desde el minuto cero que, como poco, Lion quiere llevársela a la cama. Está de suerte, es parte de la misión hacerlo. Bromas aparte, creo que el agente Romano es un hombre, cuanto menos, curioso. Valiente y cobarde, pura visceralidad.
 Con una pericia y tiento envidiables, Lion Romano introduce a Cleo en los artes de la dominación y la sumisión. Qué se siente al contener un orgasmo, al recibir un latigazo, al llevar pinzas para pezones, bragas vibratorias o vibradores anales. Un estudio detallado de cómo estimular el cuerpo de una mujer – en este caso –, además de un verdadero manual de cómo funciona la sumisión. Amos y amas, sumisos y sumisas. Juegos de rol. Por el amor de todos los dioses, ¡al principio se me abrían muchísimo los ojos! Amos del calabozo, amos unicornio, oráculos, monos voladores… Toda una serie de personajes que, al parecer, son clasicazos de “Dragones y mazmorras” – juego al que, por cierto, no he tenido el honor de jugar en toda mi vida.
 Agradecí profundamente que el libro no girara sólo entorno a la formación de Cleo como nueva sumisa. Quiero decir, sentía curiosidad, ¡claro que sí!, pero de vez en cuando agradecía los respiros que Romano le brindaba. Me gustó ver cómo se manejaban en situaciones tan cómicas como la que nos presentan los padres de ambos o la adorable señora francesa de la tienda de vestidos; pero me gustó más aún poder disfrutar de la visceralidad de ambos. Me pasé la lectura diciendo que tenían problemas de comunicación. Lo mantengo. Veréis, yo soy una persona atrozmente franca, una de esas que abren la boca, sueltan lo que piensan y sigue tan campante. Tal vez por eso me molestó tanto que ni Lion ni Cleo tuvieran el aplomo suficiente como para decir lo que de verdad sentían. Voy a detenerme en este punto. ¿Qué gana cualquier persona, exactamente, enmascarando la verdad? No digo que todo el mundo tenga que ir por la calle haciendo sentencias, ¡ni mucho menos!, pero si quieres a alguien y lo/la quieres de verdad… ¡Joder, dilo y punto! ¿Qué miedo hay? ¿El rechazo? Quién no arriesga, no gana, ¡maldita sea!
 Dejando mis cavilaciones de lado, el elenco de personajes es exquisito. Desde el misterioso Prince hasta la terrorífica Reina de las Arañas. Un diez, sí señor. Respecto a los dos que nombro, tengo mis teorías; aunque, claro, no quiero hacer ningún spoiler. Lo que sí diré es que Lion me puso histérica. Histérica de verdad. Ese hombre es celoso hasta la extenuación pero, ¡ojo!, no hace más que ofrecer excusas. Lo hace por la misión, dice; no tiene nada que ver con ella, se recrimina a sí mismo; pero tienes las santas narices de acostarse con ella, recordar  cada maldito segundo y… ¡Sorpresa! Decirle que ha tenido que ser terriblemente aburrido hacerlo al estilo vainilla para que no recuerde nada y se quedara dormido. ¡Cretino mentiroso!
 Magnus, para mí, pasó sin pena ni gloria. Un hombre guapo que no consigue lo que quiere. Ahora bien, me molestó un poco la actitud de Lion hacia él. Romperé una lanza a favor de nuestro nuevo amo, y es que, cuando por fin entiende que entre Magnus y Cleo no hay absolutamente nada, se limita a dejar que ella siga creyendo que vive en la más absoluta de las ignorancias.
 El final es de infarto. No me esperaba que interviniera quien, en efecto, lo hizo. El resto, por suerte o por desgracia, sí que lo suponía. Os daré una pequeña pista, por si alguien tiene pensado leer o está leyendo el libro. La Reina de las Arañas tiene un poder clave en la historia, uno que hará que la segunda entrega sea posible. Y Cleo luchará con uñas y dientes por esa oportunidad, por ganarse el favor de esa mujer que, a juicio de nuestra protagonista, tiene mucho que ver con la desaparición de Leslie.

Con todo, La doma es un libro cargado de humor, erotismo y elegancia. Con una prosa cuidad, nuestra querida Lena Valenti nos pasea por la cara amable del BDSM, enseñándonos todo aquello que hará de Cleo una pieza clave para la misión. No sé a qué esperáis para leerlo.

Nota: 4,5/5

Citas

(…)
-No lo haré, la Virgen de los azotes me libre – musitó entre dientes.
(…)

(…)
-¿Te canto una nana también, señor? <<Duérmete niño, duérmete ya, que viene Cleo y te la cortará>>.
(…)

(…)
 Todo pasaría. Pasaría, porque el tiempo curaba las heridas.
(…)

(…)
 El silencio podía decir muchas cosas: hablaba de disculpas y lo sientos; hablaba de lamentos y de dolor; hablaba de amor y de corazones rotos; de miedo a aceptar quién uno es en realidad y de miedo a que no te acepten.

(…)

15/7/17

Reflexiones de una lectora 4: Seamos feministas

Reflexiones de una lectora
4

¡Hola, hola, hola!

 Esta vez quiero hablar de algo serio. Hace poco me sumé a una iniciativa – podéis verlo en el lateral derecho del blog –, la Iniciativa Bloggers Feministas (IBF), propuesta por Hydre Lana, del blog El blog de Hydre Lana. Un amor de chica, si queréis mi opinión. No dudéis en pasaros por allí, porque de verdad vale la pena. ¡Id corriendo a echar un vistazo a su propuesta!

 ¿Y cómo quiero intentar concienciar yo, además de con lo que ya propone la buena de Hydre Lana? Con una pequeña reflexión, sí, sí. ¡Vamos a ello!


Seamos feministas


Volví la mirada por las risas, y seguí mirando por las chicas.
Las chicas, Emma Cline

 Chicas, chicas y más chicas. Chicas que sufren, chicas que se ríen, chicas que lloran y otras que se enfadan. Pero siempre chicas. Supongo que sobra decir que, como chica que soy, doy mil millones de gracias al cielo por todo lo que hemos avanzado. Por el hecho de que no dependamos ya de los hombres para ir a hacer algo tan banal como tomar una cerveza después de un día de mierda, para ir a comprar, para salir… La cosa va de derechos y, aunque aún queda camino por recorrer, vamos paso a paso hacia la igualdad. Preciosa palabra, esa de igualdad.
 ¿Y por qué os cuento esto? Siempre digo que, después de 2017 años de historia, es harto patético que persistan algunos tópicos. Tópicos dañinos que, desgraciadamente, nos afectan directamente como lectoras, y como lectores, por supuesto. ¿Qué tópicos? A ver si os suenan mis ejemplos:
 Caso 1. Chica desamparada en mitad de la lluvia con una rueda pinchada y, sorpresa, sorpresa, viene un pene en su rescate. Sí, un pene. Decidme, ¿es qué por tener vagina no sabemos usar un condenado gato? ¿No somos capaces de cargar con una rueda? Porque si es así hacédselo saber a mis profesores de artes marciales, a ver si así nos ahorráis a mis compañeras y a mí las pesas. Chica en apuros. Chica que necesita a un chico. ¡Y una mierda!
 Caso 2. Chica a la que acosa un chico. Un desgraciado mirón y baboso que es capaz de forzarla a lo que sea, pero ojo, que aparece nuevamente un pene vengador y… ¡Sorpresa, sorpresa, sorpresa! ¡Todos salvados!
 Caso 3. Es muy tarde y una chica tiene que volver sola a casa, algo impensable para el pene con el que se ha estado acostando. Y es que, al parecer, los penes son salvavidas. Sí, sí, como os lo cuento. ¿Sabéis esas frases de ancianas, esas que vienen a decirnos que “tu hermano sale hasta tarde porque él es un chico”? A lo que yo contestaría: “y tú yo somos chicas, ¿se puede saber de parte de quién coño estás?”.
 Casos y más casos. Pensad en el que queráis. Chico que libra a la chica de una situación difícil, chico que mantiene económicamente a la chica, chico que somete a la chica a golpe de palabra… Chicas, chicas, chicas. Chicos, chicos, chicos. ¡Busquemos las similitudes, que las diferencias son evidentes! Todas, todos, somos personas. Ellos y nosotras. Nosotras y ellos.
 Hablaba hace poco con unas amigas sobre estas cosas. Hablaba de la literatura que, desgraciadamente, transmite valores erróneos. Y lo más patético del tema es que buena parte de esa “literatura” la escriben mujeres. Mujeres que, al parecer, no valoran todo lo que otras mujeres han tenido que sufrir para que a día de hoy estemos donde estamos.
 Rompamos con eso. Mandemos al maldito infierno toda esa ristra de tópicos enfermizos, de clichés opresivos que nos devuelven al asqueroso patriarcado. Demos una patada en el culo a todas esas palabras hirientes, a todos esos sucios comentarios que nos hagan sentir inferiores. Ni lecciones de cómo vestirse, ni sanciones o castigos por no tener sólo amigas, ni miradas asesinas porque alguien esté “tirándole los trastos, la caña o lo que os dé la gana” a la chica de “x”. No hay chicas de nadie, al igual que no hay chicos de nadie. Somos todos iguales. Todos y cada uno de nosotros, todas y cada una nosotras.

 Rompamos con eso, decía. Desde abajo. Empecemos una revolución, una en la que podamos denunciar todo aquello que es injusto, en la que nadie se sienta oprimida u oprimido bajo la fuerza, física o verbal, de nadie. Luchemos. Con uñas y dientes. Luchemos hasta que consigamos que todas las nuevas lectoras defiendan las relaciones sanas, las que no hablen de qué ropa ponerse, de cómo sonreír, de cómo maquillarse… una literatura que no implique etiquetas como “puta” o “calienta-pollas” para las chicas que tengan vidas sexuales activas, una que no hable de chicos con pasados de mierda que pretendan justificar reacciones abusivas. Hablémosles de relaciones sanas, de hombres que respeten, de mujeres que se hagan respetar. Hablémosles de personas. Seamos, todas y todos, todos y todas; feministas.